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Evangelio
Esenio
- Por Bordeaux-Szekelly
Y
entonces muchos enfermos y tullidos fueron a Jesús,
preguntándole: "Si todo lo sabes, dinos ¿por
qué sufrimos estas penosas lagas? ¿Por qué
no estamos enteros como los demás hombres? maestro,
cúranos, para que nos hagamos fuertes y no tengamos
que vivir por más tiempo en nuestro sufrimiento. Sabemos
que en tu poder está curar todo tipo de enfermedad.
Líbranos de Satán y de todos sus grandes males.
Maestro, ten compasión de nosotros". Y Jesús
respondió: "Felices vosotros que tenéis
hambre de la verdad, pues os satisfaré con el pan de
la sabiduría. Felices vosotros que llamáis,
pues os abriré la puerta de la vida. Felices vosotros
que rechazáis el poder de Satán, pues os conduciré
al reino de los ángeles de nuestra Madre, donde el
poder de Satán no puede penetrar."
Y ellos le preguntaron con desconcierto: "¿Quién
es nuestra Madre y cuáles son sus ángeles? ¿Y
dónde se halla su reino?".
"Vuestra Madre está en vosotros y vosotros en
ella. Ella os alumbró y ella os da vida. Fue ella quien
dio vuestro cuerpo, y a ella se lo devolveréis de nuevo
algún día. Felices vosotros cuando lleguéis
a conocerla, así como a su reino; si recibís
a los ángeles de vuestra Madre y cumplís sus
leyes. En verdad os digo que quien haga esto nunca conocerá
la enfermedad. Pues el poder de nuestra Madre está
por encima de todo. Y destruye a Satán y su reino,
y tiene gobierno sobre todos vuestros cuerpos y sobre todas
las cosas vivas".
"La sangre que en nosotros corre ha nacido de la sangre
de nuestra Madre Terrenal. Su sangre cae de las nubes, brota
del seno de la tierra, murmura en los arroyos de las montañas,
fluye espaciosamente en los ríos de las llanuras, duerme
en los lagos y se enfurece poderosa en los mares tempestuosos".
"El aire que respiramos ha nacido del aliento de nuestra
Madre Terrenal. Su respiración es azul celeste en las
alturas de los cielos, silba en las cumbres de las montañas,
susurra entre las hojas del bosque, ondea sobre los trigales,
dormita en los valles profundos y abrasa en el desierto".
"La dureza de nuestros huesos ha nacido de los huesos
de nuestra Madre Terrenal, de las rocas y de las piedras.
Se yerguen desnudas a los cielos en lo alto de las montañas,
son como gigantes que yacen dormidos en las faldas de las
montañas, como ídolos levantados en el desierto,
y están ocultos en las profundidades de la tierra".
"La
delicadeza de nuestra carne ha nacido de la carne de nuestra
Madre Terrenal; carne que madura amarilla y roja en los frutos
de los árboles, y nos alimenta en los surcos de los
campos".
"Nuestros intestinos han nacido de los intestinos de
nuestra Madre Terrenal, y están ocultos a nuestros
ojos como las profundidades invisibles de la tierra".
"La luz de nuestros ojos y el oír de nuestros
oídos nacen ambos de los colores y de los sonidos de
nuestra Madre Terrenal, que nos envuelve como las olas del
mar al pez, o como el aire arremolinado al ave".
"En verdad os digo que el Hombre es Hijo de la Madre
Terrenal, y de ella recibió el Hijo del Hombre todo
su cuerpo, del mismo modo que el cuerpo recién nacido
nace del seno de su madre. En verdad os digo que sois uno
con la Madre Terrenal; ella está en vosotros y vosotros
en ella. De ella nacisteis, en ella vivís y a ella
de nuevo retornaréis. Guardad por tanto Sus leyes,
pues nadie puede vivir
mucho ni ser feliz sino aquél que honra a su Madre
Terrenal y cumple Sus leyes. Pues vuestra respiración
es Su respiración; vuestra sangre Su sangre; vuestros
huesos Sus huesos; vuestra carne Su carne; vuestros intestinos
Sus intestinos; vuestros ojos y vuestros oídos son
Sus ojos y Sus oídos".
"En verdad os digo que si dejaseis de cumplir una sola
de todas estas leyes, si dañaseis uno sólo de
los miembros de todo vuestro cuerpo, os perderíais
irremisiblemente en vuestra dolorosa enfermedad y sería
el llorar y rechinar de dientes. Yo os digo que, a menos que
sigáis las leyes de vuestra Madre, no podréis
de ningún modo escapar a la muerte. Y quien abraza
a las leyes de su Madre, a él abrazará su madre
también. Ella curará todas sus plagas y él
nunca enfermará. Ella le dará larga vida y le
protegerá de todo mal; del fuego, del agua, de la mordedura
de las serpientes venenosas. Pues ya que vuestra madre os
alumbró, conserva la vida en vosotros. Ella os ha dado
Su cuerpo, y nadie sino Ella os cura. Feliz es quien ama a
su Madre y yace sosegadamente en Su regazo. Porque vuestra
Madre os ama, incluso cuando le dais la espalda. Y ¿cuánto
más os amará si regresáis de nuevo a
Ella? En verdad os digo que muy grande es Su amor, más
grande que la mayor de las montañas y más profundo
que el más hondo de los mares. Y aquellos quienes aman
a su Madre.
