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El
zorro y el león
Desde
el día en que el ARI llegó a Safed, sacaba noche
tras noche al alma de Chajim Vital de su envoltura carnal
y hablaba con ella: "Rabí Chajim--le decía--,
¿por qué no vienes a recibir la Torah de mi
boca? Vine al mundo sólo para enseñarte la Torah".
Pero
rabí Chajim dirigía en aquel tiempo la escuela
de Kabbalah de Damasco. Una mañana, rabí Chajim
se levantó de su lecho y contó a sus discípulos:
-
En Safed vive un sabio alemán. Esta noche sacó
mi alma del cuerpo y me dijo que debía ir con él
y recibir sus lecciones sobre la Torah--decía sobre
el ARI casi con desdén, pues se tenía a sí
mismo por el mayor sabio y el más versado en los tortuosos
senderos de la Kabbakah. También había escrito
varios libros sobre el Zohar.
Un
día, cuando rabí Chajim estaba sentado ante
sus discípulos y les exponía los misterios,
le resultó incomprensible un pasaje del libro Zohar
y no pudo interpretarlo. Largo rato meditó en vano
sobre su sentido. Al segundo día no supo responder
sobre otro pasaje, y lo mismo ocurrió al tercer día
y al cuarto. Entonces dijo a sus discípulos:
-
Sabed que tengo deseos de ir a Safed a conocer al "alemán".
Allí
viajó. En cuanto llegó se presentó ante
el ARI, quien se alegró muchísimo y le dispensó
grandes honores. Rabí Chajim le expuso el primer pasaje
difícil, y el ARI le dio la interpretación.
Le expuso el segundo, y también lo interpretó,
y ante los ojos de rabí Chajim Vital se abrieron las
puertas de la luz. Llegó así el tercero.
-
¡Hasta aquí!--dijo el ARI--Has llegado al límite.
Aún no te está permitido penetrar más
profundamente.
Ahí
quedó rabí Chajim, paralizado ante el ARI como
el zorro ante el león. Entonces el ARI despidió
a su huésped.
Rabí
Chajim se fue a su alojamiento con gran desilusión
y se vistió de saco. El día entero ayunó,
lloró y rogó a Dios que pusiera en el corazón
del ARI el deseo de aceptarlo como discípulo. Por la
mañana fue a donde el ARI e imploró con voz
llorosa:
-
¡Acéptame como tu discípulo, si has venido
realmente a este mundo para enseñarme la Torah!
Entonces
dijo el ARI:
-
Tres largos meses esperé con ardiente deseo que vinieras
a mí. No viniste y me causaste un gran dolor. De la
fuente brota cada vez más agua fresca y no hay allí
vasija para recogerla. Por eso no debería aceptarte
entre mis discípulos, a causa de tu dureza de corazón.
Pero tu arrepentimiento de ayer ha cambiado las cosas, de
modo que te abriré todas las puertas y te haré
ver en todo su esplendor la luz de la Kabbalah.
Entonces
rabí Chajim cayó al suelo y clamó:
-
¡Loado sea el Rey del universo!
A
partir de ese día, rabí Chajim se sentó
ante el ARI como un joven discípulo y escuchó
sus lecciones. Pero su mente estaba débil y sin fuerzas,
y olvidaba enseguida todo lo que había recibido. Ese
era el castigo por el dolor causado al ARI con su negativa
durante tres largos meses. Rabí Chajim lloraba continuamente
ante el maestro para que lo ayudara.
Un
día, el ARI condujo a sus discípulos hacia Tiberias.
Allí hizo a rabí Chajim beber en el pozo de
Myriam. Desde entonces no olvidó nada más. También
adquirió la sabiduría para leer en los rostros
de los hombres su pasado y futuro, su fortuna y adversidad,
su delito y su buena obra como en un libro abierto. |