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MISTICA
CRISTIANA
Este
texto es
una introducción a los escritos y experiencias de la
mística española Santa Teresa de Ávila.
En el Zohar se conocen como los siete Recintos Celestiales,
que representan los siete estados espirituales del mundo de
Beriah del Corazón. Estas tradiciones describen los
niveles del mundo espiritual de acuerdo a siete estaciones,
siete recintos o siete moradas. No es sorprendente que cada
tradición describa de la misma forma la experiencia
mística. La primera morada o recinto se relaciona con
la devoción y la búsqueda del alma; la segunda
se relaciona con el proceso de purificación; la tercera
es la prueba de sinceridad hacia Dios; la cuarta es el principio
de la presencia viviente del Espíritu Santo dentro
del alma; la quinta es la morada de la Santidad; la sexta
es la morada de la Santificación; la séptima,
la morada de la Unificación.
Ella mantuvo viva la tradición mística Cristiana
dentro de la iglesia durante una época en la historia
particularmente peligrosa y engañosa. Era el siglo
dieciséis, la expulsión de los judíos
de España acababa de suceder y por toda Europa se iniciaban
movimientos de Reforma. Era muy riesgoso el escribir acerca
de las experiencias espirituales, pero ella era uno de los
pocos místicos Cristianos que se atrevieron. Se comunica
con nosotros en el aquí y el ahora como una maestra
viva que, junto con otros sabios, nos enseña específicamente
esferas espirituales. Durante su vida se le conoció
como la Santa Madre Teresa y sigue transmitiendo esa presencia.
Ella enfatiza la necesidad fundamental de la experiencia directa
para poder entender los mundos Espirituales y Divinos.
Teresa
era de descendencia judía. Su abuelo fue un converso
de Toledo que fue llevado ante la Inquisición y juzgado
por apostasía en 1485, justo antes de la expulsión.
Teresa nació en 1515 y su educación fue lo normal
para una mujer de su clase. Estudió en un convento
y fue llamada a la vida religiosa desde temprana edad, ingresando
en un convento Carmelita a los 21 años. Pasó
toda su vida en Ávila, aunque viajó extensamente
fundando varios conventos por toda España. Murió
en 1582 y fue canonizada 40 años después.
Teresa
sintió que parte de su destino era reformar la Orden
Carmelita. Para el siglo dieciséis muchas de las órdenes
religiosas, incluyendo a la Carmelita, estaban en decadencia
espiritual. A menudo existía más preocupación
por las formas y apariencias religiosas que por la enseñanza
profunda o experiencia espiritual directa. En este ambiente,
trató de mantener vivas las enseñanzas esotéricas
de la Cristiandad. A los 46 años, inició sus
reformas fundando la Orden de las Carmelitas Descalzas. Esto
implicó grandes dificultades. Le demandaba mucha fe
y una profunda confianza en la Guía Divina. Ella recibió
mucho apoyo de otro gran místico Cristiano: San Juan
de la Cruz.
El
trabajo místico más importante de Teresa, la
obra maestra que escribió al final de su vida, se conoce
como "El Castillo Interior", que simboliza nuestra
alma. Lo describe como un castillo hecho de cristal o de un
hermoso diamante en el que hay siete moradas, cada una con
varias cámaras. Su libro es un relato profundo de un
viaje místico del alma a través de los siete
niveles del mundo espiritual, avanzando desde la primera hasta
la séptima morada o estado de unión espiritual.
LAS
MORADAS REVELADAS
Teresa
describe cada una de las moradas como si estuvieran una dentro
de otra, como un árbol con varias capas de corteza,
donde las capas exteriores fueron removidas una por una para
poder penetrar en el corazón del árbol.
DEVOCIÓN
En
la primera Morada de la Devoción enfatiza la importancia
del auto-conocimiento y la humildad, como el inicio del camino
espiritual. El auto-conocimiento de nosotros mismos en el
nivel físico, emocional e intelectual. Esto es el fundamento
psicológico esencial para poder abrir el camino del
Espíritu de una manera segura. El alma empieza a cambiar
y se abre al terreno espiritual a través de la práctica
de la devoción, la oración, la reflexión,
el estudio y el despertar del amor. Es el despertar del corazón.
