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| 29
de Septiembre
Día
de los Santos Arcangeles |
Arcángeles
Los 4 más conocidos son; Rafael, Uriel, Gabriel y Miguel.
El nombre de los otros 3 es un misterio. Los arcángeles
dirigen el ejercito celestial en contra de Satanás
y sus ángeles caídos.
Gabriel
Es
uno de los 7 arcángeles. Su nombre significa "Dios
es mi Fuerza". Ha sido conocido por traerle mensajes
y noticias a la humanidad. En la religión del Islam
a Gabriel se le conoce como Jibril.
Se le representa con el lirio o con una trompeta, con la que
anunciará la segunda venida.
Rafael
Su nombre quiere decir "Brillo de Sanación".
Tiene la capacidad de sanar cualquier enfermedad a los humanos.
Se dice que le dio a Noé un libro médico que
contenía la cura para todas las enfermedades.
Se le representa con una serpiente, que es el símbolo
de la sanación, una flecha, una vasija de bálsamo,
el color naranja y el azul claro.
Uriel
Su nombre significa "Fuego de Dios". Junto a Miguel,
posee las llaves del Infierno y los Abismos, y no abrirá
estas puertas hasta el Día del Juicio Final. Se le
representa con el Fuego.
¿Quién
es San Miguel Arcángel?
San
Miguel es uno de los siete arcángeles y aparece en
la Biblia, al igual que Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia
da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles
y le llama "Príncipe de la Milicia Celestial".
Miguel
quiere decir: ¿Quién como Dios?. Es decir: ¿quién
es tan grande, tan amable y justo como Dios?. Conociendo el
significado de su nombre tal vez nos preguntemos: ¿quién
es San Miguel?, ¿de qué o de quién nos
protege?, ¿cuál es su misión?
Ya
desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor
del pueblo de Dios y su poderosa defensa continúa en
el Nuevo Testamento. Es representado como el ángel
guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su pie sobre
el enemigo infernal, amenazándole con su espada o traspasándolo
con su lanza. Suele representárselo con una balanza,
pues es defensor de la justicia y su fiesta es la más
antigua de las instituidas en honor de los ángeles,
la única que se celebraba en los primeros tiempos.
La
cristiandad, desde la Iglesia primitiva, lo venera como quien
derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó
del cielo. Es reconocido como guardián de los ejércitos
cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector
de los cristianos contra los poderes diabólicos. Es
conocido como el ángel de la plegaria y de la adoración
y, finalmente, presentador de las almas de los difuntos a
la luz del Paraíso, la luz santa prometida a
Abraham y a su descendencia. En la liturgia, la Iglesia
nos enseña que este arcángel está puesto
a custodiar el paraíso y llevar a él a aquéllos
que podrán ser recibidos allí. A la hora de
la muerte, se libra una gran batalla, ya que el demonio tiene
muy poco tiempo para hacernos caer en tentación, o
desesperación, o en falta de reconciliación
con Dios. En este momento, San Miguel, está al lado
del moribundo defendiéndolo.
San
Miguel es nuestro protector y para cumplir la misión
de protector es necesaria, además de del poder, otra
cualidad: la bondad. Su bondad, es tan grande como su poder.
Bajo sus órdenes, todos los ángeles trabajan
por la protección de los hombres. Ahora cabría
preguntarnos: ¿nosotros nos empeñamos tanto
como ellos en nuestra propia salvación?
Por
otro lado, San Miguel es nuestro modelo. Modelo de recogimiento
y de unión con Dios. Es modelo de inocencia y de pureza,
no tiene sino pensamientos y deseos santos, modelo de humildad,
confiesa que Dios lo es todo y que toda persona debe quitar
de sí el orgullo, la ambición y la vanidad.
Es también modelo de celo. Sólo aspira a hacer
amar a Dios y a Jesucristo, su hijo. San Miguel es modelo
de dulzura
El
procede en todas sus acciones con perfecta calma y nos muestra
claramente que la modestia, la dulzura y la paciencia son
las mejores armas contra nuestros enemigos
En
San Miguel encontramos el modelo de todas las virtudes.
Se
nos enseña en la tradición que San Miguel preside
el culto de adoración que se rinde al Altísimo
y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por
el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta
a San Miguel como el que lleva el incienso y está de
pie ante el altar como nuestro intercesor y elportador de
las oraciones de la Iglesia ante el Trono de Dios. También
hay que notar las apariciones marianas que han incluido manifestaciones
de San Miguel, su relación con la Eucaristía,
y a la adoración debida a Jesús Eucarístico
y a la Santísima Trinidad.
