Estimado
lector
Recibí
en un boletin este relato que me pareció fantástico
y decidí compartirlo con vos.
Fuente:
http://pensamientosensible.blogspot.com/
Lo
peor que puede pasarte
"Abuelo,
¿qué es lo peor que podría pasarme
en la vida?". No le sorprendió la pregunta:
Teo ya estaba en edad de mirar hacia adelante. Entonces,
con la misma voz de cuando le contaba cuentos, Abuelo le
dijo: "En este mundo todo ha sido creado por opuestos;
cada veneno tiene su antídoto. Voy a mostrarte algo..."
Con gesto de ilusionista, trazó un círculo
en el aire, y empezó a describir la historia de la
Humanidad: distintas épocas y culturas... guerras,
inventos, arte, persecuciones, reyes y obreros... toda la
hermosura, toda la negrura... Y Teo veía. VEÍA!
Hasta que Abuelo se detuvo. "Es vital que recuerdes
esto: aunque no lo parezca, EL MOTOR DEL MUNDO ES EL AMOR.
¿Y... sabes cuál es el antídoto del
Amor...?" "Claro: el Odio!". "Teo, quiero
que VEAS, no que repitas lo que aprendiste!" Entonces
la conciencia de Teo se abrió... y VIO. Vio que a
millones de seres, a lo largo de la historia, el Odio les
había hecho germinar las semillas del Amor: gestaban
justicia derrocando a la injusticia, reconstruían
lo destruido... Habiendo sido saqueados, daban. Habiendo
siendo abusados, luchaban para que a otros no les pasara
lo mismo...
"Me
equivoqué!, -dijo Teo-. ¿Cuál es, entonces,
Abuelo, el antídoto del Amor?". "Mmmm...
¿Ves esos seres empeñados en seguir generando
belleza, cobijo, equidad, ternura... siglo tras siglo, aún
con pequeños gestos, para que las cosas sean DIFERENTES...?"
Teo se quedó buscando la respuesta. Hasta que la
vio. LA VIO! La vio en los ojos de millones de personas,
de todas las épocas: ojos que parecían de
vidrio. OJOS QUE HABÍAN ELEGIDO NO VER. Entonces
exclamó: "El antídoto del Amor no es
el Odio; es la INDIFERENCIA!"
"Acertaste! SER IN-DIFERENTE es anestesiar la propia
posibilidad de HACER DIFERENCIA en este mundo. Y eso, Teo,
tiene un precio." "¿Qué precio,
Abuelo?" "¿Recuerdas cuando te heriste
la mano y tuvieron que cosértela? Al anestesiártela,
cerrando los ojos me dijiste: 'Abuelo: no tengo más
mano!'. Yo, torpemente, procuré acariciarla; y al
hacerlo me di cuenta de lo obvio: la anestesia, sí,
te había quitado la posibilidad del dolor. Pero también
la de sentir mi caricia."
Abuelo prosiguió: "A lo largo de mi vida afronté
muchas tentaciones: la de creerme superior por saber lo
que otros no sabían... la de manipular para beneficiarme...
la de no devolver lo que me habían prestado... Cada
tentación es una prueba para nuestra valía!
Y descubrí que la tentación mayor, la que
puede volver inútil nuestro paso por este mundo,
es la in-diferencia. La in-diferencia respecto de lo que
SÍ esté a mi alcance hacer para que SÍ
haya una Diferencia, aunque sea mínima: anestesiar
mi pasión por hacer LO POSIBLE, aunque duela el dolor
ajeno (y el propio). Cuando esa tentación aparece,
me recito a mí mismo los versos de Machado: 'En el
corazón tenía la espina de una pasión.
/ Logré arrancármela un día: ya no
siento el corazón.'" Teo musitó, conmovido:
"¡Yo quiero seguir sintiendo mi corazón!"
Como en una ceremonia, Abuelo tomó de su caja un
recorte de diario:"Entonces quiero que mires esta foto;
no la olvides nunca". Y ambos VIERON. El resto fue
el más lúcido, el más bello de los
silencios...