El anhelo de lo Otro, el anhelo de Dios. Ella también
habla de las enormes dificultades y obstáculos que
tuvo inicialmente al dar la vuelta y empezar el viaje interno
hacia Beriah, lejos de las apariencias y los sentidos físicos,
así como de las identificaciones y fijaciones del ego.
Este es el lugar del despertar a otros niveles y posibilidades
de la Existencia y de empezar a recordar de dónde venimos,
a dónde vamos y dónde empezamos a tomar el camino
hacia el mundo del Espíritu y el mundo de la Luz.
En
esta morada Teresa subraya la importancia crucial de la humildad,
que funciona como antídoto contra la soberbia, el orgullo
espiritual o la inflación del ego que pudieran desarrollarse.
También dice que en las etapas iniciales es absolutamente
vital el estar cerca, tanto de los mentores espirituales,
no importa quienes sean, como de la Tradición porque
en este momento el alma todavía está lejos de
la Luz, de la experiencia directa y del contacto con Dios.
Durante este tiempo, en estas moradas internas, el alma aún
no es tan fuerte como para defenderse por sí misma.
PURIFICACIÓN
La
segunda morada es la de la Purificación. Es el lugar
de Daat, la no-sefira del conocimiento en la psique y la ventana
hacia otra dimensión. Comúnmente es experimentada
como la noche oscura del alma o la purificación. Este
puede ser un lugar muy doloroso, un lugar para purgar y limpiar.
Es aquí donde el alma empieza a tener experiencia directa
con los mundos superiores. El alma no puede viajar más
allá hasta que se vuelva más ligera y deje atrás
el equipaje innecesario. Es el comienzo de pruebas y juicios
más agudos, pues el alma es examinada acerca de sus
intenciones y motivaciones más profundas. Teresa dice
que hay menos riesgo en la segunda morada que en la primera
porque el alma tiene mayor entendimiento de lo que está
pasando, sabe a dónde se dirige y, más importante
aún, mientras el alma avanza hacia el área de
luz, la Luz se acerca al alma. Mientras más cerca esté
el alma de lo Divino, más la llama y la atrae hacia
El.
La
esencia de la segunda morada es la transformación de
la sombra. Esa parte de nosotros, personal o colectiva, que
es inconsciente y que está en la oscuridad. Ella dice
que, paradójicamente, se puede experimentar más
resistencia al viaje en este momento, en el que el alma es
examinada más profunda y seriamente. Aquí resaltan
los espejismos y las alucinaciones. Los conflictos internos
que emergen son desplazados mediante la oración y los
valores morales; y tanto el conocimiento como el ser del amor
ayudan al alma durante estos momentos difíciles.
SINCERIDAD
La
morada de la Sinceridad es aquella en la que el alma empieza
a penetrar terrenos espirituales más profundos. Las
pruebas y los juicios se vuelven más sutiles, más
internos, lejos de las apariencias externas. Es la prueba
de la sinceridad del alma, de lo que ella busca y desea realmente.
Teresa habla de la creciente necesidad de discernimiento espiritual,
puesto que es imposible juzgar desde las apariencias externas
lo que está sucediendo más adentro del alma.
De la tercera morada ella dice: "Puede ser que todos
lo deseemos, pero para que el Señor tome completa posesión
del alma, se necesita más que eso..."
TRANSFORMACIÓN
La
cuarta morada es el lugar donde los mundos naturales y trascendentales
se interpenetran. Es la corona del mundo psicológico
de Yezirah, el Tiferet del mundo espiritual de Beriah y el
Malkut del mundo divino de Azilut. En la morada de la Transformación,
el alma comienza a estar en contacto directo con el resplandor
de la Luz Divina. Algo empieza a verse fundamentalmente distinto
en esta morada. El alma está empezando a dejar los
mundos físicos y psicológicos y el sentimiento
del "Yo" comienza a sentirse muy pequeño
dentro de un universo más vasto. Teresa dice que éste
es el lugar donde el viaje requiere mucho menos esfuerzo.