Ella nunca les abandona. Así como la gallina protege
a sus polluelos, como la leona a sus cachorros, como la madre
a su recién nacido, así protege la Madre Terrenal
al Hijo del Hombre de todo peligro y de todo mal. "Pues
en verdad os digo que males y peligros innumerables esperaan
a los Hijos de los Hombres. Belcebú, el príncipe
de todos los demonios, la fuente de todo mal, acecha en el
cuerpo de todos los Hijos de los Hombres. Él es la
muerte, el señor de toda plaga y, poniéndose
una vestimenta agradable tienta y seduce a los Hijos de los
Hombres. Promete riqueza y poder, y espléndidos palacios,
y adornos de oro y plata, y numerosos sirvientes. Promete
gloria y renombre, sensualidad y fornicación, borrachera
y atracón, vida desenfrenada, holgazanería y
ocio. Y tienta a cada cual según aquello por lo que
más se inclina su corazón. Y el día en
que los Hijos de los Hombres ya se han vuelto esclavos de
todas estas vanidades y abominaciones, entonces él,
en pago de ello, les arrebata todas aquellas cosas que la
Madre Terrenal tan abundante les dio.
Les
arrebata su respiración, su sangre, sus huesos, su
carne, sus intestinos, sus ojos y sus oídos. Y la respiración
del Hijo del Hombre se vuelve corta y sofocada, trabajosa
y maloliente como la de las bestias inmundas. Y su sangre
se vuelve espesa y fétida, como el agua de las ciénagas;
se coagula y ennegrece como la
noche de la muerte. Y sus huesos se vuelven duros y nudosos;
se deshacen por dentro y por fuera se resquebrajan, como una
piedra cayendo sobre una roca. Y su carne se vuelve grasienta
y acuosa; se corrompe y se pudre con costras y forúnculos
que son una abominación. Y sus intestinos se llenan
de inmundicia detestable rezumando corrientes en putrefacción;
y en ellos habitan numerosos
gusanos abominables. Y sus ojos se enturbian, hasta que la
noche oscura los envuelve; y sus oídos se tapan, come
el silencio de la tumba. Y por último, el Hijo del
Hombre perderá la vida. Pues no guardó las leyes
de su Madre, sino que sumó un pecado a otro. Por ello
le son arrebatados todos los dones de la Madre Terrenal: la
respiración, la sangre, los huesos, la carne, los intestinos,
los ojos y los oídos y, por último, la vida
con la que coronó su cuerpo la Madre Terrenal".
"Pero
si el pecador Hijo del Hombre se arrepiente de sus culpas
y las repara, y regresa de nuevo a su Madre Terrenal; y si
cumple las leyes de su Madre Terrenal y se libera de las garras
de Satán resistiendo sus tentaciones, entonces la Madre
Terrenal recibe de nuevo a su Hijo pecador con amor y le envía
sus ángeles para que le sirvan. En verdad os digo que
cuando el Hijo del Hombre resiste al Satán que habita
en él y no hace su voluntad, en esa misma hora se hallan
ahí los ángeles de la Madre para servirle con
todo su poder y liberarle por entero del poder de Satán.
"Pues ningún hombre puede servir a dos señores.
Porque o bien sirve a Belcebú y sus demonios o sirve
a nuestra Madre Terrenal y a sus ángeles. O sirve a
la muerte o sirve a la vida. En verdad os digo qué
felices son aquellos que cumplen las leyes de la vida y no
vagan por los caminos de la muerte.
Y cuantos le rodeaban escuchaban sus palabras con asombro
pues su palabra tenía poder y enseñaba de manera
bien distinta a la de los sacerdotes y escribas.
Y aunque el sol ya se había puesto, no se fueron a
sus casas. Se sentaron alrededor de Jesús y le preguntaron:
"Maestro ¿cuáles son esas leyes de la vida?
Quédate con nosotros un rato más y enséñanos.
Queremos escuchar tu enseñanza para que podamos curarnos
y volvernos rectos
Y
el propio Jesús se sentó en medio de ellos y
dijo: "En verdad os digo que nadie puede ser feliz, excepto
quien cumple la Ley"
Y los demás respondieron: "Todos cumplimos las
leyes de Moisés, nuestro legislador, tal como están
escritas en las sagradas escrituras.
Y Jesús les respondió: "No busquéis
la Ley en vuestras escrituras, pues la Ley es la Vida, mientras
que lo escrito está muerto. En verdad os digo que Moisés
no recibió de Dios sus leyes por escrito, sino a través
de la palabra viva. La Ley es la Palabra Viva del Dios Vivo,
dada a los profetas vivos para los hombres vivos. En
donde quiera que haya vida está escrita la ley. Podéis
hallarla en la hierba, en el árbol, en el río,
en la montaña, en los pájaros del cielo, en
los peces del mar; pero buscadla principalmente en vosotros
mismos.
Pues en verdad os digo que todas las cosas vivas se encuentran
más cerca de Dios que la escritura que está
desprovista de vida. Dios hizo la vida y todas las cosas vivas
de tal modo que enseñasen al hombre, por medio de la
palabra siempre viva, las leyes del Dios verdadero. Dios no
escribió las leyes en las páginas de los libros,
sino en vuestro corazón y en vuestro espíritu.
Se encuentran en vuestra respiración, en vuestra sangre,
en vuestros huesos, en vuestra carne, en vuestros intestinos,
en vuestros ojos, en vuestros oídos y en cada pequeña
parte de vuestro cuerpo. Están presentes en el aire,
en el agua, en la tierra, en las plantas, en los rayos del
sol, en las profundidades y en las alturas. Todas os hablan
para que entendáis la lengua y la voluntad del Dios
Vivo. Pero vosotros
cerráis vuestros ojos para no ver, y tapáis
vuestros oídos para no oír. En verdad os digo
que la escritura es la obra del hombre, pero la Vida y todas
sus huestes son la obra de nuestro Dios. ¿Por qué
no escucháis las palabras de Dios que están
escritas en Sus obras? ¿Y por qué estudiáis
las escrituras muertas, que son la obra de las manos del hombre?"
