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Aprender
a comunicarse
Un Sultán soñó que había perdido
todos los dientes. Después de despertar, mandó
llamar a un sabio para que interpretase su sueño. "¡Qué
desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa
la pérdida de un pariente de Vuestra
Majestad", dijo el sabio. "¡Qué insolencia!
¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera
de aquí! ¡Que le den cien latigazos!", gritó
el Sultán enfurecido. Más tarde ordenó
que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había
soñado. Este, después de escuchar al Sultán
con atención, le dijo: "¡Excelso Señor!
Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa
que sobrevivirás a todos vuestros parientes".
Se iluminó el semblante del Sultán con una gran
sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.
Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos
le dijo admirado: "¡No es posible! La interpretación
que habéis hecho de los sueños es la misma que
el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó
con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. El segundo
sabio respondió: "Amigo mío, todo depende
de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos
de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación
depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz
o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa.
Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero
si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con
ternura ciertamente será aceptada con agrado."
Baal
Shem Tov
Esta
historia nos cuenta de un famoso rabino jasídico: Baal
Shem Tov Baal Shem Tov era conocido dentro de su comunidad
porque todos decían que él era un hombre tan
piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba
sus palabras cuando él hablaba. Se había hecho
una tradición en este pueblo: Todos los que tenían
un deseo insatisfecho o necesitaba algo que no habían
podido conseguir iban a ver al rabino. Baal Shem Tov se reunía
con ellos una vez por año, en un día especial
que él elegía. Y los llevaba a todos juntos
a un lugar único, que él conocía, en
medio del bosque. Y una vez allí, cuenta la leyenda,
que Baal Shem Tov armaba con ramas y hojas un fuego de una
manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después
una oración en voz muy baja... como si fuera para él
mismo. Y dicen... que Dios le gustaban tanto esas palabras
que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el
fuego armado de esa manera, quería tanto a esa reunión
de gente en ese lugar del bosque... que no podía resistir
el pedido de Baal Shem Tov y concedía los deseos de
todas las personas que ahí estaban.
Cuando
el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie
sabía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando
iban todos juntos a pedir algo... Pero conocían el
lugar en el bosque. Sabían cómo armar el fuego.
Una vez al año, siguiendo la tradición de Baal
Shem Tov había instituido, todos los que tenían
necesidades y deseos insatisfechos se reunían en ese
mismo lugar en el bosque, prendían el fuego de la manera
en que habían aprendido del viejo rabino, y como no
conocían las palabras cantaban cualquier canción
o recitaban un salmo, o sólo se miraban y hablaban
de cualquier cosa en ese mismo lugar alrededor del fuego.
Y
dicen... que Dios gustaba tanto del fuego encendido, gustaba
tanto de ese lugar en el bosque y de esa gente reunida...
que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igual
concedía los deseos a todos los que ahí estaban.
El tiempo ha pasado y de generación en generación
la sabiduría se ha ido perdiendo... Y aquí estamos
nosotros.Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el
bosque.No sabemos cuáles son las palabras.Ni siquiera
sabemos cómo encender el fuego a la manera que Baal
Shem Tov lo hacía... Sin embargo hay algo que sí
sabemos: Sabemos esta historia,Sabemos este cuento...Y dicen...
que Dios adora tanto este cuento...que le gusta tanto esta
historia...que basta que alguien la cuente...y que alguien
la escuche...para que Él, complacido,satisfaga cualquier
necesidady conceda cualquier deseoa todos los que están
compartiendo este momento... Amén... (Así sea...)
Compartiendo
la Luz
Hu-Song, filosofo de Oriente, contó a sus discípulos
la siguiente historia:
"...
Varios hombres habían quedado encerrados por error
en una oscura caverna donde no podían ver casi nada
. Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró
encender una pequeña tea. Pero la luz que daba era
tan escasa que aun así no se podía ver nada.
Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz
podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran
su propia tea y así compartiendo la llama con todosla
caverna se iluminó".
Uno de los discípulos preguntó a Hu-Song:
¿Qué nos enseña, maestro, este relato?
Y Hu-Song contestó : Nos enseña que nuestra
luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo.
Y también nos dice que el compartir nuestra luz no
la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer.
"El compartir nos enriquece en lugar de hacernos mas
pobres"
"Los momentos más felices son aquellos que hemos
podido compartir"
Que Dios nos dé siempre la luz para iluminar a todos
los que pasen por nuestro lado. La verdadera amistad es flor
que se siembra con honestidad, se riega con afecto y crece
a la luz de la comprensión.
De igual modo si iluminas tu corazón con amor, puede
que ilumines a otro corazón, así se pueden llegar
iluminar a miles de corazones con amor.
Corazón de cebolla
Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles
frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos,
tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse
a la sombrea de cualquier árbol a contemplar todo aquel
verdor y a escuchar el canto de los pájaros. Pero de
pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas
especiales.
Cada una tenía un color diferente: rojo,, amarillo,,
naranja , morado........ El caso es que los colores eran irísados,
deslumbrados, centellantes, como el color de una sonrisa o
el color de un bonito recuerdo. Después de sesudas
investigaciones sobre la causa de corazón ( porque
también las cebollas tienen su propio corazón),
una piedra preciosa.
Esta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella
una lapiziázuli, de las más allá una
esmeralda....... ¡ Una verdadera maravilla !
Pero por una incomprensible razón se empezó
a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado
y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas
tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima
con capas y más capas, cada vez más oscuras
y feas, para disimular como eran por dentro. Hasta empezaron
a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.
Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba
sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que no
entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó
a preguntarles una por una - ¿ Por qué no eres
como eres por dentro ? Y ellas le iban respondiendo: - Me
obligaron a ser así..... - Me fueron poniendo capas.....
incluso yo me puse algunas para que no me dijeran..... Algunas
cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban
de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final
el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente vio llorando,
pensó que llorar ante las personas era propio de personas
muy inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando
una cebolla nos abre su corazón. Y así será
hasta el fin del mundo.
Esta bella historia me encanto y me hizo pensar ¿ cuántos
hemos permitido que nuestro corazón este escondido?
¿ y tú tienes corazón de cebolla?
Todo
lo que pasa en tu vida, obra para bien...
Un
minero Cristiano tenia su hora más especial en el trabajo,
era la hora del almuerzo, pues a esa hora él disfrutaba
de la comida que con esmero le preparaba su amada y consentida
esposa.
Un
día llego a su hora especial y al destapar su almuerzo
encontró una comida exquisita y diferente pues hasta
al momento nunca había llevado una así.