Cada vez el alma se rinde más y más. Tales estados
de consciencia se dan a través de la bendición
y la gracia de los mundos superiores.
Las
facultades racionales, dice Teresa, deben ir disminuyendo,
y la capacidad de amar y ser amado van en aumento. No es sólo
un amor personal, sino otro nivel de amor que desarrolla y
transforma nuestra vida interior. Es el amor a Dios, amor
por el Universo, por lo Absoluto, el que está tomando
más fuerza e intensidad. Es el principio de la experiencia
directa, de la inmersión dentro de la fuente espiritual
del Ser. Teresa habla de un creciente sentido de profunda
felicidad, de un éxtasis intenso, de un gran amor que
es muy difícil describir. Este sentimiento puede llegar
a asumir el control en momentos de gran intensidad, y el cuerpo
siente esa intensificación del Espíritu. Desde
el punto de vista psicológico, las experiencias del
Espíritu parecen paradójicas y milagrosas. Por
lo tanto, nos advierte lo que está sucediendo en el
centro del alma. El centro de gravedad del alma está
cambiando, se está transformando y se ubica más
en lo universal. Teresa subraya la importancia de no forzar
ni manipular. Esto sucede fácilmente cuando el alma
está lista y se ha realizado suficiente trabajo preparatorio
en las moradas anteriores.
El
Espíritu Santo empieza a disolverse y a fundirse en
el centro del alma, sucediendo esto fuera del tiempo y espacio
ordinarios. Para los que han tenido estas experiencias es
común percibir que ellas operan bajo otro tipo de leyes,
es decir las leyes del mundo espiritual. Es como si el alma
fuera absorbida por otro nivel de ser y de conocimiento. A
veces es difícil para el alma entenderlo hasta que
adquiere la suficiente experiencia y orientación espiritual
para comprender la otra dimensión.
SANTIDAD
La
quinta morada es la Morada de la Santidad. Los escritos de
Teresa sobre la quinta y sexta moradas constituyen casi la
mitad de "El Castillo Interior", remarcando la importancia
de éstas. El alma empieza a experimentar un estado
más profundo de transformación interna, que
ella llama, "la muerte deliciosa que arrebata al alma
de todas las actividades que puede realizar mientras está
en el cuerpo". Esa fue la experiencia personal de Teresa:
contener la intensidad de su vida espiritual y mantener la
salud física. Ella dice que es muy difícil tener
una perspectiva, ya que el alma está más en
lo Otro, en la dimensión espiritual, y que en ese momento
es imposible tener una perspectiva psicológica racional.
También describe la increíble profundidad del
asombro, la alegría y el éxtasis de estos estados
así como el desconcierto acerca de lo que está
sucediendo. Es muy difícil poder comunicar estas experiencias.
Es como si se estuviera al borde del mundo Divino. El sentido
del ser se vuelve muy pequeño, como si fuera casi inexistente
y se estuviera fundiendo en otra dimensión
.
En esta morada está la promesa de matrimonio entre
el alma y el Espíritu Santo. Es la imagen del compromiso
terrenal. El Espíritu otorga la gracia como símbolo
del compromiso inminente entre el Amado y el alma. El alma
no puede comprenderlo. Es inexplicable. Es un misterio y una
paradoja para las facultades racionales. Constantemente Teresa,
hace advertencias durante esta morada, enfatizando cómo
el alma tiene que estar cada vez más alerta, cuidadosa
y atenta mientras las fuerzas de oposición también
van tomando más poder.
SANTIFICACIÓN
La
sexta es la morada de la Santificación. Teresa escribió
60 páginas sobre esta morada y el texto es muy intenso.