"¿Cómo podemos leer las leyes de Dios en
algún lugar, de no ser en las Escrituras? ¿Dónde
se hallan escritas? Léenoslas de ahí donde tú
las ves, pues nosotros no conocemos más que las escrituras
que hemos heredado de nuestros antepasados. Dinos las leyes
de las que hablas, para que oyéndolas seamos sanados
y justificados".
Jesús dijo: "Vosotros no entendéis las
palabras de la Vida, porque estáis en la Muerte. La
oscuridad, oscurece vuestros ojos, y vuestros oídos
están tapados por la sordera. Pues os digo que no os
aprovecha en absoluto que estudiéis las escrituras
muertas si por vuestras obras negáis a quien os las
ha dado. En verdad os digo que Dios y sus leyes no se encuentran
en lo que vosotros hacéis. No se
hallan en la glotonería ni en la borrachera, ni en
una vida desenfrenada, ni en la lujuria, ni en la búsqueda
de la riqueza, ni mucho menos en el odio a vuestros enemigos.
Pues todas estas cosas están lejos del verdadero Dios
y de sus ángeles. Todas estas cosas vienen del reino
de la oscuridad y del señor de todos los males. Y todas
estas cosas las lleváis en vosotros mismos; y por ello
la palabra y el poder de Dios no entran en vosotros, pues
en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu habitan todo
tipo de males y abominaciones. Si deseáis que la palabra
y el poder del Dios Vivo penetren en vosotros, no profanéis
vuestro cuerpo ni vuestro espíritu; pues el cuerpo
es el templo del espíritu, y el espíritu es
el templo de Dios. Purificad, por tanto, el templo, para que
el Señor del templo pueda habitar en él y ocupar
un lugar digno de él. "Y retiraos bajo la sombra
del cielo de Dios, de todas las tentaciones de vuestro cuerpo
y de vuestro espíritu, que vienen de Satán".
"Renovaos y ayunad. Pues en verdad os digo que Satán
y sus plagas solamente pueden ser expulsados por medio del
ayuno y la oración. Id por vuestra cuenta y ayunad
en solitario, sin descubrir vuestro ayuno a hombre alguno.
El Dios Vivo lo verá y grande será vuestra recompensa.
Y ayunad hasta que Belcebú y todos sus demonios os
abandonen y todos los ángeles de nuestra Madre Terrenal
vengan a
serviros. Pues en verdad os digo que a no ser que ayunéis,
nunca os libraréis del poder de Satán ni de
todas las enfermedades que de Satán vienen. Ayunad
y orad fervientemente, buscando el poder del Dios vivo para
vuestra curación. Mientras ayunéis, evitad a
los hijos de los hombres y buscad los ángeles de nuestra
Madre Terrenal, pues quien busca hallará". "Buscad
el aire fresco del bosque y de los campos, y en medio de ellos
hallaréis el ángel del aire. Quitaos vuestro
calzado y
vuestras ropas y dejad que el ángel del aire abrace
vuestro cuerpo.
Respirad entonces larga y profundamente, para que el ángel
del aire penetre en vosotros. En verdad os digo que el ángel
del aire expulsará de vuestro cuerpo toda inmundicia
que lo profane por fuera y por dentro. Y así saldrá
de vosotros toda cosa sucia y maloliente, igual que el humo
del fuego asciende en forma de penacho y se pierde en el mar
del aire. Pues en verdad os digo que sagrado es el ángel
del aire, quien limpia cuanto está sucio y confiere
a las cosas malolientes un olor agradable. Ningún hombre
a quien no deje pasar el ángel del aire podrá
acudir ante la faz de Dios. Verdaderamente, todo debe nacer
de nuevo por el aire y por la verdad, pues vuestro cuerpo
respira el aire de la Madre Terrenal, y vuestro espíritu
respira la verdad del Padre Celestial.
"Después del ángel del aire, buscad el
ángel del agua. Quitaos vuestro calzado y vuestras
ropas y dejad que el ángel del agua abrace todo vuestro
cuerpo. Entregaos por entero a sus acogedores brazos y, así
como el aire penetra en vuestra respiración, que el
agua penetre también en vuestro cuerpo. En verdad os
digo que el ángel del agua expulsará le vuestro
cuerpo toda inmundicia que lo
mancille por fuera y por dentro. Y toda cosa sucia y maloliente
fluirá fuera de vosotros, igual que la suciedad de
las vestiduras, lavada en el agua, se va y se pierde en la
corriente del río. En verdad os digo que sagrado es
el ángel del agua que limpia cuanto está sucio
y que confiere a todas las cosas malolientes un olor
agradable. Ningún hombre a quien no deje pasar el ángel
del agua podrá acudir ante la faz de Dios. En verdad
que todo debe nacer de nuevo del agua y de la verdad, pues
vuestro cuerpo se baña en el río de la vida
terrenal y vuestro espíritu se baña en el río
de la vida eterna. Pues recibís vuestra sangre de nuestra
Madre Terrenal y la verdad de nuestro Padre Celestial".
