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Con
intención virtuosa - www.reinadelcielo.org
Es
muy notable como la misma actitud, el mismo gesto, puede en
dos personas distintas contener significados opuestos. Una
buena acción de alguien a veces nos deja con la extraña
sensación de que algo está mal allí.
Y la misma situación puesta en cabeza de otra persona
parece ser sin dudas un gesto de amor sincero.
Otras
veces, una acción que nos parece incorrecta a la luz
de nuestro pobre juicio, nos deja con la impresión
de que en el fondo puede no estar tan mal. Y puesta en cabeza
de otra persona, ¡definitivamente es una mala actitud!
.¿Qué es lo que ocurre?.
Ocurre
que hay algo que es invisible a nuestros ojos: es la intención
verdadera que tiene la persona en el corazón. ¡Y
sólo Dios puede ver lo que ocurre en nuestros corazones!.
Es por este motivo que Jesús nunca dejaba a sus discípulos
juzgar a los demás, porque muchas veces el silencio
humilde de una persona la colocaba en actitud incómoda
frente a los hombres, ante un supuesto mal gesto. Sin embargo,
en su corazón, esta persona guardaba una intención
recta y sincera para con Dios. Y otras veces, quienes se esforzaban
en aparecer justos y nobles frente a los hombres eran quienes
abrigaban intenciones más indignas en el corazón.
Las
cosas que se hacen deben estar originadas en intenciones virtuosas,
intenciones de hacer el bien. Esto es mas importante que las
consecuencias mismas de nuestras acciones, ya que Dios ve
en lo profundo de nuestros corazones, muy por encima de la
opinión de los hombres sobre nuestros actos. Y no hay
que preocuparse tanto de cómo luzcamos frente a los
demás, ya que no son ellos quienes nos juzgarán
cuando llegue el momento de sopesar nuestra vida: será
el Justo Juez, Jesús, quien dictamine si hubo intención
virtuosa en la forma en que hemos vivido.
Por
otra parte, es preferible pensar que los demás tienen
una intención virtuosa en sus actos, y no desconfiar
al extremo de accionar permanentemente nuestras defensas en
anticipación a ser engañados o perjudicados.
Si el otro tuvo intención virtuosa, Dios verá
con agrado como dos de sus hijos obran en el bien. Y si el
otro se aprovechó de mi, pues tendré un perjuicio
a nivel humano, pero seré visto con mirada agradable
por Dios. Y el juicio Divino recaerá sólo sobre
el otro.
Jesús
llevó la intención virtuosa al extremo de jamás
haber pecado. Y si bien El es Dios, también fue hombre.
Y como tal estuvo sometido a la tentación: recordemos
los cuarenta días en el desierto, y tantas otras veces
en que los hombres lo sometieron a presiones e intentos de
engaño. Sin embargo, en treinta y tres años
de vida ¡jamás pecó!. Buena parte de las
acusaciones que los hombres hicieron para llevarlo a la muerte,
fueron acumulándose en la negativa de Cristo a aceptar
las reglas de juego del mundo: El simplemente tuvo intención
virtuosa en todo lo que hizo, más allá de las
reacciones de los hombres. Claro que llevar la intención
virtuosa a tal extremo de perfección tuvo sus consecuencias:
¡Nuestro Señor terminó crucificado en
el Gólgota!.
Hagamos
todo en la vida con una intención virtuosa, con ánimo
de hacer el bien. Las cosas nos podrán ir bien o mal,
pero sin dudas estaremos en el sendero que Dios marca para
nosotros.
¡La
mirada de Dios es lo único que cuenta!.
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