Muy agradecido cerró sus ojos y oro mucho más
que de costumbre en agradecimiento al SEÑOR por el
alimento suministrado y por la preciosa esposa dada. Cuando
terminó la oración y abrió sus ojos para
consumir su almuerzo, ¡oh sorpresa!!!!, el almuerzo
había sido robado, en ese instante se lleno de coraje,
levantó sus ojos al cielo y dijo: ¿cómo
SEÑOR permites que mientras yo estoy orando el diablo
robe, pues acaso no te estaba agradeciendo...?
No entendía como había podido pasar esto, miro
su bolsillo y sólo tenía lo del pasaje para
regresar a su casa que estaba a 2 Km. y el restaurante más
cercano estaba a 1.5 Km. y sentía hambre, ante lo cual
decidió ir a comprar el almuerzo al restaurante pues
no podía seguir trabajando así. Llego al
lugar y pidió el mejor almuerzo, y con una mano sobre
el sólo dijo: Señor bendicelo...
Al empezar a comer escucha una gran explosión proveniente
de la mina en la que trabajaba.
Solo pudo exclamar gracias SEÑOR y de rodillas pedir
perdón por no haber entendido en su momento por qué
habian sucedido las cosas así.
Nada, en la vida del cristiano, es como se ve y se piensa.
Cada suceso en nuestra vida tiene un propósito de DIOS
y aunque en el instante no lo veamos, EL después nos
lo enseñará.
Tus
Lagrimas
Cuentan que había una vez un señor que padecía
lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había
muerto.
Desde la muerte y durante años no podía dormir.
Lloraba y lloraba hasta que amanecía.
Un día, cuenta el cuento, aparece un ángel en
su sueño.
Le dice: - Basta ya.
- Es que no puedo soportar la idea de no verlo nunca más.
El ángel le dice:
- ¿Lo quieres ver?
Entonces lo agarra de la mano y lo sube al cielo.
- Ahora lo vas a ver, quédate acá.
Por una acera enorme empieza a pasar un montón de chicos,
vestidos como angelitos, con alitas blancas y una vela encendida
entre las manos, como uno se imagina el cielo con los angelitos.
El hombre dice:
- ¿Quiénes son?
Y el ángel le responde:
- Éstos son los chicos que han muerto en estos años
y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque
son puros...
- ¿Mi hijo está entre ellos?
- Sí, ahora lo vas a ver.
Y pasan cientos y cientos de niños.
- Ahí viene- avisa el ángel.
Y el hombre lo ve. Radiante, como lo recordaba.
Pero hay algo que lo conmueve: entre todos es el único
chico que tiene la vela apagada, y él siente una enorme
pena y una terrible congoja por su hijo.
En ese momento el chico lo ve, viene corriendo y se abraza
a él.
Él lo abraza con fuerza y le dice:
- Hijo, ¿ por qué tu vela no tiene luz? ¿no
encienden tu vela como a los demás?
- Sí, claro papá, cada mañana encienden
mi vela igual que la de todos, pero... ¿sabes qué
pasa?, cada noche tus lágrimas apagan la mía.
Disfrutalo con los ojos del Alma y sentiras sonreir a tu
corazón
Echaron otra vez a andar, caminaron y caminaron, y llegaron
a otro pueblo. El sabio se sentó en el brocal del pozo
según su costumbre. Chao Mu escuchaba atentamente sus
palabras. Las personas eran otras, las situaciones distintas,
pero las palabras seguían siendo las mismas, y el joven
se acostumbró a encontrárselas de pueblo en
pueblo.
A veces, alguno se levantaba y solicitaba seguir al sabio,
apartándose de lo conocido para ir hacia la novedad.
Éste recibía una enseñanza del maestro.
Algunos le abandonaban enseguida, para ir solos más
lejos o para volver a sus pueblos.
Pasó el verano y llegó el otoño. Cuatro
discípulos acompañaban entonces al sabio. Chao
Mu empezaba a percibir mejor la vida en los elementos, en
los animales y en todo lo que existía a su alrededor.
Un día, dirigiéndose al sabio, le dijo:
-Quisiera saber de dónde vengo, conocer la energía
que me anima. ¿Por qué estoy aquí? ¿A
dónde voy? Y eso ¿vale la pena?
El sabio le sonrió con mucha dulzura.
-Todas las preguntas de tu corazón encuentran su respuesta.
Ten paciencia.
A lo largo de los meses que siguieron, yendo de pueblo en
pueblo, deteniéndose a orillas de los ríos o
sentado bajo un árbol, Chao Mu aprendió mucho:
acerca de su disciplina, de sus limitaciones, de su equilibrio
o su desequilibrio. Se conocía mejor. Sin embargo,
tenía la sensación de no estar aún más
que al principio del camino.
Cuando llegó el equinoccio de otoño, los discípulos
se agruparon alrededor de su maestro para celebrar ese especial
momento del año. Hicieron juntos un fuego y el sabio,
añadiendo leña, pronunció las siguientes
palabras:
-Que el calor de este fuego se manifieste a través
de nosotros a todos los que encontremos en nuestro camino.
Que su luz se perciba a través de las tinieblas más
espesas.
Al día siguiente el sabio se dirigió a un pueblo
grande y se sentó en una piedra, al lado del pozo.
Un hombre se acercó para pedirle consejo.
-Oh, maestro, mi familia siempre está enferma y mi
ganado no medra. Cada mañana despierto pensando en
los problemas que el nuevo día me traerá.
Después de mirarle con atención, el sabio dijo:
-Para empezar, vas a quitarte este manto negro que llevas.
Ahora, vamos a ver lo que ocurre en tu casa.
La casa que vieron estaba pintada de rojo y amarillo, y decorada
con motivos negros.
Vuelve a pintar tu casa de blanco, con un poco de azul aquí
y allá -le ordenó el sabio al campesino. Luego
prosiguió su visita, pidiéndole a la mujer del
campesino que cambiase también el color de su ropa,
observando a los niños e indicando qué colores
utilizar en cada dependencia de la casa. Para acabar, aún
le dijo al hombre:
-Y ahora, empieza a vivir.
-Cuando estuvieron a cierta distancia de la casa, Chao Mu
no pudo evitar el expresar su sorpresa:
-¿Por qué cambiar tantas cosas en la vida de
este hombre? ¿Por qué no les has hablado más
bien de la felicidad ni le has dedicado palabras sabias? ¿Por
qué no le has enseñado a ver la belleza como
a nosotros nos enseñaste?