"Pero no penséis que es suficiente que el ángel
del agua os abrace sólo externamente. En verdad os
digo que la inmundicia interna es, con mucho, mayor que la
externa. Y quien se limpia por fuera permaneciendo sucio en
su interior, es como las tumbas bellamente pintadas por fuera,
pero llenas por dentro de todo tipo de inmundicias y de abominaciones
horribles. Por ello, en verdad os digo, que dejéis
que el ángel del agua os bautice también por
dentro, para que os liberéis de todos vuestros antiguos
pecados y para que asimismo internamente seáis tan
puros como la espuma del río jugueteando a la luz del
sol".
"Buscad, por tanto, una gran calabaza con el cuello de
la longitud de un hombre; extraed su interior y llenadla con
agua del río caldeada por el sol. Colgadla de la rama
de un árbol, arrodillaos en el suelo ante el ángel
del agua y haced que el extremo del tallo de la calabaza penetre
vuestras partes ocultas, para que el agua fluya a través
de todos vuestros intestinos. Luego, descansad arrodillándoos
en el suelo ante el ángel del agua y orad al Dios vivo
para que os perdone todos vuestros antiguos pecados; y orad
también al ángel del agua para que libere vuestro
cuerpo de toda inmundicia y enfermedad. Dejad entonces que
el agua caiga de vuestro cuerpo, para que se lleve de su interior
todas las cosas sucias y fétidas de Satán. Y
veréis con vuestros ojos y oleréis con vuestra
nariz todas las abominaciones e inmundicias que mancillaban
el templo de vuestro cuerpo; igual que todos los pecados que
residían en vuestro cuerpo, atormentándoos con
todo tipo de dolores.
En verdad os digo que el bautismo con agua os libera de todo
esto. Renovad vuestro bautismo con agua todos los días
durante vuestro ayuno, hasta el día en que veáis
que el agua que expulsáis es tan pura como la espuma
del río. Entregad entonces vuestro cuerpo a la corriente
del río y, una vez en los brazos del ángel del
agua, dad gracias al Dios vivo por haberos librado de'vuestros
pecados. Y este
bautismo sagrado por el ángel del agua es el renacimiento
a la nueva vida. Pues vuestros ojos verán a partir
de entonces y vuestros oídos oirán. No pequéis
más, por tanto, después de vuestro bautismo,
para que los ángeles del aire y del agua habiten eternamente
en vosotros y os sirvan para siempre".
"Y si queda después dentro de vosotros alguno
de vuestros antiguos pecados e inmundicias, buscad al ángel
de la luz del sol. Quitaos vuestro calzado y vuestras ropas
y dejad que el ángel de la luz del sol abrace todo
vuestro cuerpo. Respirad entonces larga y profundamente para
que el ángel de la luz del sol os penetre. Y el ángel
de la luz del sol expulsará de vuestro cuerpo toda
cosa fétida y sucia que lo mancille por fuera y por
dentro. Y así saldrá de vosotros toda cosa sucia
y fétida, del mismo modo que la oscuridad de la noche
se disipa ante la luminosidad de! sol naciente. Pues en verdad
os digo que sagrado es el ángel de la luz del sol,
quien limpia toda inmundicia y confiere a lo maloliente un
olor agradable.
Nadie a quien no deje pasar el ángel de la luz del
sol podrá acudir ante la faz de Dios. En verdad que
todo debe nacer de nuevo del sol y de la verdad, pues vuestro
cuerpo se baria en la luz del sol de la Madre Terrenal, y
vuestro espíritu se baria en la luz del sol de la verdad
del Padre Celestial.
"Los ángeles del aire, del agua y de la luz del
sol son hermanos. Les fueron entregados al Hijo del Hombre
para que le sirviesen y para que él pudiera ir siempre
de uno a otro.
"Sagrado es, asimismo, su abrazo. Son hijos indivisibles
de la Madre Terrenal, así que no separéis vosotros
a aquellos a quienes la tierra y el cielo han unido. Dejad
que estos tres ángeles hermanos os envuelvan cada día
y habiten en vosotros durante todo vuestro ayuno.
"Pues en verdad os digo que el poder de los demonios,
todos los pecados e inmundicias, huirán con presteza
de aquel cuerpo que sea abrazado por estos tres ángeles.
Del mismo modo que los ladrones huyen de una casa abandonada
al llegar el dueño de ésta, uno por la puerta,
otro por la ventana y un tercero por el tejado, cada uno donde
se encuentra y por donde puede, asimismo huirán de
vuestros cuerpos todos los demonios del mal, todos vuestros
antiguos pecados
y todas las inmundicias y enfermedades que profanaban el templo
de vuestros cuerpos. Cuando los ángeles de la Madre
Terrenal entren en vuestros cuerpos, de modo que los señores
del templo lo posean nuevamente, entonces huirán con
presteza todos los malos olores a través de vuestra
respiración y de vuestra piel, y las aguas corrompidas
por vuestra boca y vuestra piel y por vuestras partes ocultas
y secretas. Y todas estas cosas las veréis con vuestros
propios ojos, las oleréis con vuestra nariz y las tocaréis
con vuestras manos. Y cuando todos los pecados e inmundicias
hayan abandonado vuestro cuerpo, vuestra sangre se volverá
tan pura como la sangre de nuestra Madre Terrenal y como la
espuma del río jugueteando a la luz del sol. Y vuestro
aliento se volverá tan puro como el aliento de las
flores perfumadas; vuestra carne tan pura como la carne de
los frutos que enrojecen sobre las ramas de los árboles;
la luz de vuestro ojo tan clara y luminosa como el brillo
del sol que resplandece en el cielo azul. Y entonces os servirán
todos los ángeles de la Madre Terrenal. Y vuestra respiración,
vuestra sangre y vuestra carne serán una con la respiración,
la sangre y la carne de la Madre Terrenal, para que vuestro
espíritu se haga también uno con el espíritu
del Padre Celestial. Pues en verdad nadie puede llegar al
Padre Celestial sino a través de la Madre Terrenal.
