En
su forma más tradicional, la del Tarot de Marsella, el juego
está compuesto de 78 cartas: cincuenta y seis arcanos menores
y veintidós arcanos mayores. A veces se distinguen las dieciséis
figuras de corte de los arcanos menores en número de cuarenta.
Las láminas están vivamente coloreadas, siendo la simbólica
de los colores dominantes del Tarot como sigue:
Ocre rosa, carne, indicando siempre lo que es humano o lo que está
ligado a la humanidad (caras, cuerpos, construcciones).
Azul, color nocturno, pasivo y lunar, es el color del secreto, del sentimiento,
del ánima, de los valores femeninos por excelencia.
Rojo, color macho, de la fuerza interna, de la energía potencial,
de las manifestaciones del ánimus, de la sangre y del Espíritu.
Amarillo, color ambivalente es al mismo tiempo el color de la tierra
y el del sol, el de la riqueza, de la miel, las cosechas, y el de la
luz intelectual en su pureza de oro inalterable.
Los arcanos menores
Comprenden cuatro serie o palos como símbolos de los cuatro elementos
o los cuatro componentes fundamentales de la vida: bastos, copas, espadas
y oros, de catorce cartas cada uno: rey, dama, caballo, sota y diez
cartas numeradas del as al diez (en los juegos de carta franceses el
caballo ha desaparecido, los bastos se han transformado en diamantes,
las copas en corazones, las espadas en picas y los oros en tréboles.
En la baraja española, en cambio, falta la dama entre las figuras
de la corte).
El basto es el "Fuego de la acción, el punto de partida
necesario en toda evolución", pero es también "la
varita mágica, el cetro de dominio viril y el padre".
La copa es el "Agua fecundante del cielo, lo que enlaza lo creado,
con lo divino, la vida psíquica" y también es "la
copa adivinatoria, la receptividad femenina y la madre".
La espada es el "Aire, espíritu que penetra la materia e
informa, formando ese compuesto que será el hombre", así
mismo es "la espada del evocador, el arma que dibuja una cruz y
recuerda así la unión fecunda de los dos principios, macho
y hembra; la espada simboliza además la acción penetrante
como la del Verbo o la del Hijo." Según Carl G. Jung "las
seis picas están ligadas simbólicamente a la penetración
del intelecto y de la muerte."
El oro es la tierra: "Descenso bajo tierra por el que comienza
toda iniciación y que da al hombre el apoyo del mundo en el que
está situado"; o "el disco pentacular, signo de apoyo
de la voluntad, materia condensadora de acción espiritual, síntesis
que conduce de nuevo el ternario a la unidad, Trinidad o Tri-unidad."
Estas láminas cuyo simbolismo podría extenderse largamente,
están estrechamente ligadas a los arcanos mayores. Se encuentran
en el primero de ellos, el Juglar que tiene en sus manos el bastón
que asegurará su poder sobre la tierra del oro y sobre si mismo,
mientras que la copa y la espada (reducida a las proporciones de un
puñal), que simbolizan las dos vías del hombre en la búsqueda
de la Iniciación: por el corazón y por la mente, están
colocadas sobre su mesa.
Los arcanos mayores
Son en verdad senderos iniciáticos, cuyas diferentes etapas han
sido interpretadas de diferentes maneras. Son conocidos como la quintaesencia
del hermetismo, como los altos grados situados por encima de la masa.
Se estudian en detalle bajo el nombre de cada lámina:
El Juglar
La Sacerdotisa
La Emperatriz
El Emperador
El Sumo Sacerdote
El Enamorado
La Carroza
La Justicia
El Ermitaño
La Rueda de la Fortuna
La Fuerza
El Ahorcado
Sin nombre (La Muerte)
La Templanza
El Diablo
La Torre
La Estrella
La Luna
El Sol
El Juicio
El Mundo
El loco (sin número)
Si apartamos a El Loco, que no tiene número, contamos veintiún
arcanos que se reparten, o bien en siete ternarios, o en tres septenarios.