-Porque ése no era el origen de sus dificultades ni
del desequilibrio de su familia. El mundo terrestre está
compuesto por cosas positivas y negativas, por ácido
y álcali. Cada color, cada prenda de vestir, es positivo
o negativo -explicó el sabio-. Por ejemplo, el rojo,
el amarillo el naranja y el negro son colores negativos; el
índigo, el azul, el violeta y el blanco son colores,
positivos. El verde es neutro. La seda y la lana son positivas,
el algodón es negativo. Los gatos son negativos, los
perros positivos. El alimento es ácido o alcalino.
Ocurre lo mismo con la música y con todas las cosas
de este mundo. Es así como, buscando el equilibrio
en su entorno, este hombre mejorará su vida.
El otoño avanzaba, el tiempo cambiaba y Chao Mu tenía
tiempo libre para meditar en las palabras de su maestro. Le
sorprendía la importancia de la acidez o de la energía
negativa en la vida humana.
El frío aumentaba de día en día y empezó
a nevar. El grupito se dirigía hacia las montañas.
El sabio había enseñado a sus discípulos
cómo conservar el calor con la fuerza del pensamiento,
sin necesidad de muchas prendas de vestir.
Cada noche, reunidos alrededor del fuego, se aprovisionaban
de calor para toda la noche.
Esa noche, en lugar de dormir como sus compañeros,
Chao Mu observaba los ojos de un conejo en la nieve y los
de un corzo que miraba el fuego, mientras revisaba mentalmente
todo el saber que había recibido. Admiraba la blancura
de la nieve. Ya no le sorprendía que siempre le hubiese
gustado tanto... lo blanco es positivo y esa blancura le prestaba
energía. El frío es positivo, el calor negativo...
el sol es positivo, la luna negativa...
Vio entonces que el sabio se levantaba, cargaba su hatillo
a la espalda y se marchaba. Chao Mu le imitó y el maestro
se llevó un dedo a los labios para recomendarle silencio.
Los dos se alejaron. La nevada caía copiosa, borrando
las huellas de sus pasos detrás de ellos.
Por la mañana llegaron a un valle, en cuyo fondo se
alojaba un gran monasterio. Se veía llegar de todas
partes Sabios del Manto color Ciruela, cada uno de ellos acompañado
por un solo discípulo.
Cuando se encontraron al pie de las murallas, el sabio se
volvió a Chao Mu y le dijo:
-¿Ves esta silla de bambú? Es la tuya. No te
levantes bajo ningún pretexto hasta que venga a buscarte.
Y el sabio desapareció en el monasterio con los otros
monjes. Era el día del solsticio de invierno.
Chao Mu observó a los treinta y dos discípulos
que estaban sentados en círculo con él, cada
uno en una silla de bambú. Algunos parecían
más experimentados que otros, como si hubiesen pasado
por momentos duros. Esa noche, una gran luminosidad bañó
el monasterio y los discípulos oyeron cantar a los
sabios celebrando el solsticio de invierno, el nacimiento
del sol. Chao Mu esperaba que su maestro fuese a buscarle
por la mañana. Pero no pasó nada. Esperó
todo el día, y luego llegó la noche y hubo gran
agitación entre los discípulos.
Chao Mu sintió hambre y recordó que llevaba
una galleta de arroz en el bolsillo. Comió un bocado
y chupó un poco de nieve para aplacar la sed.
De repente, un discípulo se levantó y se dirigió
hacia los matorrales en busca de algo que comer. Misteriosamente,
su silla desapareció; cuando regresó, ya no
había lugar para él. Miró por todas partes,
desesperado, y acabó comprendiendo que tenía
que marcharse.
Pasaron los días, se convirtieron en semanas. Poco
a poco, las sillas iban desapareciendo: o bien un discípulo
se desvanecía y caía al suelo, o se levantaba.
En primavera no quedaban más que diez que hubiesen
soportado el invierno y que ahora vivían las lluvias
primaverales y la nueva floración. Aprendían
a atrapar al vuelo una hoja llevada por el viento y a masticarla
lentamente, o a comer lo que crecía próximo,
una raíz o una hierba. La disciplina no sólo
les había curtido sino que había agudizado sus
percepciones. Llegó el verano y, con él, el
calor sofocante. Ya no quedaban más que cuatro. En
otoño, quedaban dos.
Los músculos de Chao Mu se mantenían sólidos
y su espalda derecha. Podía relajarse y llenar cada
parte de sí mismo de conciencia y calor. Le bastaba
pensar en bayas o raíces... y se materializaban sobre
sus rodillas; le bastaba pensar en agua... y su cuenco estaba
lleno. Llegó un día en que se quedó solo.
Era la vigilia del solsticio de invierno.
Ése fue el día en que regresó el sabio.
Ven conmigo -le dijo a Chao Mu. Cuando el joven se levantó
vio a un nuevo discípulo a quien el sabio hacía
sentar en la silla de bambú. Le hubiese gustado hablar
con él, advertirle de lo que le esperaba. Pero sabía
que no tenía que hacerlo.
El sabio le hizo entrar en el monasterio, a él, que
era el único que había quedado en todo el año,
para celebrar la fiesta del solsticio en compañía
de todos los sabios.
Chao Mu preguntó entonces:
-¿Qué pasa aquí? Al parecer sólo
un discípulo consigue mantenerse fiel y en su puesto
durante todo un año.
-Sí -respondió el sabio-. Cada año se
retira uno de los treinta y tres que somos, cuando ha completado
su trigésimo tercer periplo. Tras un año en
el monasterio, estarás preparado para ser un Sabio
del Manto de color Ciruela y reemplazarás a uno de
nosotros.
Y así se hizo.
Han pasado los siglos, los sabios han dejado su manto pero
la tradición no muere. Manteneos atentos. ¿Tal
vez habéis encontrado a uno de esos treinta y tres
sabios en vuestras vidas? ¿Quién sabe? La vida
es tan misteriosa...
FUN-CHANG
"Los Sabios de la Tunica Color Ciruela"
El
barbero y Dios
Un
hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse
la barba.Como es costumbre en estos casos entabló una
amena conversación con la persona que le atendía.Hablaban
de tantas cosas y tocaron muchos temas.De pronto, tocaron
el tema de Dios.El barbero dijo:- Fi'jese caballero que yo
no creo que Dios exista, como usted dice.- Pero, ¿por
qué dice usted eso? -pregunta el cliente.- Pues es
muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta
de que Dios no existe. Oh... dígame, ¿acaso
si Dios existiera, habría tantos enfermos?¿
Habría niños abandonados?Si Dios existiera,
no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad.Yo
no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas
cosas.El cliente se quedó pensando un momento, pero
no quiso responder para evitar una discusión.El barbero
terminó su trabajo y el cliente salió del negocio.
