Evangelio
Esenio
- Por Bordeaux-Szekelly
Y
entonces muchos enfermos y tullidos fueron a Jesús,
preguntándole: "Si todo lo sabes, dinos ¿por
qué sufrimos estas penosas lagas? ¿Por qué
no estamos enteros como los demás hombres? maestro,
cúranos, para que nos hagamos fuertes y no tengamos
que vivir por más tiempo en nuestro sufrimiento. Sabemos
que en tu poder está curar todo tipo de enfermedad.
Líbranos de Satán y de todos sus grandes males.
Maestro, ten compasión de nosotros". Y Jesús
respondió: "Felices vosotros que tenéis
hambre de la verdad, pues os satisfaré con el pan de
la sabiduría. Felices vosotros que llamáis,
pues os abriré la puerta de la vida. Felices vosotros
que rechazáis el poder de Satán, pues os conduciré
al reino de los ángeles de nuestra Madre, donde el
poder de Satán no puede penetrar."
Y ellos le preguntaron con desconcierto: "¿Quién
es nuestra Madre y cuáles son sus ángeles? ¿Y
dónde se halla su reino?".
"Vuestra Madre está en vosotros y vosotros en
ella. Ella os alumbró y ella os da vida. Fue ella quien
dio vuestro cuerpo, y a ella se lo devolveréis de nuevo
algún día. Felices vosotros cuando lleguéis
a conocerla, así como a su reino; si recibís
a los ángeles de vuestra Madre y cumplís sus
leyes. En verdad os digo que quien haga esto nunca conocerá
la enfermedad. Pues el poder de nuestra Madre está
por encima de todo. Y destruye a Satán y su reino,
y tiene gobierno sobre todos vuestros cuerpos y sobre todas
las cosas vivas".
"La sangre que en nosotros corre ha nacido de la sangre
de nuestra Madre Terrenal. Su sangre cae de las nubes, brota
del seno de la tierra, murmura en los arroyos de las montañas,
fluye espaciosamente en los ríos de las llanuras, duerme
en los lagos y se enfurece poderosa en los mares tempestuosos".
"El aire que respiramos ha nacido del aliento de nuestra
Madre Terrenal. Su respiración es azul celeste en las
alturas de los cielos, silba en las cumbres de las montañas,
susurra entre las hojas del bosque, ondea sobre los trigales,
dormita en los valles profundos y abrasa en el desierto".
"La dureza de nuestros huesos ha nacido de los huesos
de nuestra Madre Terrenal, de las rocas y de las piedras.
Se yerguen desnudas a los cielos en lo alto de las montañas,
son como gigantes que yacen dormidos en las faldas de las
montañas, como ídolos levantados en el desierto,
y están ocultos en las profundidades de la tierra".
"La
delicadeza de nuestra carne ha nacido de la carne de nuestra
Madre Terrenal; carne que madura amarilla y roja en los frutos
de los árboles, y nos alimenta en los surcos de los
campos".
"Nuestros intestinos han nacido de los intestinos de
nuestra Madre Terrenal, y están ocultos a nuestros
ojos como las profundidades invisibles de la tierra".
"La luz de nuestros ojos y el oír de nuestros
oídos nacen ambos de los colores y de los sonidos de
nuestra Madre Terrenal, que nos envuelve como las olas del
mar al pez, o como el aire arremolinado al ave".
"En verdad os digo que el Hombre es Hijo de la Madre
Terrenal, y de ella recibió el Hijo del Hombre todo
su cuerpo, del mismo modo que el cuerpo recién nacido
nace del seno de su madre. En verdad os digo que sois uno
con la Madre Terrenal; ella está en vosotros y vosotros
en ella. De ella nacisteis, en ella vivís y a ella
de nuevo retornaréis. Guardad por tanto Sus leyes,
pues nadie puede vivir
mucho ni ser feliz sino aquél que honra a su Madre
Terrenal y cumple Sus leyes. Pues vuestra respiración
es Su respiración; vuestra sangre Su sangre; vuestros
huesos Sus huesos; vuestra carne Su carne; vuestros intestinos
Sus intestinos; vuestros ojos y vuestros oídos son
Sus ojos y Sus oídos".
