Él
escogió vivir

Tumbado
en la cama, Buckminster Fuller miró al techo. Las cucarachas
y suciedad que le rodeaban. Había perdido su propósito
en la vida. Su pasión por el descubrimiento se había
perdido también. Poner fin a su vida parecía ser
la única respuesta.
Era
el año 1927. El alcohol era la salida más fácil.
Y así lo hizo. A los 32 ya había asistido dos
veces a la Universidad de Harvard, hacía sólo
unos cuantos años. La mayoría de las personas
no van a la Universidad de Harvard ni siquiera una vez en toda
su vida, pero él asistió en dos ocasiones, y fue
expulsado... dos veces.
Él
se proclamaba un inconformista. El desajustado de la fraternidad.
Harvard no toleraba sus acciones, aunque era brillante. Perdió
su lugar en la universidad por primera vez a causa de una fiesta
inadecuada. La segunda vez fue expulsado por falta de interés.
Así que ahí estaba, quebrado. A pesar de que era
un maquinista de profesión y había servido en
la marina, no tenía dinero.
Abatido
por estos hechos y por la reciente muerte de su hija de 4 de
años, Fuller se retiró de la vida. Pensando cómo
ponerle fin, se encontró con un reto. Un desafío
a sí mismo que a la larga lo llevaría de vuelta
a la vida, la creación, el diseño y la investigación.
El reto era bastante simple, pero le había cambiado la
vida. El suicidio no era la respuesta a su depresión.
La solución fue "encontrar lo que un individuo puede
hacer para contribuir al cambio en el mundo y beneficiar a toda
la humanidad".
Como
había sido un comensal habitual de un restaurante en
el Greenwich Village de Nueva York, les sugirió intercambiarles
sus comidas por un proyecto de redecoración del restaurante.
Al relacionarse con la gente y correr el riesgo de intentarlo
de nuevo, lentamente comenzó su viaje de regreso. Buckminster
Fuller fue de la quiebra y el suicidio, a autor, diseñador,
futurista, inventor e incluso sirvió como el segundo
presidente de Mensa (una sociedad exclusiva para genios certificables).
Antes de que su vida acabara en 1983, a la avanzada edad de
87 años, este "gurú del diseño"
inventó el domo geodésico, viajó por el
mundo, escribió más de 25 libros, dio conferencias
en algunas de las salas más reconocidas de todo el mundo,
y le dio el nombre a una familia de complejas estructuras de
carbono llamadas "Buckminster o Bucky Balls".
Todo
esto y mucho más sucedió debido a que optó
por creer que la vida valía la pena, no porque tuviera
todas las respuestas a la vez. Tampoco recuperó su vida
de la noche a la mañana. Buckminster tenía una
mente compleja llena de preguntas que eligió utilizar
para cambiar su mundo.
Escribió
un diario de su vida cada 15 minutos desde 1915 hasta 1983...
posiblemente, la vida más documentado en la historia.
Buckminster tomó en serio el desafío de la vida
sobre la muerte y cumplió con los intereses de su vida.
Me
he sentido agobiada en la vida y muy triste. He tenido que optar
por levantarme y volver a intentarlo. Creo que intentar y fallar
no es una desgracia. Quiero animarte si estás desanimado
o deprimido. Hay esperanza. Sé que a veces es difícil
elegir. Quiero que sepas que no estás solo. Al igual
que Buckminster, puede que tengas que reinventar tu vida. Pero
vale la pena. El mundo necesita lo que tienes que ofrecer.