Recien abandonaba la barbería, vio en la calle a un
hombre con la barba y el cabello largo; al parecer hacía
mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.Entonces
entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.-
¿Sabe una cosa? Acabo de darme cuenta que los barberos
no existen. - Cómo que no existen? -pregunta el barbero-
Si aquí estoy yo y soy barbero.- ¡No! -dijo el
cliente- no existen, porque si existieran no habría
personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre
que va por la calle.- Ah, los barberos si existen, lo que
pasa es que esas personas no vienen a mi.- ¡Exacto!
-dijo el cliente-
El
destino
Erase
una vez en la cumbre de una montaña, tres pequeños
árboles juntos y soñando sobre lo que querían
llegar a ser cuando fueran grandes.
El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo,
"Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro
y ser llenado de piedras preciosas. Yo sería el baul
de tesoros más hermoso del mundo"
El segundo arbolito miró un pequeño arroyo realizando
sus caminos al oceano y dijo , "Yo quiero viajar a través
de aguas temibles y llevar a reyes poderosos sobre mi. Yo
sería el barco más importante del mundo.
El tercer arbolito miró hacia el valle que estaba abajo
de la montaña y vió a hombres y mujeres trabajando
en un pueblo trabajador.
"Yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca.
Yo quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se
pare a mirarme, ellos levantarán su mirada al cielo
y pensaran en Dios. Yo sería el árbol más
alto del mundo
Los años pasaron. Llovió, brilló el sol
y los pequeños árboles crecieron alto.
Un día, tres leñadores subieron a la cumbre
de la montaña.
El primer leñador miró al primer árbol
y dijo "Que árbol tan hermoso que es éste",
y con la arremetida de su hacha brillante, el primer árbol
cayo.
"Ahora me deberán convertir en un baul hermoso,
debería contener tesoros maravillosos", dijo el
primer árbol.
El segundo leñador miró al segundo árbol
y dijo: "Éste árbol es muy fuerte, es perfecto
para mí". Y con la arremetida de su hacha brillante,
el segundo árbol cayó. "Ahora debería
navegar aguas temibles", penso el segundo árbol,
"Debería ser un barco importante para reyes temidos
y poderosos".
El tercer árbol sintió su corazón sufrir
cuando el último leñador lo miró. El
árbol se paró derecho y alto y apuntando ferozmente
al cielo.
Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba
y dijo "Cualquier árbol es bueno para mí.
Y con la arremetida de su hacha brillante el tecer árbol
cayó El primer árbol se emocionó cuando
el leñador lo llevó a una carpintería,
pero el carpintero lo convirtió en una caja de alimento
para animales de granja. Aquel árbol hermoso no fue
cubierto con oro, ni llenado de tesoros sino que fue cubierto
con polvo de cortadora y llenado con alimento para animales
de granja hambrientos.
El segundo árbol sonrió cuando el leñador
lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún
barco imponente fue construido ese día. En lugar de
eso aquel árbol fuerte fue cortado y convertido a un
simple bote de pesca, era demasiado chico y debil para navegar
en el oceano, ni siquiera en un rio, y fue llevado a un pequeño
lago.
Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró
al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo
recién nacido en la caja de alimento. "Yo quisiera
haberle podido hacer una cuna al bebe", le dijo su esposo
a la mujer, la madre le apreto la mano a su esposo y sonrió
mientras la luz de la estrella alumbrabaa la madera suave
y fuerte de la cuna, Y la mujer dijo, "este pesebre es
hermoso". Y de repente, el primer árbol supo que
contenía el tesoro más grandedel mundo.
Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al
viejo bote de pesca. El viajero se quedo dormido mientras
el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia adentro
del lago.
De
repente, una impresionante y aterradora tormenta llegó
al lago, el pequeño árbol se llenó de
temor, el sabia que no tenia la fuerza para llevar a todos
esos psajeros a la orilla a salvo con ese viento y lluvia.
El hombre cansado se levantó, El se paro y alzando
su mano dijo, "calma". La tormenta se detuvo tan
rapido como comenzo Y de repente el segundo árbol supo
que el llevaba navegando al rey del cielo y de la tierra.
Un viernes en la manana el tercer árbol se extrañó
cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacen de madera
olvidado. Se asustó al ser llevado a través
de una impresionante multitud de personas enojadas. Se llenó
de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre
en su madera. Se sintio feo, aspero y cruel. Pero un domingo
en la mañana, cuando el sol brilló y la tierra
tembló con júbilo debajo de su madera,el tercer
árbol supo que el amor de Dios había cambiado
todo.
Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte, y cada vez
que la gente pensara en el tercer árbol, ellos pensarían
en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol mas alto
del mundo.
La
próxima vez que te sientas deprimido porque no sucedió
lo que tú querías, solo siéntete firme,
y sé feliz porque Dios está pensando en algo
mejor para darte...
El
vendedor de globos
Una
vez había una gran fiesta en un pueblo.Toda la gente
había dejado sus trabajos y ocupaciones de cada día
para reunirse en la plaza principal, en donde estaban los
juegos y los puestitos de venta de cuanta cosa linda una pudiera
imaginarse.Los niños eran quienes gozaban con aquellos
festejos populares.Había venido de lejos todo un circo,
con payasos y equilibristas, con animales amaestrados y domadores
que les hacíanhacer pruebas y cabriolas.También
se habían acercado hasta el pueblo toda clase de vendedores,
que ofrecían golosinas, alimentos y juguetes para que
los chicos gastaran allí los pesos que sus padres o
padrinos les habían regalado con objeto de sus cumpleaños,
o pagándoles trabajitos extras.Entre todas estas personas
había un vendedor de globos.Los tenía de todos
los colores y formas. Había algunos que se distinguían
por su tamaño. Otros eran bonitos porque imitaban a
algún animal conocido, o extraño. Grandes, chicos,
vistosos o raros, todos los globos eran originales y ninguno
se parecía al otro.Sin embargo, eran pocas las personas
que se acercaban a mirarlos, y menos aún los que pedían
para comprar algunos.Pero se trataba de un gran vendedor.
Por eso, en un momento en que toda la gente estaba ocupada
en curiosear y detenerse, hizo algo extraño.Tomó
uno de sus mejores globos y lo soltó.
