Angeles
y Demonios

Los textos que siguen son el fruto de la investigación
del profesor Abdelmumin Aya en fuentes judías –Talmud,
Zohar, Torá, Midrash- y se constituyen en material
base para seguir Descristianizando el Islam, ya que el pueblo
judío ha sido más agresivo que el musulmán
a la hora de no permitir que se tradujeran tergiversadamente
sus textos a otras lenguas. El musulmán, en general,
no debe tener recelo en usar textos de sabiduría que
no pertenecen a su ámbito cultural, pero mucho menos
cuando no sean textos ajenos al entendimiento semita de las
cosas: el Profeta –la paz sea con él- recomendó
a sus compañeros el estudio del hebreo; y, sin ir más
lejos, Ibn `Arabî –el gran maestro de nuestra
tierra- citaba junto a los hadices del Profeta, textos llegados
por tradición judía acerca de Musa y los otros
profetas reconocidos por el Islam.
Los ángeles están quietos: (en árabe
relacionar con malâ’ika) "Sabed que los ángeles
permanecen en su lugar. Constantemente permanecen en su lugar,
cada uno en su propio peldaño pero nosotros nos movemos,
nos movemos de un peldaño a otro. Porque los ángeles
no están revestidos de carne; no pueden ocultarse mientras
cumplen su servicio, y cualquiera que sea el peldaño
en que se encuentren, siempre están manifiestos. Pero
el hombre en esta tierra está revestido de carne y
puede ocultarse dentro de su cuerpo. Y así, oculto
a las miradas, puede moverse de un peldaño a otro".
"El ascenso y el descenso de los ángeles (a la
tierra)', decía otro tzadik, 'depende de mis obras".
Los
ángeles son mandato de Dios: (en árabe
relacionar con malâ’ika) “Sumergirnos como
lo hacen los ángeles, quienes, cumplidos sus servicios,
se sumergen en la corriente de fuego para no salir a no ser
para cumplir de nuevo sus servicios. Sólo cuando están
cumpliendo sus servicios, cada uno de ellos es lo que debe
ser, es decir: el que puede realizar dicho servicio sin poder
ser sustituido por ningún otro. Sólo mientras
sirven no son corriente de fuego, sino personas”.
La
creación de los ángeles de las relaciones humanas
Cada hombre tiene una proyección de luz en el mundo
de lo no-visto, y cuando dos personas se encuentran en la
tierra, las respectivas luces se funden en el mundo intermedio,
y es así como del encuentro entre ellos se genera un
ángel en el cielo, cuya magnitud es tanto mayor cuanto
más veces vuelvan a encontrarse en armonía.
Acerca
de sufrimientos y penas en esta vida: El Vidente
de Lublin decía: “¿Existe realmente mal
alguno en el mundo?”
Dios,
vestido de luz, se oculta de nosotros en lo que nos es tiniebla:
Está escrito: “Él hace de las tinieblas
su escondite”, porque en verdad Él se esconde
en las tinieblas; pero también está escrito:
“Él se envuelve en la luz como en un manto”,
porque en verdad Él ha hecho de la luz su vestido.
Acerca
de la naturaleza interior al hombre del Enemigo:
(en árabe relacionar con Shaytân) El Hebreo dijo:
“¿Qué es en definitiva este Gog?”.
Allá fuera puede existir únicamente porque se
halla aquí dentro (y con la mano indicaba su propio
pecho). Las tinieblas de las que ha sido creado no hay necesidad
de buscarlas en ningún otro lugar fuera de nuestros
corazones.
La
voracidad de la oscuridad respecto de la luz Jehudá
dijo: “Allí donde hay una gran luz
se congregan a su alrededor las fuerzas de las tinieblas para
engullirla. Pero ¿cómo podrían acercársele
así como son? Deben revestirse de luz. Y la luz alegra
los ojos de la luz”. La lucha contra los shaytanes no
es sino para liberarlos, a diferencia de la lucha contra el
kafir que es para librarnos de su hostigamiento (en árabe
relacionar con yinn y shaytân) Indudablemente, hemos
de luchar contra ellos por el amor de Dios, y luchar inexorablemente,
pero sólo para conquistar para Él la roca de
su alma circundada por siete trincheras y no para masacrarlo
todo en su honor.
Necesidad
del Maligno (en árabe relacionar con Shaytân)
Incluso el impulso maligno, dijeron los rabinos, fue parte
de su obra de generosidad (Bereshit Rabbah, a Gen. i, 31).
El impulso maligno es tan necesario al mundo como la lluvia
(midrash ha-Neelam, i, 138a).
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