Habla de las pruebas experimentadas por el alma, donde los
obstáculos internos y oposiciones se vuelven más
y más sutiles. Habla pasional y extensamente del Amor
Divino entre Dios y el alma, y de la necesidad que tiene ésta
de renunciar a este gran Amor que siente El Sagrado por su
Novia. Muchos místicos hablan de estar abatidos, atravesados
del corazón. Otros hablan de estar ardiendo con un
fuego divino que no puede ser saciado, un fuego que arde y
arde através del ser, como flechas de luz penetrando
el núcleo del corazón.
Teresa
discrimina entre la experiencia mística verdadera y
la falsa. Dice que si es una experiencia verdadera --contacto
verdadero con lo Divino-- lleva el peso de la verdad, de la
autoridad y del poder sobre el tiempo. Si no es una experiencia
real, tiende a decaer porque la permanencia es algo que no
pueden dar la imaginación ni la psique. Otro aspecto
de ello es que la experiencia no puede ser olvidada. Algo
se quemó en el alma; esa ha sido ciertamente mi propia
experiencia. No se puede provocar ni se puede manipular. Aún
después de diez o veinte años, puede ser tan
real como en el momento en que sucedió. Dicho contacto
nos proporciona una gran alegría y el éxtasis.
Las experiencias psicológicas no pueden causar la profundidad
de asombro y felicidad que otorga el contacto con el espíritu.
Teresa subraya la importancia de mantener diariamente un ritmo
regular. El cuerpo, mente y ego tienen que tener el orden
y la continuidad de la vida ordinaria, para poder aguantar
estados tan profundos de consciencia.
UNIFICACIÓN
La
séptima es la Morada de la Unificación y es
diferente a las moradas anteriores. Es la unión directa;
el matrimonio del alma con el reino de la Luz Divina. Es un
conocimiento directo del Mundo Divino de la Emanación.
Es estar en la presencia de esa Luz y ser completamente bañado
por Ella. El alma escucha y percibe directamente. Se compenetra
de los misterios del Mundo Divino. El alma comienza a saber,
a sentir y a Ser cada vez más en ese mundo.
Teresa
describe la séptima morada como un lugar donde hay
una unión secreta en lo más profundo del alma,
que debe ser el lugar donde Dios mismo vive...al matrimonio
espiritual lo compara con agua cayendo del cielo hacia una
fuente o río donde se unen todas las aguas, y sería
imposible dividirlas o separar el agua del río de la
que ha caído de los cielos.
Esta
es la morada de la unión mística. No hay separación
entre la Luz que emana del Mundo Divino y del núcleo
de nuestro ser. Están fusionados en Uno. La unión
no tiene nada que ver con el mundo de los sentidos. Tiene
lugar adentro de nuestro corazón. En las otras moradas
todavía puede haber dificultades, conflictos y dolor,
pero aquí la unión se da en el centro del alma.
Todo se da sin esfuerzo y ocurre en el Silencio. El matrimonio
es consumado con el Beso que la Novia pide.
Concluye
con la pregunta: ¿Para qué es todo? ¿Cuál
es el propósito? Su respuesta es: Es para servir al
Sagrado de la mejor manera en que cada alma sea capaz. No
es nada más para el deleite del alma. Y sus sabias
palabras finales fueron: "No construyas torres sin fundamentos,
pues el Señor no toma en cuenta la grandeza de nuestros
hechos sino el Amor con el que fueron realizados; y cuando
hacemos lo que podemos, su Majestad hará posible que
hagamos más y más. Puedes entrar en este castillo
interior cuando quieras y en donde te encuentres, es completamente
independiente de las facultades de la razón, sentidos
o cualquier cosa del mundo material. Aunque he descrito siete
moradas, en cada una de ellas hay muchas más, abajo,
arriba y a los lados. Todas ellas con fuentes encantadoras,
jardines y cosas deliciosas que desearías usar en alabar
a Dios, quien creó el alma a Su imagen y semejanza."
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