Como
estaba lleno de aire muy liviano, el globo comenzó
a elevarse rápidamente y pronto estuvo por encima de
todo lo que había en la plaza.El cielo estabaclarito,
y el sol radiante de la mañana iluminaba aquel globo
que trepaba y trepaba, rumbo hacia el cielo, empujado lentamente
hacia el oeste por el viento quieto de aquella hora.El primer
niño gritó: -¡Mira mamá un globo!Inmediatamente
fueron varios más que lo vieron y lo señalaron
a sus chicos o a sus más cercanos. Para entonces, el
vendedor ya había soltado un nuevo globo de otro color
y tamaño mucho más grande. Esto hizo que prácticamente
todo el mundo dejara de mirar lo que estaba haciendo, y se
pusiera a contemplar aquel sencillo y magnífico espectáculo
de ver como un globo perseguía al otro en su subida
al cielo.Para completar la cosa, el vendedor soltó
dos globos con los mejores colores que tenía, pero
atados juntos. Con esto consiguió que un tropilla de
niños pequeños lo rodeara, y pidiera a gritos
que su papá o su mamá le comprara un globo como
aquellos que estaban subiendo y subiendo. Al gastar gratuitamente
algunos de sus mejores globos, consiguió que la gente
le valorara todos los que aún le quedaban, y que eran
muchos. Porque realmente tenía globos de todas formas,tamaños
y colores.En poco tiempo ya eran muchísimos los niños
que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que
imitando lo que viera, había dejado que el suyo trepara
en libertad por el aire.Había allí cerca un
niño negro, que con dos lagrimones en los ojos, miraba
con tristeza todo aquello.Parecía como si un honda
angustia se hubiera apoderado de él.El vendedor, que
era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole
le ofreció un globo.El pequeño movió
la cabeza negativamente, y se rehusó a tomarlo.-Te
lo regalo, pequeño-le dijo el hombre con cariño,
insistiéndole para que lo tomara.Pero el niño
negro, de pelo corto y ensortijado, con dos grandes ojos tristes,
hizo Una vez había una gran fiesta en un pueblo.
Toda
la gente había dejado sus trabajos y ocupaciones de
cada día para reunirse en la plaza principal, en donde
estaban los juegos y los puestitos de venta de cuanta cosa
linda una pudiera imaginarse.Los niños eran quienes
gozaban con aquellos festejos populares.Había venido
de lejos todo un circo, con payasos y equilibristas, con animales
amaestrados y domadores que les hacíanhacer pruebas
y cabriolas.También se habían acercado hasta
el pueblo toda clase de vendedores, que ofrecían golosinas,
alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí
los pesos que sus padres o padrinos les habían regalado
con objeto de sus cumpleaños, o pagándoles trabajitos
extras.Entre todas estas personas había un vendedor
de globos.Los tenía de todos los colores y formas.
Había algunos que se distinguían por su tamaño.
Otros eran bonitos porque imitaban a algún animal conocido,
o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos
los globos eran originales y ninguno se parecía al
otro.Sin embargo, eran pocas las personas que se acercaban
a mirarlos, y menos aún los que pedían para
comprar algunos.Pero se trataba de un gran vendedor. Por eso,
en un momento en que toda la gente estaba ocupada en curiosear
y detenerse, hizo algo extraño.Tomó uno de sus
mejores globos y lo soltó.Como estaba lleno de aire
muy liviano, el globo comenzó a elevarse rápidamente
y pronto estuvo por encima de todo lo que había en
la plaza.
El
cielo estabaclarito, y el sol radiante de la mañana
iluminaba aquel globo que trepaba y trepaba, rumbo hacia el
cielo, empujado lentamente hacia el oeste por el viento quieto
de aquella hora.El primer niño gritó: -¡Mira
mamá un globo!Inmediatamente fueron varios más
que lo vieron y lo señalaron a sus chicos o a sus más
cercanos. Para entonces, el vendedor ya había soltado
un nuevo globo de otro color y tamaño mucho más
grande. Esto hizo que prácticamente todo el mundo dejara
de mirar lo que estaba haciendo, y se pusiera a contemplar
aquel sencillo y magnífico espectáculo de ver
como un globo perseguía al otro en su subida al cielo.Para
completar la cosa, el vendedor soltó dos globos con
los mejores colores que tenía, pero atados juntos.
Con esto consiguió que un tropilla de niños
pequeños lo rodeara, y pidiera a gritos que su papá
o su mamá le comprara un globo como aquellos que estaban
subiendo y subiendo. Al gastar gratuitamente algunos de sus
mejores globos, consiguió que la gente le valorara
todos los que aún le quedaban, y que eran muchos. Porque
realmente tenía globos de todas formas,tamaños
y colores.En poco tiempo ya eran muchísimos los niños
que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que
imitando lo que viera, había dejado que el suyo trepara
en libertad por el aire.Había allí cerca un
niño negro, que con dos lagrimones en los ojos, miraba
con tristeza todo aquello.Parecía como si un honda
angustia se hubiera apoderado de él.El vendedor, que
era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole
le ofreció un globo.
El
pequeño movió la cabeza negativamente, y se
rehusó a tomarlo.-Te lo regalo, pequeño-le dijo
el hombre con cariño, insistiéndole para que
lo tomara.Pero el niño negro, de pelo corto y ensortijado,
con dos grandes ojos tristes, hizo nuevamente un ademán
negativo rehusando aceptar lo que se le estaba ofreciendo.Extrañado
el buen hombre le preguntó al pequeño que era
entonces lo que lo entristecía. Y el negrito le contestó,
en forma de pregunta:-Señor, si usted suelta ese globo
negro que tiene ahí ¿Será que sube tan
alto como los otros globos de colores?Entonces el vendedor
entendió. Tomó un hermoso globo negro, que nadie
había comprado, y desatándolo se lo entregó
al pequeño, mientras le decía:-Hace vos mismo
la prueba. Soltalo y verás como también tu globo
sube igual que todos los demás.Con ansiedad y esperanza,
el negrito soltó lo que había recibido, y su
alegría fue inmensa al ver que también el suyo
trepaba velozmente lo mismo que habían hecho los demás
globos. Se puso a bailar, a palmotear, a reírse de
puro contento y felicidad.Entonces el vendedor, mirándolo
a los ojos y acariciando su cabecita enrulada, le dijo con
cariño:-Mira pequeño, lo que hace subir a los
globos no es la forma ni el color, sino lo que tienen adentro.
Entre
el cielo y el infierno
Un hombre habló con el Señor acerca del cielo
y el infierno.
El Señor le dijo a ese hombre: "Ven, te mostraré
el infierno". Entraron en una habitación en donde
un grupo de personas se encontraba sentado alrededor de una
enorme olla de guisado.
Todos estaban desesperados y muertos de hambre. Cada persona
sostenía una cuchara que tocaba la olla, pero cada
cuchara tenía un mango mucho más largo que su
propio brazo, de tal manera que no podía utilizarse
para llevar el guisado a sus bocas. El sufrimiento era terrible.
"Ven,
ahora te mostraré el cielo", dijo el Señor,
después de un tiempo. Entraron en otra habitación,
idéntica a la primera (la olla de guisado, el grupo
de personas, las mismas cucharas con mango largo). Sin embargo,
allí todos estaban felices y bien alimentados.