Del mismo modo que un niño recién nacido no
puede entender la enseñanza de su padre mientras su
madre no le haya primero amamantado, bañado, cuidado,
dormido y alimentado.
Mientras
el niño es pequeño, su lugar está junto
a su madre y a ella debe obedecer. Cuando el niño ya
ha crecido, su padre le lleva a trabajar al campo a su lado,
y el niño regresa junto a su madre solamente cuando
llega la hora de la comida y de la cena. Y entonces el padre
le enseña, para que se adiestre en los trabajos de
su padre. Y cuando el padre ve que su hijo entiende su enseñanza
y hace bien su trabajo, le da todas las posesiones para que
éstas pertenezcan a su
amado hijo y para que éste continúe la obra
de su padre. En verdad os digo que feliz es el hijo que acepta
el consejo de su madre y lo sigue. Y cien veces más
feliz en el hijo que acepta y sigue también el consejo
de su padre, pues ya se os dijo: 'Honra a tu padre y a tu
madre'. Pero yo os digo, Hijos del Hombre: Honrad a vuestra
Madre Terrenal y guardad todas Sus leyes, para que sean largos
vuestros
días en esta tierra, y honrad a vuestro Padre Celestial
para que sea vuestra en los cielos la vida eterna. Pues el
Padre Celestial es un centenar de veces más grande
que todos los padres por sangre y descendencia, y mayor es
la Madre Terrenal que todas las madres por el cuerpo. Y más
querido es el Hijo del Hombre a los ojos de su Padre Celestial
y de su Madre Terrenal que lo son los niños a los ojos
de sus padres por sangre y por descendencia y de sus madres
por el cuerpo. Y más querido es el Hijo del Hombre
a los ojos de su Padre Celestial y de su Madre Terrenal que
lo son los niños a los ojos de sus padres por sangre
y por descendencia y de sus madres por el cuerpo. Y más
sabias son la Palabra y la Ley de vuestro Padre Celestial
y de vuestra Madre Terrenal que las palabras y la
voluntad de todos los padres por sangre y por descendencia,
y de todas las madres por el cuerpo. Y también de más
valor es la herencia de vuestro Padre Celestial y de vuestra
Madre Terrenal, el reino eterno de la vida eterna y celestial,
que todas las herencias de vuestros padres por sangre y por
descendencia, y de vuestras madres por el cuerpo".
"Y vuestros verdaderos hermanos son todos aquellos que
hacen la voluntad de vuestro Padre Celestial y de vuestra
Madre Terrenal, y no vuestros hermanos de sangre. En verdad
os digo que vuestros verdaderos hermanos en la voluntad del
Padre Celestial y de la Madre Terrenal amarán un millar
de veces más que vuestros hermanos de sangre. Pues
desde los días de Caín y Abel, cuando los hermanos
de sangre transgredieron la voluntad de Dios, no existe una
verdadera
fraternidad por la sangre. Y los hermanos actúan entre
sí como extraños. Por ello os digo, amad a vuestros
verdaderos hermanos en la voluntad de Dios un millar de veces
más que a vuestros hermanos de sangre".
Pues vuestro Padre Celestial es amor.
Pues vuestra Madre Terrenal es amor.
Pues el Hijo del Hombre es amor.
"Por el amor el Padre Celestial y la Madre Terrenal y
el Hijo del Hombre se hacen uno. Pues el espíritu del
Hijo del Hombre fue creado del espíritu del Padre Celestial,
y su cuerpo del cuerpo de la Madre Terrenal. Haceos, por tanto,
perfectos como perfectos son el espíritu de vuestro
Padre Celestial y el cuerpo de vuestra Madre Terrenal. Y amad
así a vuestro Padre Celestial, igual que El ama
vuestro espíritu. Y amad así a vuestra Madre
Terrenal, igual que Ella ama vuestro cuerpo. Y amad así
a vuestros verdaderos hermanos, igual que vuestro Padre Celestial
y vuestra Madre Terrenal les aman.
Y entonces os dará vuestro Padre Celestial su santo
espíritu, y vuestra Madre Terrenal os dará su
cuerpo santo. Y entonces los Hijos de los Hombres se darán
amor unos a otros como verdaderos hermanos, el amor que recibieron
de su Padre Celestial y de su Madre Terrenal; y todos se convertirán
en consoladores unos de otros. Y desaparecerá entonces
de la tierra todo mal y toda tristeza, y habrá amor
y alegría sobre la tierra. Y será entonces la
tierra como los cielos, y vendrá el reino de Dios.
Y entonces vendrá el Hijo del Hombre en toda su gloria,
para heredar el reino de Dios. Y entonces los Hijos de los
Hombres dividirán su divina herencia, el reino de Dios.
Pues los Hijos del Hombre viven en el Padre Celestial y en
la Madre Terrenal, y el Padre Celestial y la Madre Terrenal
viven en ellos. Y
entonces con el reino de Dios llegará el fin de los
tiempos. Pues el amor del Padre celestial da vida eterna a
todo lo que está en el reino de Dios. Pues el Amor
es eterno. El Amor es más fuerte que la Muerte".