"En verdad os digo que si dejaseis de cumplir una sola
de todas estas leyes, si dañaseis uno sólo de
los miembros de todo vuestro cuerpo, os perderíais
irremisiblemente en vuestra dolorosa enfermedad y sería
el llorar y rechinar de dientes. Yo os digo que, a menos que
sigáis las leyes de vuestra Madre, no podréis
de ningún modo escapar a la muerte. Y quien abraza
a las leyes de su Madre, a él abrazará su madre
también. Ella curará todas sus plagas y él
nunca enfermará. Ella le dará larga vida y le
protegerá de todo mal; del fuego, del agua, de la mordedura
de las serpientes venenosas. Pues ya que vuestra madre os
alumbró, conserva la vida en vosotros. Ella os ha dado
Su cuerpo, y nadie sino Ella os cura. Feliz es quien ama a
su Madre y yace sosegadamente en Su regazo. Porque vuestra
Madre os ama, incluso cuando le dais la espalda. Y ¿cuánto
más os amará si regresáis de nuevo a
Ella? En verdad os digo que muy grande es Su amor, más
grande que la mayor de las montañas y más profundo
que el más hondo de los mares. Y aquellos quienes aman
a su Madre.
Ella nunca les abandona. Así como la gallina protege
a sus polluelos, como la leona a sus cachorros, como la madre
a su recién nacido, así protege la Madre Terrenal
al Hijo del Hombre de todo peligro y de todo mal. "Pues
en verdad os digo que males y peligros innumerables esperaan
a los Hijos de los Hombres. Belcebú, el príncipe
de todos los demonios, la fuente de todo mal, acecha en el
cuerpo de todos los Hijos de los Hombres. Él es la
muerte, el señor de toda plaga y, poniéndose
una vestimenta agradable tienta y seduce a los Hijos de los
Hombres. Promete riqueza y poder, y espléndidos palacios,
y adornos de oro y plata, y numerosos sirvientes. Promete
gloria y renombre, sensualidad y fornicación, borrachera
y atracón, vida desenfrenada, holgazanería y
ocio. Y tienta a cada cual según aquello por lo que
más se inclina su corazón. Y el día en
que los Hijos de los Hombres ya se han vuelto esclavos de
todas estas vanidades y abominaciones, entonces él,
en pago de ello, les arrebata todas aquellas cosas que la
Madre Terrenal tan abundante les dio.
Les
arrebata su respiración, su sangre, sus huesos, su
carne, sus intestinos, sus ojos y sus oídos. Y la respiración
del Hijo del Hombre se vuelve corta y sofocada, trabajosa
y maloliente como la de las bestias inmundas. Y su sangre
se vuelve espesa y fétida, como el agua de las ciénagas;
se coagula y ennegrece como la
noche de la muerte. Y sus huesos se vuelven duros y nudosos;
se deshacen por dentro y por fuera se resquebrajan, como una
piedra cayendo sobre una roca. Y su carne se vuelve grasienta
y acuosa; se corrompe y se pudre con costras y forúnculos
que son una abominación. Y sus intestinos se llenan
de inmundicia detestable rezumando corrientes en putrefacción;
y en ellos habitan numerosos
gusanos abominables. Y sus ojos se enturbian, hasta que la
noche oscura los envuelve; y sus oídos se tapan, come
el silencio de la tumba. Y por último, el Hijo del
Hombre perderá la vida. Pues no guardó las leyes
de su Madre, sino que sumó un pecado a otro. Por ello
le son arrebatados todos los dones de la Madre Terrenal: la
respiración, la sangre, los huesos, la carne, los intestinos,
los ojos y los oídos y, por último, la vida
con la que coronó su cuerpo la Madre Terrenal".
"Pero
si el pecador Hijo del Hombre se arrepiente de sus culpas
y las repara, y regresa de nuevo a su Madre Terrenal; y si
cumple las leyes de su Madre Terrenal y se libera de las garras
de Satán resistiendo sus tentaciones, entonces la Madre
Terrenal recibe de nuevo a su Hijo pecador con amor y le envía
sus ángeles para que le sirvan. En verdad os digo que
cuando el Hijo del Hombre resiste al Satán que habita
en él y no hace su voluntad, en esa misma hora se hallan
ahí los ángeles de la Madre para servirle con
todo su poder y liberarle por entero del poder de Satán.
"Pues ningún hombre puede servir a dos señores.
Porque o bien sirve a Belcebú y sus demonios o sirve
a nuestra Madre Terrenal y a sus ángeles. O sirve a
la muerte o sirve a la vida. En verdad os digo qué
felices son aquellos que cumplen las leyes de la vida y no
vagan por los caminos de la muerte.
Y cuantos le rodeaban escuchaban sus palabras con asombro
pues su palabra tenía poder y enseñaba de manera
bien distinta a la de los sacerdotes y escribas.
Y aunque el sol ya se había puesto, no se fueron a
sus casas. Se sentaron alrededor de Jesús y le preguntaron:
"Maestro ¿cuáles son esas leyes de la vida?
Quédate con nosotros un rato más y enséñanos.
Queremos escuchar tu enseñanza para que podamos curarnos
y volvernos rectos