"No
comprendo", dijo el hombre. "¿Por qué
están felices aquí, si en la otra habitación
se sienten miserables y todo es igual?"
El Señor sonrió. "Ah, es sencillo",
respondió. "Aquí aprendieron a alimentarse
mutuamente".
Es decir, mientras que en el infierno cada uno quiere comer
con su cuchara y no es capaz de compartir con los demás,
en el cielo cada uno piensa primero en el hermano y con su
propia cuchara lo alimenta.
¿Alimentas
tú a tus semejantes? No desde el punto de vista del
alimento físico, sino en el sentido amplio de compartir
con los demás (tu tiempo, tus posesiones, etc.).
Formula
para ir al cielo
En cierta ocasión le preguntaron a Ramesh uno de los
grandes sabios de la
India, lo siguiente:
Porque existen personas que salen fácilmente de los
problemas mas complicados, mientras que otros sufren por problemas
muy pequeños y se ahogan en un vaso de agua.
El simplemente sonrió y contó una historia....
Era un sujeto que vivió amorosamente toda su vida.
Cuando murió, todo el mundo
decía que el iría al cielo, pues un hombre tan
bondadoso solamente podría ir al
Paraíso.
En aquella época el cielo todavía no había
pasado por un programa de calidad total.
La recepción no funcionaba muy bien, y quien lo atendió
dio una ojeada rápida
a las fichas de entrada, pero como no vio su nombre en la
lista, le oriento para que pudiera llegar al infierno. Y como
en el infierno nadie pedía identificación, ni
invitación, (cualquiera que llegara era invitado a
entrar), el sujeto entro y se quedo.
Algunos días después, Lucifer llego furioso
a las puertas del Paraíso y le dijo a
San Pedro:
Eso que me estas haciendo es puro terrorismo!!!
Mandaste aquel sujeto al infierno y el me esta desmoralizando.
Llego escuchando a las personas, mirándolas a los ojos,
conversando con ellas, abrazándolas y besándolas.
El infierno no es lugar para eso, por favor trae a ese sujeto
para acá.
Cuando Ramesh termino de contar esta historia dijo: "Vive
con tanto amor en el corazón, que si por error vas
a parar al infierno, el propio demonio te traerá de
vuelta al Paraíso".
Humanos
de un ala.....
Un
día un ángel se arrodilló a los pies
de Dios y habló: "Señor, visité
toda tu creación. Estuve en todos los lugares. Vi que
eres parte de todas las cosas. Y por eso vine hasta Ti Señor
para tratar de entender. ¿Por qué cada una de
las personas sobre la tierra tiene apenas un ala? Los ángeles
tenemos dos. Podemos ir hasta el Amor que el Señor
representa siempre que lo deseamos. Podemos volar hacia la
libertad siempre que querramos. Pero los humanos con su única
ala no pueden volar. No podrán volar con apenas un
ala.
."Dios respondió: "Sí, ya se eso".
"Sé que hice a los humanos solamente con un ala..."
Intrigado
el ángel quería entender y preguntó:
" ¿Pero, por qué el Señor dió
a los hombres solamente un ala cuando son necesarias dos alas
para que puedan volar?"
Sin prisa, Dios respondió: "Ellos sí pueden
volar, mi ángel. Di a los humanos una sola ala para
que ellos pudiesen volar más y mejor que nuestros Arcángeles...
Para volar, mi pequeño amigo, tu precisas de tus dos
alas. Y aunque libre, tú estas solo. Mas los humanos...
Los humanos con su única ala
precisarán siempre dar las manos a alguien a fin de
tener sus dos alas. Cada uno ha de tener un par de alas. Cada
uno ha de buscar su segunda ala en alguien, "en algún
lugar del mundo", para que se complete su par. Así
todos aprenderán a respetarse y a no quebrar la única
ala de la otra persona
porque pueden estar acabando con su oportunidad de volar.
Así mi ángel, ellos aprenderán a amar
verdaderamente a la otra persona. Aprenderán que solamente
permitiéndose amar, ellos podrán volar. Tocando
el corazón de otra persona, ellos podrán encontrar
el ala que les falta y podrán finalmente volar. "Solamente
a través del amor podrán llegar hasta donde
estoy... Así
como lo haces Tú, mi ángel. "Ellos nunca,
nunca estarán solos al volar."
Las
Albondigas
Había
una vez una persona que vivía al lado de una carretera
donde vendía unas ricas albóndigas con pan.
Estaba muy ocupado y por lo tanto no oía radio, no
leía los periódicos ni veía la televisión.
Alquiló un trozo de terreno, colocó una gran
valla y anunció su mercancía gritando a todo
pulmón:
"Compren deliciosas albóndigas calientes".
Y la gente se las compraba. Aumentó la adquisición
de pan y carne. Compró un terreno más grande
para poder ocuparse de su negocio, y trabajó tanto
que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba
Ciencias Comerciales a fin de que le ayudara.
Sin
embargo, ocurrió algo muy importante; su hijo le dijo:
"Viejo, ¿tú no escuchas la radio, ni lees
los periódicos...?. Estamos sufriendo una grave crisis!.
La situación es realmente mala; peor no podría
estar!!".
El
padre pensó: "Mi hijo estudia en la Universidad,
lee los diarios, ve televisión y escucha la radio.
Debe saber mejor que yo lo que está pasando..."
Compró
entonces menos pan y menos carne. Sacó la valla anunciadora,
dejo el alquiler del terreno con el fin de eliminar los gastos
y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan.
Y las ventas fueron disminuyendo cada día más.
"Tenías
razón hijo mío", le dijo al muchacho. "Verdaderamente
estamos sufriendo una gran crisis".
MORALEJA
No
sigamos hablando de crisis.
Hablemos
sólo de hacer buenos negocios, buenos trabajos y buenas
tareas.
Si
nos programamos para fracasar, fracasaremos.
Si
nos mentalizamos para ganar, ganaremos.
Es
una simple elección personal.
Cuando estaba cerca de cumplir trece años y estudiaba
en un colegio público en mi ciudad natal, todos los
estudiantes recibimos una convocatoria para participar en
el equipo de ajedrez que nos representaría en los campeonatos
de nuestra región y a nivel nacional. La convocatoria
fue realizada por nuestro profesor de Biología, alguien
quien además de ser el mejor profesor de nuestro colegio,
era un aficionado a dicho juego. Todo consistía en
presentarse un fin de semana para jugar algo llamado: "Simultanea
de ajedrez" en la cual un maestro en dicho juego se enfrentaba
a varios aficionados en diferentes tableros durante toda una
jornada, hasta que quedara un vencedor, este normalmente era
el maestro.