"Aunque
vi hable con las lenguas de los hombres y de los ángeles,
si no tengo amor, mis palabras son como el sonido del latón
o como tintineo de un platillo. Aunque diga lo que ha de venir
y conozca todos los secretos y toda la sabiduría; y
aunque tenga una fe tan fuerte como la tormenta que mueve
las montañas de su sitio, si no tengo amor no soy nada.
Y aunque dé todos mis bienes para alimentar
al pobre y le ofrezca todo el fuego que he recibido de mi
Padre, si no tengo amor no hallaré en ello provecho
alguno. El amor es paciente y el amor es amable. El amor no
es envidioso, no hace el mal, no conoce el orgullo; no es
rudo ni egoísta. Es ecuánime, no cree en la
malicia; no se regocija en la injusticia, sino que se
deleita en la justicia. El amor lo defiende todo, el amor
lo cree todo, el amor le espera todo, y el amor lo soporta
todo; nunca se agota; pero en cuanto a las lenguas, cesarán,
y en cuanto al conocimiento, se desvanecerá. Pues poseemos
en parte la verdad y en parte el error, mas cuando venga la
plenitud de la perfección, lo parcial será
aniquilado. Cuando el hombre era niño hablaba como
un
niño, entendía como un niño, pensaba
como un niño; pero cuando se hizo hombre abandonó
las cosas de los niños. Porque nosotros vemos ahora
a través de un cristal y a través de dichos
oscuros. Ahora conocemos parcialmente, mas cuando hayamos
acudido ante el rostro de Dios, ya no conoceremos en parte,
pues nosotros mismos seremos enseriados por él. Y ahora
nos quedan tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero
la más grande de ellas es el amor. "Y ahora os
hablo en la lengua viva del Dios Vivo, por medio del santo
espíritu de nuestro Padre Celestial. No hay aún
ninguno de entre vosotros que pueda entender todo cuanto os
digo. Quien os comenta las escrituras os habla en una lengua
muerta de hombres muertos, a través de su cuerpo enfermo
y mortal. Por lo tanto a él le pueden entender todos
los hombres, pues todos los hombres están enfermos
y
todos están en la muerte. Nadie ve la luz de la vida.
El ciego guía a los ciegos en el oscuro sendero de
los pecados, las enfermedades y los sufrimientos, y al final
se precipitan todos en la fosa de la muerte".
"Yo os he sido enviado por mi Padre para que haga brillar
la luz de la vida entre vosotros. La luz se ilumina a sí
misma y a la oscuridad, mas la oscuridad se conoce sólo
a sí misma y no conoce ¡a luz. Aún tengo
que deciros muchas cosas, mas aún no podéis
comprenderlas. Pues vuestros ojos están acostumbrados
a la oscuridad, y la plena Luz del Padre Celestial os cegaría.
Por eso no podéis entender aún cuanto os hablo
acerca del Padre Celestial, quien me envío a vosotros.
Seguid pues primero sólo las leyes de vuestra Madre
Terrenal, de quien ya os he contado. Y cuando sus ángeles
hayan lavado y renovado vuestros cuerpos y fortalecido vuestros
ojos, seréis capaces de soportar la luz de nuestro
Padre Celestial. Cuando seáis capaces de contemplar
el brillo del sol del mediodía con los ojos fijos,
podréis entonces mirar la luz cegadora de vuestro Padre
Celestial, la cual es un millar de veces más brillante
que el brillo de un millar de soles. Mas ¿cómo
miraríais la Luz cegadora de vuestro Padre Celestial,
si no podéis soportar siquiera la luz del sol radiante?
Creedme, el sol es como la llama
de una vela comparado con el sol de la verdad del Padre Celestial.
No tengáis, por tanto, sino fe y esperanza y amor.
En verdad os digo que no desearéis vuestra recompensa.
Si creéis en mis palabras creéis en quien me
envió, que es el señor de todos y para quien
todas las cosas son posibles. Pues lo que resulta imposible
con los hombres, es posible con Dios. Si creéis en
los ángeles de la Madre Terrenal y cumplís sus
leyes, vuestra fe os sostendrá y nunca conoceréis
la enfermedad. Tened esperanza también en el amor de
vuestro padre celestial, pues quien confía en él
no será nunca defraudado ni tampoco conocerá
a la muerte.
"Amaos los unos a los otros, pues Dios es amor, y así
sabrán los ángeles que vais por sus caminos.
Y entonces acudirán todos los ángeles ante vuestro
rostro y os servirán. Y Satán partirá
de vuestro cuerpo con todos SUS pecados, enfermedades e inmundicias.
Id, renunciad a vuestros pecados; arrepentios vosotros mismos;
y bautizaos vosotros mismos; para que nazcáis de nuevo
y no pequéis más.
Entonces Jesús se levantó. Pero todos los demás
permanecieron sentados, pues cada hombre sentía el
poder de sus palabras. Y entonces apareció la luna
llena entre las nubes desgarradas y envolvió a Jesús
en su resplandor. De su cabello ascendían destellos,
y permaneció erguido entre ellos en la luz de la luna,
como si flotase en el aire. Y nadie se movió, ni tampoco
se oyó la voz de nadie. Y nadie supo cuánto
tiempo había pasado, pues el tiempo parecía
parado.
Entonces Jesús vendió sus manos hacia ellos
y dijo: "La paz sea con vosotros''. Y de este modo, partió
como la brisa que mece las hojas de los árboles.