En cada ternario "el primer término es activo por excelencia;
el segundo es intermedio, es decir, activo respecto al siguiente pero
pasivo respecto al precedente, mientras que el tercero es estrictamente
pasivo. El primero corresponde al espíritu, el segundo al alma
y el tercero al cuerpo." De esta manera se agrupan: El Juglar (I),
La Sacerdotisa (II) y La Emperatriz (III); luego El Emperador (IV),
El Sumo Sacerdote (V) y el Enamorado (VI); La Carroza (VII), La Justicia
(VIII) y el Ermitaño (IX), etc. La misma relación espíritu,
alma, cuerpo, vuelve a encontrarse en las relaciones de los tres septenarios:
Del Juglar (I) a la Carroza (VII), los valores del Espíritu;
de La Justicia (VIII) a La Templanza (XIV), los del alma; y de El Diablo
(XV) al Mundo (XXI) los del cuerpo.
Una misma lámina podrá interpretarse como espíritu
y alma o como alma y cuerpo, de acuerdo a su lugar en el conjunto escogido
y según los planos de análisis. Todas las claves de interpretación
muestran aspectos diferentes de una misma lámina; ninguna posee
un sentido absoluto y definitivo. Es siempre un sistema móvil
de relaciones, que exige la mayor flexibilidad de interpretación.
Ej.: La Emperatriz es cuerpo en el primer conjunto ternario y espíritu
en el primer conjunto septenario; las relaciones cambian en el interior
de los conjuntos.
En el interior de cada septenario, "los tres primeros arcanos se
oponen a los tres siguientes y el séptimo se reduce el todo a
la unidad"; lo cual da valor a la significación sintética
de El Carro (VII), de La Templanza XIV) y del Mundo (XXI): dominio de
la voluntad en el mundo del espíritu (VII), del equilibrio en
el alma (XIV) y del movimiento perpetuo en el mundo del cuerpo (XXI).
Relaciones con el Zodíaco y los planetas
Puede relacionarse el agrupamiento ternario con la concepción
astrológica según la cual la rueda del zodíaco
representa, en sus tres posiciones sucesivas, los cuatro elementos:
nacimiento o comienzo de la evolución, culminación, y
caída o involución. Los signos Fuego, Tierra, Aire y Agua,
que nacen con Aries, Tauro, Géminis y Cáncer, culminan
en Leo, Virgo, Libra y Escorpio, y van hacia su caída en Sagitario,
Capricornio, Acuario y Piscis. En el agrupamiento ternario del Tarot
las láminas en que aparecen netamente los símbolos del
zodíaco tienen una posición que corresponde: el Sagitario
de El Enamorado (VI) está en caída, la Balanza de La Justicia
(VIII) en culminación, así cono el León de la Fuerza
(XI), mientras que los Gemelos de El Sol (XIX) están al comienzo
de una evolución.
La interpretación cabalística
Hay tantos arcanos mayores como letras del alfabeto hebreo. Su número
es "exactamente el de las veintidós vías de la Sabiduría,
el de los senderos que unen entre sí a las diez Sephiroth, los
sublimes principios metafísicos de la Cábala judía".
Las mismas Sephiroth se desarrollan en trinidades, en cada una de las
cuales dos extremos están unidos por un término medio
y concuerdan con el sentido simbólico de las láminas:
al Juglar, causa y punto de partida de todas las cosas, corresponde
la Corona sefirótica; a La Sacerdotisa, la Sabiduría;
a La Emperatriz, la Inteligencia; al Emperador, la Grandeza y la Misericordia;
al Sumo Sacerdote, el Rigor, o el Juicio; a los Enamorados, la Belleza;
a la Carroza, la Victoria; a La Justicia, la Gloria; al Ermitaño,
el Fundamento, y a la Rueda de la Fortuna, como representación
del torbellino involutivo, el Reino. Al encontrarse una correspondencia
en todas las láminas se puede desarrollar partiendo de eso toda
una simbólica cabalística del Tarot.