Mi
mejor amigo de la infancia, Fabián Cristóbal,
me había enseñado a jugar ajedrez después
de que su hermano mayor, Guillermo se lo hubiera enseñado
a él; desde ese momento hasta la fecha de la simultanea,
habíamos creado un campeonato entre los dos que superaba
los cuatrocientos tableros jugados; lógicamente él
era superior a mí, pues lo había practicado
por más tiempo y él era mi maestro en el juego,
pero un día después de tantos tableros nos dijimos:
¡Jugaremos una ultima vez y el ganador, será
el ganador absoluto! Recuerdo que fue una batalla mental entre
dos niños que no estaban dispuestos a perder, y dos
horas después de haber sacrificado todas nuestras fichas
en dicho juego, declaramos el empate; es decir: "tablas".
Esa fue la mejor partida de ajedrez que jamás jugué
y la recuerdo con especial cariño, porque jamás
volví a jugar con él.
Volviendo a ese fin de semana en el colegio: Francisco Antonio
de Ulloa, Nuestro profesor de Biología estuvo muy animado
desde temprano, pues se presentaron treinta jugadores dispuestos
a ocupar un puesto dentro del equipo; Ese mismo día
descubrí que nuestro profesor era un maestro de ajedrez,
pues eliminó a la mitad de los jugadores con una magistral
destrezay en relativamente, poco tiempo.
Habíamos empezado a las 8:15 AM, y corría la
mañana con numerosos visitantes que se sorprendían
de las diferentes jugadas en los tableros que continuaban
con vida, había por lo menos 150 personas interesadas
en los diferentes desenlaces y por supuesto, algunos actuaban
como voluntarios ofreciendo
consejos gratis para vencer al maestro. Recuerdo que esa mañana
me vestí con el único traje limpio que tenía
y de hecho, era el único elegante que poseía:
color azul, tanto la camisa como el pantalón haciendo
juego con la correa y los zapatos negros.
Más
o menos a media mañana sucedió algo inusitado
en aquella simultanea de ajedrez, mi tablero le presento al
maestro, el único jaque con real peligro de terminar
en jaque -mate con dos jugadas adicionales; independientemente
de las jugadas que pudiera desarrollar el maestro en defensa
propia, el desenlace sería fatal para él. Como
consecuencia de eso, todos los tableros aceleraron sus jugadas,
terminaron a favor del maestro y tanto visitantes como jugadores
se concentraron alrededor de mi tablero, especialmente el
maestro. Quien empezó a sudar copiosamente, a respirar
entrecortado y a gesticular palabras que solo él entendía;
lo había puesto en un serio aprieto y él sabía
que iba a perder. Durante todo el tiempo que jugué
con Fabián Cristóbal nunca me importo perder,
porque simplemente era un juego, pero en el último
tablero que compartimos, nadie cedió nada y así
quedamos, literalmente empatados; pero en este caso, al maestro
le importaba mucho ese tablero y cuando me di cuenta de que
a mi no me importaba, moví una ficha atrás y
le deje un corredor para huir; el comprendió que lo
estaba ayudando y huyo por el camino que le preparé
y durante las siguientes dos horas nos dedicamos a soltar
nuestras mejores jugadas hasta que el juego terminó
en un empate.
El maestro sabía que jamás hubiera podido ganar
y que ese empate solo fue posible por el corredor que le deje
para huir. Su prestigio quedó intacto y salió
invicto de esa simultanea; pero yo sabía que le había
permitido eso por voluntad propia y sin eso, él hubiese
perdido sin remedio en ese tablero; la verdad quedó
entre el y yo; los demás disfrutaron de una verdadera
partida de ajedrez y salieron felices para su casa; el equipo
de ajedrez jamás se realizó, no había
presupuesto para viajes y otras cosas; así que no ocurrió
nada memorable de que arrepentirse por haber cedido esa partida.
Por otro lado, esa es la razón por la que menciono
las partidas simultáneas de ajedrez, aquel día
que aprendí por primera vez el significado del término:
"simultaneas de ajedrez". En ese entonces no sabía
si serían útiles.
Uno de los escritores que influyo mi decisión de escribir
fue Og Mandino, él solía referirse en varios
de sus libros a la manera como el jugaba una partida de ajedrez
con Dios y como de cuando en cuando aparecía en el
tablero de su vida, una jugada parecida a un jaque, que exigía
mayor cuidado y de cuya respuesta se desprendían nuevos
capítulos; él hacía énfasis en
sus respuestas y en cómo se las entregaba con una frase
parecida a esta: "Señor, ahora te toca a ti mover".
Ahora
bien, la idea de Og mandino y el recuerdo de la simultánea
de ajedrez en el Colegio donde estudie parte de la secundaria
se han presentado de manera insistente en mi corazón
para guiarme en un nuevo y fascinante descubrimiento. Todo
se ha desarrollado como un interesante hallazgo mientras leía
la primera novela del escritor Arthur Golden, quien a través
de la hermosa historia: "Memorias de una Geisha"
nos muestra el mundo oriental ayudado de una mágica
historia de amor con todos los ingredientes para atrapar la
atención del lector. Finalizando la novela, su protagonista,
La bella Sayuri expresa una idea magistralmente sencilla,
que encierra toda la sabiduría en ella: "Cuando
avanzas contracorriente cada punto de apoyo adquiere una importancia
característica". Esta frase resume mi idea de
cómo la vida es un maravilloso juego que se desarrolla
como una simultanea de ajedrez, con minucioso detalle y cuya
magnitud es simplemente sorprendente.
Sé que nuestra llegada a la tierra encierra para todos
un cúmulo de dificultades que vamos resolviendo con
el tiempo, unos mas que otros logran hacerlo de una manera
afortunada, pero sin temor a dudas cada dificultad se vuelve
parte de un capitulo que escribimos íntimamente y que
finalmente narra nuestra historia personal. Después
de este preámbulo prolongado, me arriesgo a compartir
algunas revelaciones que tuve permitiéndome escuchar
a mi corazón en muchos apartes de la vida, cuando llegue
a pensar que la misma era como un tablero de ajedrez en donde
pulía mis talentos y me deshacía de mis debilidades,
todo como un continuo caminar en compañía de
mi Padre. tal vez son importantes para mi, porque así
descubrí mas de mi relación con él, en
ningún momento son pretensiosas ni buscan algo contrario
a expresar amor.
Las partidas difíciles de ajedrez se ganan con paciencia.