San
Miguel en las Sagradas Escrituras
En
el Antiguo Testamento:
En
el libro de Daniel, Dios envía a San Miguel para asegurarle
a Daniel su protección (Dn. 10,13 - 12,1) y guiar al
pueblo de Israel por el desierto.
En
el libro del Exodo (23,20), el Señor dijo a los Israelitas:
«Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para
que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que
te he preparado. Respétalo y escucha su voz...».
En
Judas 9, se observa a San Miguel altercando con el diablo
y disputándose el cuerpo de Moisés, que había
muerto. En obediencia al mandato de Dios, San Miguel escondió
la tumba de Moisés, ya que la gente y también
Satanás querían exponerla para llevar a los
Israelitas al pecado de idolatría.
También
se hace alusión a San Miguel en: 2 Mac. 11,6 y 15,22.
En
la actualidad, los judíos invocan al Arcángel
Miguel como el principal defensor de la sinagoga y como protector
contra sus enemigos. En la fiesta de la expiación concluyen
sus oraciones diciendo: «Miguel, príncipe de
misericordia, ora por Israel».
En
el Nuevo Testamento:
Aquí
también el papel de San Miguel es muy importante pues
continúa su poderosa defensa. Con sus ángeles,
libra la batalla victoriosa contra Satanás y los ángeles
rebeldes, los cuales son arrojados del cielo. Es por eso venerado
como guardián de la Iglesia. «Entonces se libró
una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron
con el Dragón y éste contraatacó con
sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del
cielo...» Apoc. 12,7-9.
El
honor y la veneración a San Miguel, ha sido parte esencial
de la vida de la Iglesia desde sus inicios. Se le han atribuido
innumerables beneficios espirituales y temporales. El emperador
Constantino atribuyó a este arcángel las victorias
sobre sus enemigos y por ello le construyó cerca de
Constantinopla una magnífica iglesia en su honor que
se convirtió en lugar de peregrinación, donde
muchos enfermos recibieron sanación por la intercesión
de San Miguel.
¿Por qué necesitamos a San Miguel?
Como
remedio contra los espíritus infernales que se han
desencadenado en el mundo moderno, somos llamados a invocar
y buscar la ayuda de San Miguel. Dice el Cardenal Mermillod:
"En estos tiempos, cuando la misma base de la sociedad
está tambaleándose como consecuencia de haber
negado los derechos de Dios, debemos revivir la devoción
a San Miguel Arcángel y con el gritar: ¡¿Quién
como Dios?!"
"La
veneración a San Miguel es el más grande remedio
en contra de la rebeldía y la desobediencia a los mandamientos
de Dios, en contra del ateísmo, escepticismo y de la
infidelidad." (San Francisco de Sales)
Precisamente,
estos vicios son muy evidentes en nuestros tiempos. Más
que nunca necesitamos la ayuda de San Miguel en orden a mantenernos
fieles en la Fe. El ateísmo y la falta de fe han infiltrado
todos los sectores de la sociedad humana. Es nuestra misión
como fieles católicos confesar nuestra fe con valentía
y gozo, y demostrar con celo nuestro amor por Jesucristo.
Como
individuos, como naciones, como Iglesia, estamos en gran batalla
espiritual. Es nuestro deber de amor usar todas las armas
espirituales para batallar con amor, fortaleza y astucia.
La Virgen dijo a la Venerable María Agreda: "Mi
hija, no hay palabras humanas que puedan describir el horror
del mal que hay en Lucifer y en sus secuaces; y cómo
sus dardos están dirigidos a la destrucción
del hombre. Su gran malicia, su astucia, sus mentiras, sugerencias,
sus insinuaciones y tormentos se dirigen a la mente y al corazón
humano. El trata de aplastar toda obra buena, de destruirla,
de esconderla. Toda la malicia que su mente es capaz de poseer
quiere inyectarla en las almas. Contra estos ataques, Dios
nos da su protección: si el hombre tan solo cooperara
y correspondiera.
En
1994, antes de la Conferencia en el Cairo, donde se determinaban
temas de gran impacto para el futuro moral y social de la
humanidad, Su Santidad Juan Pablo II, pidió a todos
los fieles católicos, que rezáramos la oración
a San Miguel por la intención de esa conferencia.
Si
en tiempo de tentación, tenemos el coraje de reprender
al maligno y clamar la asistencia de San Miguel, el príncipe
de la milicia celestial, el enemigo por seguro saldría
huyendo. Si deseamos tener su protección, debemos imitar
sus virtudes, especialmente su humildad y su celo por la gloria
de Dios.
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