Los
Angeles y el árbol cabalistico - Fuente:
Kabaleb
El
Árbol Cabalístico consta de diez esferas
o centros sefiróticos, nueve
de los cuales corresponden a los distintos coros angélicos.

En
el Árbol podemos distinguir tres columnas: la
de la derecha, o columna de la Gracia, a la que corresponden
Hochmah (con su planeta Urano), Hesed (Júpiter)
y Netzah (Venus), la columna del centro, llamada del
Equilibrio, a la que están adscritos Kether (sin
correspondencia planetaria), Tiphereth (Sol) y Yesod
(la Luna) y por último la columna de la izquierda
o del Rigor, en la que se encuentran Binah (Saturno),
Gueburah (Marte) y Hod (Mercurio).
Existe
un total de nueve coros, formados por ocho ángeles
cada uno.
El
primer coro, el de los Serafines, corresponde al centro
llamado Kether y a los
genios que van del 1 al 8 incluidos. El segundo coro,
el de los Querubines,
corresponde a Hochmah y a los genios que van del 9 al
16. El tercer coro es el
de los Tronos, corresponde al séfira Binah y
a los genios que van del 17 al 24.
El cuarto coro es el de las Dominaciones, corresponde
a Hesed y a los genios que van del 25 al 32. El quinto
coro es el de las Potencias, corresponde a Gueburah
y a los genios que van del 33 al 40. El sexto coro,
el de las Virtudes,
corresponde a Tiphereth y a los genios que van del 41
al 48. El séptimo coro, el
de los Principados, corresponde a Netzah y a los genios
que van del 49 al 56. El
octavo coro, el de los Arcángeles, corresponde
a Hod y a los genios que van del
57 al 64. Y el último y noveno, el de los Ángeles,
corresponde a Yesod y a los
genios que van del 65 al 72.
Cada
uno de estos coros tiene por misión impartirnos
unas enseñanzas que
guardan relación con el centro sefirótico
correspondiente. Pero como dentro de
cada centro está incluido un nuevo Árbol
completo, también guardarán relación
con la séfira dentro de la séfira. Por
ejemplo el genio número 10, <Aladiah>,
es
un Querubín que trabaja en Hochmah, pero en una
esfera que corresponde a Binah.
Si Hochmah es sinónimo de amor y Binah de ley,
gracias a este genio el amor
penetrará en las frías leyes, por ello
nos ayuda, si lo invocamos, a conseguir
la gracia, el perdón o la clemencia de quienes
nos juzgan.
A continuación, daremos las palabras
claves que definen de forma somera
cada centro sefirótico:
Kether:
Voluntad divina, esencia divina.
Hochmah:
Amor universal, sabiduría, esencia crística.
Binah:
Sujeción a la ley (cósmica), inteligencia
activa.
Hesed:
Poder divino, poder espiritual y realizador, bondad.
Gueburah:
Justicia, corrección de errores.
Tiphereth: Conciencia,
voluntad a nivel práctico, armonía.
Netzah:
Belleza, amor unitario.
Hod: Verdad.
Yesod:
Imagen, cristalización.
Malkuth:
El reino material.
Los diez centros sefiróticos están
divididos en cuatro mundos:
<El Mundo de Emanaciones>,
constituido por Kether, Hochmah y Binah;
corresponde de forma global al mundo del pensamiento
abstracto, es llamado la
"casa del Padre". Allí es donde tiene
lugar la inseminación de la voluntad. Es
la fase en la que se fragua el propósito de realizar
algo, un propósito vago, a
menudo inconsciente.
<El Mundo de Creaciones>,
formado por Hesed, Gueburah y Tiphereth, y
que corresponde de forma global al mundo emotivo o mundo
de los deseos, es la
"casa del Hijo". Ésta es la etapa en
que el propósito penetra en la esfera de los
deseos, ya no nos proponemos de forma poco definida
hacer algo, sino que
empezamos a desear ese algo. Dicho de otro modo, nuestras
emociones se movilizan para obtener aquello que ha planeado
la voluntad.
<El Mundo de Formación>,
constituido por Netzah, Hod y Yesod; corresponde al
mundo etérico o "Espíritu Santo".
En esta fase, lo que se moviliza es la inteligencia,
la lógica, la razón para elaborar las
condiciones óptimas de cara a la realización
del propósito promovido por la voluntad y aceptado
por los deseos. Dicho de otro modo, se trata de intentar
convertir en realidad aquello que el Yo espiritual y
el Yo emotivo han generado.
<El Mundo de Acción>,
formado por Malkuth equivale al cuerpo físico.
En
esta etapa el propósito inicial, refrendado por
la voluntad, los deseos y la
inteligencia, o sea por el Fuego, el Agua y el Aire,
toma tierra, se cristaliza,
se convierte en una realidad palpable. Éste es
el proceso que describe la
realización de un acto cualquiera, la materialización
de toda forma física.