Para ganar no es suficiente con querer ganar, es necesario
apoyarse en una paciencia inquebrantable que sea capaz de
voltear cualquier resultado en contra; es decir, desarrollar
la capacidad de sonreírle a la adversidad con la paciencia
necesaria para que esta renuncie agotada y se marche de nuestras
vidas. Siempre he creído que podemos extraer belleza
ahí en donde en apariencia solo encontramos fealdad
Aunque parezca imposible, la peor partida de ajedrez se puede
ganar. Es necesario un corazón bondadoso, bello y valiente,
pero adicional a eso, yo considero que debemos desarrollar
la astucia necesaria para prever la maldad a nuestro alrededor,
de tal manera que podamos evadirla sin lastimarnos. Se que
hay montañas de fracasos ahí en donde alguien
encontró el éxito. Sé que
en muchas ocasiones no obtenemos la respuesta que buscamos
porque no hacemos la pregunta correcta y se que en donde muchos
se preguntan: Porqué? siempre hay uno que se pregunta:
Porqué no? Siempre hay una solución y esa, siempre
es la mejor solución del Padre, la del amor.
El ajedrez así como la vida es un maravilloso juego.
Podemos vivirlo de una manera divertida, no necesariamente
descuidada; podemos comprender su funcionamiento y emplear
ese conocimiento para fluir a través de la vida sin
excusas ni lamentos; pero sobretodo, es un juego de gran dignidad,
así como el amor es una fuerza única que debemos
tratar con amoroso cuidado. Quiero decir, que debemos ser
dignos del regalo de la vida, del regalo del amor y hacer
todo lo que esta en nuestro alcance para ser merecedores de
ese privilegio. Pues no hay nada más gratificante que
disfrutar algo de lo que nos sentimos merecedores.
Sky Paradises
08.17.03
La vida es como el tiro con arco / Autor: Beatriz Alatorre
El
blanco era difícil.
Un
águila oscura con solo una pluma blanca en la punta
del ala volaba alto, muy alto en curvas caprichosas, y desde
el suelo con una sola flecha había que arrancarle la
plumita blanca sin herir al ave.
Llegó el primer arquero al centro reglamentario, y
el Maestro le preguntó: "-¿qué ves?"
Contestó: "-Veo el público, y mi familia
y amigos...; veo el prado y las plantas y los árboles
que me rodean; veo las nubes en el cielo, y el águila
que entre ellas vuela". "-Ves demasiado", dijo
el Maestro, y lo despidió.
Llegó el segundo. "-¿Qué ves?"
"-Veo sólo el punto blanco de la pluma que he
de alcanzar con mi flecha". "-Ves demasiado poco",
dijo el Maestro, y lo despidió.
Llegó el tercero. "-¿Qué ves?"
"-Más que ver, siento. Siento a mi alrededor el
público que con sus voces y sus gestos señalan
el vuelo del águila; siento en mi piel la fuerza y
la dirección del viento que me indica sin yo distraerme,
hacia dónde va a empujar mi flecha; siento el arco
y la flecha como prolongación de mi brazo y mano, y
la pluma blanca en el cielo que se deja acariciar desde aquí
por mi mirada". "-Tú estás preparado",
dijo el Maestro, "puedes tirar".
Hubo un momento de susurros y miradas, de brisas y caricias,
del sonido vibrante del arco seguro y la trayectoria certera
de la flecha veloz. Un momento en que el todo se unió
con el todo, y árboles y nubes y rostros y miradas
se unieron en la punta de la flecha y en el copo blanco de
la pluma que descendió satisfecha de satisfacer a todos.
Cuando todo es uno, todo vive".
Me
gustó la historia, firmada por la hermana Teresita
Santamaría, pues pensé que más que hacer
cosas hay que vivirlas, sentir ese momento mágico que
está escondido en cada cosa. A veces estamos replegados
sobre nosotros mismos, no somos capaces de ese sentir la vida.
El egoísmo nos impide darnos cuenta de lo que hay a
nuestro alrededor, nos anula, priva de ser uno mismo quien
actúa. Tendemos a dejarnos llevar por la rutina, el
aburrimiento, y en esta situación caben las dos posibilidades:
caer en la rutina que esclaviza -ver poco- o como el primer
arquero ver demasiado, divagar, es fácil que la imaginación
se desate y busque un refugio en la fantasía que, alejando
de la realidad, acaba adormeciendo la voluntad. Es la 'mística
ojalatera', hecha de ensueños vanos y de falsos idealismos:
¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no
tuviera esa profesión, ojalá tuviera más
salud, o menos años, o más tiempo!" En
esos casos, uno tiende a escapar de aquella situación
a la que no quiere enfrentarse. Como la protagonista de la
novela "Donde el corazón te lleve" de S.
Tamaro, que dice a la abuela que se va a América, pues
"así al menos no pierdo el tiempo y aprendo idiomas".
Pero le contesta la abuela que la vida no es una carrera sino
un tiro con arco, lo importante en la vida no es hacer muchas
cosas y no perder nunca el tiempo sino estar centrado, y el
que no está centrado está descentrado, inquieto
hasta que encuentra su centro.
Hay
que evitar esos dos peligros: ver tan poco que uno acaba esclavo
del deber, trabajo, afán de dinero... y está
aburrido; y como consecuencia la cabeza va hacia otra parte,
escapa entre ensueños que alejan de la realidad. Hemos
de vivir la vida, estar centrados en lo que toca en cada instante,
y "sentir" el momento presente como la única
cosa existente, sin pensar en lo que pasó ni en lo
que vendrá. Dios está como escondido en cada
quehacer, y ese "algo divino" que está en
todas las cosas está siempre ahí, esperando
que sepamos encontrarlo, vivir cada instante con "vibración
de eternidad", como recordaba estos días Mons.
Javier Echevarría con unos versos del poeta Joan Maragall,
que comprendía muy bien ese "algo divino"
encerrado en cada instante:
"Esfuérzate
en tu quehacer / como si de cada detalle que pienses, / de
cada palabra que digas, / de cada pieza que pongas, / de cada
golpe de martillo que des, / dependiese la salvación
de la humanidad / porque en efecto depende, créelo".
La luciernaga y la serpiente
Cuenta
la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir
a una Luciérnaga.
Ésta huía rápido con miedo, de la feroz
depredadora y la serpiente no pensaba desistir.
Huyó un día, y ella no desistía, dos
días y nada.....
En el tercer día, ya sin fuerzas, la Luciérnaga
paró y dijo a la serpiente;
-Puedo hacerte tres preguntas?
-No acostumbro dar éste precedente a nadie pero como
te voy a devorar, puedes preguntar.....
-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No, ¿Yo te hice algún mal?
- No
- Entonces, ¿Porque quieres acabar conmigo?
- Porque no soporto verte brillar.....
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