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El
principio de providencia - Fuente: www.puertadelmar.com.ar
Los diccionarios definen al vocablo príncipio como
sinónimo de Dios, acepción aceptada por la Iglesia.
Entretanto, en el Camino Infinito, usamos ese termino para
designar los principios de la vida que cimientan nuestro trabajo
y nuestra conciencia. Precisamos de principios a través
de los cuales podamos trabajar y sobre los cuales podamos
mantenernos para superar la fe ciega.
Existen principios en todos los negocios, en todas las artes,
en todos los tipos de trabajo. Aquellos que viven según
estos principios, todavía que enfrenten innumerables
dificultades, acaban por alcanzar el éxito.
Eso
se aplica sobretodo a nuestro trabajo. En ese caso los principios
son necesarios porque estamos continuamente envueltos con
simulacros de discordia, a saber: pecado, varias formas de
enfermedades, envejecimiento, la propia muerte, carencias,
limitaciones y pobreza. Dice la Biblia que siempre habrá
pobres entre nosotros - y con seguridad los tendremos hasta
que el principio de provisión sea comprendido, y por
cierto habremos de estar enfermos hasta que el principio de
salud sea aprendido.
Porque
sufrimos de carencia.
El
principio de providencia, según el Camino Infinito,
consiste en nuestra unicidad con Dios, pues tenemos todo lo
que el Padre tiene: " Yo y el Padre somos uno; todo lo
que mi Padre posee es mío" . Si personalmente
algo nos falta, no se trata de una falta verdadera, sino apenas
de una incapacidad para entrar en contacto con nuestro fuente
de aprovisionamiento.
El principio de provisión es la constatación
de que ya poseemos, por más que las apariencias talvez
no confirmen ese hecho. Una vez que yo y el Padre somos uno
y que todo lo que El posee es mío, nosotros poseemos:
"Hijo, tu siempre estás conmigo y todas mis cosas
son tuyas" (Lucas, 15:31.). En la cualidad de hijos de
Dios, somos coherederos con Cristo de todo el patrimonio celeste
del Padre. Ahí hay una verdad espiritual presentada
para la conciencia humana.
La
providencia invisible.
El
mundo busca su bien fuera de sí mismo. Busca la paz,
la alegría, la satisfacción, el hogar, el compañerismo,
o la providencia allá afuera, en el ámbito de
las cosas y de las personas. Mas dice el Maestro: "Mi
reino no es de esté mundo" (Juan, 18:36.). Cuando
tomamos por el camino espiritual, aprendemos que las armas
del mundo no son para nosotros, que el modo con que el mundo
se protege no es para nosotros, que la forma que busca la
felicidad no es para nosotros.
Si
reflexionamos sobre la frase "el Reino de Dios está
dentro de ti", inmediatamente quedará claro que
buscar el bien afuera es algo que no funciona. Es preciso
buscarlo adentro de nosotros mismos. Los guías espirituales
de todas las épocas concuerdan con eso.
La vivencia espiritual se basa en la capacidad de entrar en
contacto con Dios. Comprendamos de una ves por todas que existe
un Dios. Y no solamente existe, sino que está siempre
a nuestra disposición. Nuestro poeta místico,
asevera que Él se encuentra más próximo
que la respiración, de nuestras manos y nuestros pies.
El maestro nos enseña que el Reino de Dios está
dentro de nosotros.
Si
no tenemos sentimiento de la vida eterna, si no gozamos de
armonía, de paz y de prosperidad que nos corresponde
como hijos de Dios, confesemos sin tardanza que no estamos
unidos a Él, que no lo conocemos bien. "Unete,
a Él y ten paz, y así te sobrevendrá
el bien" (Jo, 22:21). Él dirigirá tus pasos
y estarás sereno. Si, no nos unimos a Él. ConocerLo
bien significa orientar todos nuestros propósitos para
la paz. Se trata, verdaderamente, de recibir la bendición
de la vida eterna, de la vida armoniosa - de la buena vida.
Extraido
del libro "La providencia invisible" Joel S. Goldsmith
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