Cómo
enfrentar la decepción

La vida no siempre va de acuerdo con lo planeado. A veces las
cosas no salen como queremos. A veces la gente nos decepciona.
A veces nuestras esperanzas, sueños y expectativas se
estrellan contra el suelo produciendo un ruido ensordecedor.
Con
los años me he sentido decepcionada más veces
de las que puedo contar. Una oportunidad que parecía
prometedora que no se concretó. Una persona a la que
tenía en alta estima que actuó mal. Un trabajo
que quería que le dieron a otra persona. Apenas la semana
pasada sentí una gran decepción cuando mi hijo
mayor no fue seleccionado para el equipo de baloncesto. Había
puesto su corazón en ello. Cuando mi marido le dio la
noticia, me encontré luchando en vano por contener las
lágrimas por la decepción que sentí por
él (cómo a los padres nos disgusta ver a nuestros
hijos sufrir).
Estoy
segura de que has tenido tu propia cuota de decepciones. Tal
vez estás pasando por una (o varias) en estos momentos.
La
decepción es la emoción que sentimos cuando no
conseguimos el resultado que queremos o esperamos. Cuando la
realidad no se ajusta a lo que pensamos que "debería
ser", se produce en nosotros una decepción (a menudo
combinada con resentimiento o frustración), a veces con
una intensidad que nos golpea con fuerza. Como seres humanos
empeñados en apegarnos a ciertos resultados, estamos
destinados a experimentar decepción en el curso de nuestras
vidas. Acabo de pasar dos días la semana pasada con el
Dalai Lama y ahora sé que incluso el ser más "iluminado"
entre nosotros no es inmune a emociones como la decepción.
Más bien ha aprendido a no dejar que esas emociones permanezcan
en él.
Pero
creo profundamente que si las cosas salieran como quisiéramos
todo el tiempo, no podríamos valorar los éxitos
y nunca desarrollaríamos la capacidad de persistir o
adquirir la sabiduría destinada a nosotros. Son los golpes
en la vida, los reveses y las desilusiones las que nos permiten
saborear y apreciar plenamente las victorias y los éxitos.
Cuando
enfrento una decepción, me siento llamada a profundizar
mi fe, con la creencia de que todo es exactamente como debe
ser (aunque eso no siempre sea como yo quiero), para mí
y para mis propios recursos. También me anima a escuchar
con mayor atención a mi propia intuición y confiar
en que dentro de cada desilusión se encuentra la semilla
de un beneficio equivalente o superior. Sólo tengo que
encontrarla. Sólo tienes que encontrarla. ¿Eso
disminuye el impacto de mi hijo cuando tuvo que aceptar que
la realidad fue diferente a la que esperaba? No. No mucho. Pero
tengo mucha fe en su carácter, en su capacidad de recuperación
y en su capacidad para enfrentar las decepciones para que pueda
alinear su camino con fortaleza reforzada gracias a ello.
Nuestra
decepción puede aliviarse cuando nos damos cuenta que
no importa lo duro que podamos intentar o esperar que sea de
otro modo. No podemos obligar al mundo a someterse a nuestra
idea de cómo debería ser, ni obligar a la gente
a actuar de cierta manera. Esperar que los que nos rodean nos
respondan siempre con sabiduría, generosidad, buen juicio
o humildad, es exponernos a la decepción. Así
como nuestro ego a veces se interpone a lo mejor en nosotros,
así también los demás son víctimas
de ello.
Del
mismo modo, no podemos esperar que la vida se desarrolle siempre
de una cierta manera. Que nuestras buenas obras sean reconocidas,
que nuestra generosidad sea correspondida, que nuestra honestidad
sea recompensada, o que nuestro valor sea reconocido. Al menos
no en el corto plazo.
Todo
lo que puedes hacer de cara a las decepciones que la vida ponga
en tu camino es dar un paso adelante cada día a cada
nuevo reto (aunque sea inesperado, injusto o de enormes proporciones)
con confianza en ti mismo, fe en tu futuro y con los brazos
abiertos a la experiencia que la vida ponga en tu camino. La
vida sólo puede vivirse en cada momento. Perdemos la
oportunidad cuando pasamos nuestros días atrapados en
el remordimiento y el resentimiento de lo que pasó ayer,
o en el miedo y la ansiedad sobre lo que podría suceder
mañana.
Ahora
mismo, en este momento, confía en que estás exactamente
donde tienes que estar y que las lecciones valiosas de sabiduría,
coraje, fe y confianza en ti mismo están a la espera
de que tú las descubras. Y para aquellos de ustedes que
estén decepcionados, saben que tienen sus propias lecciones
que aprender y que en última instancia arrieros somos
y en el camino andamos.
Les
animo a respirar profundamente en este momento. Hasta el fondo
de su estómago, y mientras exhalan, dejen que se vayan
sus ansiedades sobre el futuro y las decepciones del pasado.
Más bien da hoy lo mejor que tienes; por todo lo que
es, y por todo lo que no es.