Y aún durante un buen rato permaneció la compañía
sentada sin moverse, y luego fueron saliendo del silencio,
uno tras otro, como tras un largo sueño. Pero nadie
deseaba irse, como si las palabras de quien les había
dejado aún sonasen en sus oídos. Y permanecieron
sentados como si escuchasen alguna música maravillosa.
Pero al fin uno dijo, como si estuviera algo atemorizado:
''¡Qué bien se está aquí!'' Otro
dijo: "¡Ojalá esta noche no acabara nunca!"
Y otros: "¡Ojalá pudiera estar entre nosotros
para siempre!" "De verdad que es el mensajero de
Dios, pues puso la esperanza en nuestros corazones''. Y nadie
deseaba irse a su casa, diciendo:
"Yo
no voy a casa, donde todo es oscuro y triste. ¿Por
qué hemos de ir a casa donde nadie nos quiere?''.
Y de este modo hablaron, pues casi todos ellos eran pobres,
cojos, ciegos, lisiados, vagabundos, gentes sin hogar despreciadas
en su desdicha, que sólo habían nacido para
ser motivo de lástima en las casas donde durante apenas
unos días encontrasen refugio. Incluso algunos que
tenían tanto casa como familia dijeron: 'También
nosotros nos quedaremos con vosotros'. Pues todos sentían
que las palabras de Quien se había ido unían
a la pequeña compañía con hilos invisibles.
Y todos sentían que habían nacido de nuevo.
Veían ante sí un mundo luminoso, incluso cuando
la luna se ocultó en las nubes. Y en los corazones
de todos se abrieron flores maravillosas, de una belleza maravillosa:
las flores de la alegría". Y cuando los brillantes
rayos del sol aparecieron sobre el horizonte, todos sintieron
que aquel era el sol del reino de Dios que venía. Y
con semblantes alegres se adelantaron a encontrar a los ángeles
de Dios.
Y muchos sucios y enfermos siguieron las palabras de Jesús
y buscaron las orillas de las corrientes murmurantes. Se descalzaron
y desvistieron, ayunaron y entregaron sus cuerpos a los ángeles
del aire, del agua y de la luz del sol. Y los ángeles
de la Madre Terrenal les abrazaron y poseyeron sus cuerpos
por dentro y por fuera. Y todos ellos vieron cómo todos
los males, pecados e
inmundicias les abandonaban rápidamente.
Y el aliento de algunos se volvió tan fétido
como el olor que sueltan los intestinos, y a algunos les fluían
babas y de sus partes internas surgió un vómito
maloliente y sucio. Todas estas inmundicias salieron por sus
bocas. En algunos por la nariz, y en otros por los ojos y
los oídos. Y a muchos les vino por todo su cuerpo un
sudor apestoso y abominable por toda su piel. Y en muchos
de sus miembros se abrieron forúnculos grandes y calientes,
de los que salían inmundicias malolientes, y de sus
cuerpos fluía orina en abundancia y en muchos su orina
no estaba sino seca y se volvía tan espesa como la
miel de las abejas; la de los otros era casi roja y dura casi
como la arena de los ríos. Muchos lanzaban fétidos
pedos de sus intestinos, semejantes al aliento de los demonios.
Y su hedor se hizo tan grande que nadie podía soportarlo.
Y cuando se bautizaron a sí mismos, el ángel
del agua penetró en sus cuerpos, y de ellos salieron
todas las abominaciones e inmundicias de sus antiguos pecados,
y semejante a un río que descendiese de una montaña,
salieron a borbotones de sus cuerpos gran cantidad de abominaciones
duras y blandas. Y la tierra donde cayeron sus aguas quedó
contaminada, y tan grande era el hedor que nadie podía
permanecer en aquel lugar. Y los demonios abandonaron sus
intestinos en forma de numerosos gusanos que se retorcían
en el lodo de sus inmundicias internas. Y después que
el ángel del agua les hubo expulsado de los intestinos
de los Hijos de los Hombres, se retorcieron en el suelo con
ira impotente. Y entonces descendió sobre ellos el
poder del ángel de la luz del sol, y allí perecieron
en sus desesperadas convulsiones, pisoteados bajo los pies
del ángel de la luz del sol. Y todos se estremecieron
aterrorizados al mirar todas aquellas abominaciones de Satán,
de quienes les habían salvado los ángeles. Y
dieron gracias a Dios por haberles enviado sus ángeles
para liberarle.
Y había algunos atormentados por grandes dolores que
no parecían querer abandonarles; y no sabiendo qué
hacer, decidieron enviar alguno de ellos a Jesús, pues
deseaban mucho tenerle entre ellos. Y cuando dos hubieron
ido en su busca, vieron al mismo Jesús acercándose
por la orilla del río. Y sus corazones se llenaron
de esperanza y de alegría cuando oyeron su saludo:
''La paz sea con
vosotros''. Y muchas eran las preguntas que deseaban hacerle,
mas en su sorpresa no podían empezar, pues nada acudía
a sus mentes. Les dijo entonces Jesús: "He venido
porque me necesitáis". Y uno gritó:
'Maestro, verdaderamente te necesitamos. Ven y líbranos
de nuestros sufrimientos''. -Y Jesús les habló
en parábolas-: 'Sois como el hijo pródigo, quien
durante muchos años comió y bebió, y
pasó sus días con sus amigos en el desenfreno
y la lascivia. Y cada semana,
sin que su padre lo supiese, contraía nuevas deudas,
malgastando cuanto tenía en pocos días. Y los
prestamistas siempre le prestaban, pues su padre poseía
grandes riquezas y siempre pagaba pacientemente las deudas
de su hijo. Y en vano amonestaba a su hijo con buenas palabras,
porque nunca escuchaba las advertencias de su padre, quien
le suplicaba en vano que renunciase a sus vicios sin fin,
y que fuera a sus campos a vigilar el trabajo de sus sirvientes.
Y el hijo le prometía siempre todo si pagaba sus antiguas
deudas, mas al día siguiente empezaba de nuevo. Y durante
más de siete años el hijo continuó en
su vida licenciosa. Pero, al fin, su padre perdió la
paciencia y no pagó más a los prestamistas las
deudas de su hijo.
'Si sigo pagándolas siempre -dijo- no acabarán
los pecados de mi hijo'. Entonces, los prestamistas, que se
vieron engañados, en su cólera se llevaron al
hijo como esclavo, para que con su trabajo diario les pagase
el dinero que habían tomado prestado. Y entonces se
acabó el comer, el beber y todos los excesos diarios.
De la mañana a la noche mojaba los campos con el sudor
de su frente, y con el trabajo desacostumbrado todos sus miembros
le dolían. Y vivía de pan seco, no teniendo
más que sus propias lágrimas para humedecerlo.
Al tercer día había sufrido tanto por el calor
y el cansancio, que le dijo a su dueño: 'No puedo trabajar
más porque me duelen todos mis miembros. ¿Por
cuánto tiempo más me atormentarás?'
'Hasta el día en que por el trabajo de tus manos me
hayas pagado todas tus deudas, y cuando hayan pasado siete
años, serás ubre'. Y el hijo desesperado respondió
llorando: '¡Pero si no puedo soportarlo ni siquiera
durante siete días! Apiadaos de mí, pues todos
mis miembros me duelen y me abrasan'. Y el malvado acreedor
le gritó: ¡sigue con tu trabajo! Si pudiste dedicar
tus días y tus
noches al desenfreno durante siete años, tendrás
que trabajar ahora durante siete años. No te perdonaré
hasta que me hayas pagado todas tus deudas hasta el último
dracma'. Y el hijo regresó desesperado a los campos,
con sus miembros atormentados por el dolor, para seguir con
su trabajo. Ya difícilmente podía tenerse en
pie debido al cansancio y a los dolores, cuando llegó
el séptimo día, el día del Sabat, en
el cual nadie trabaja en el campo. Reunió el hijo entonces
el resto de sus fuerzas y se arrastró hasta la casa
de su padre. Y echándose a los pies de su padre, le
dijo: 'Padre, créeme por última vez y perdóname
todas mis ofensas contra ti. Te juro que nunca más
volveré a vivir desenfrenadamente y te obedeceré
en todo. Libérame de las manos de mi opresor. Padre,
mírame y contempla mis miembros enfermos y no endurezcas
tu corazón'. Entonces brotaron lágrimas de los
ojos del padre, que tomando a su hijo en brazos dijo: Alegrémonos,
porque hoy se me ha dado una gran alegría, pues he
recuperado a mi amado hijo que estaba perdido'. Le vistió
con sus mejores ropas, y durante todo el día hicieron
fiesta. Y a la mañana siguiente dio a su hijo una bolsa
de plata para que pagase a sus acreedores cuanto les debía.
Y cuando su hijo regresó, le dijo: 'Ya ves, hijo mío,
lo fácil que es con una vida desenfrenada contraer
deudas por siete años, pero es difícil pagarlas
con el trabajo de siete años'. 'Padre, es verdaderamente
duro pagarlas incluso durante sólo siete días'.
Y el padre le advirtió, diciéndole: 'Sólo
por esta vez se te ha permitido pagar tus deudas en siete
días en lugar de en siete años, el resto te
está perdonado. Pero cuida de no contraer más
deudas en el tiempo venidero. Pues en verdad te digo que nadie
más que tu padre perdona tus deudas por ser su hijo.
Porque de saber sido con cualquier otro, habrías tenido
que trabajar duramente durante siete años, como está
ordenado en nuestras leyes'.
Padre, a partir de ahora seré tu hijo amante y obediente,
y nunca más contraeré deudas, pues sé
que pagarlas es duro. Y fue al campo de su padre y todos los
días vigilaba el trabajo de los labradores de su padre.
Y nunca les hizo trabajar demasiado duro, pues recordaba su
propio trabajo pesado. Y pasaron los años y
las posesiones de su padre aumentaron más y más
bajo su mano, pues su tarea contaba con la bendición
de su padre. Y lentamente devolvió a su padre diez
veces más de cuanto había derrochado durante
aquellos siete años.
Y cuando el padre vio que el hijo trataba bien a sus sirvientes
y todas sus posesiones, le dijo: Hijo mío, veo que
mis posesiones están en buenas manos. Te doy todo mi
ganado, mi casa, mis tierras y mis tesoros. Que todo esto
sea tu herencia; continúa aumentándola para
que goce en ti'. Y cuando el hijo hubo recibido la herencia
de su padre, perdoné las deudas a todos sus deudores
que no podían pagarle; pues no olvidó que su
deuda había sido también perdonada cuando no
podía pagarla. Y Dios le bendijo con una vida larga,
con muchos hijos y con muchas riquezas, pues era amable con
todos sus sirvientes y con todo su ganado."
Jesús se volvió entonces al pueblo enfermo y
dijo: "Os hablo en parábolas para que entendáis
mejor la palabra de Dios. Los siete años de comer y
beber y de vida desenfrenada son los pecados del pasado. El
malvado acreedor es Satán. Las deudas son las enfermedades.
El trabajo duro son los dolores. El hijo pródigo sois
vosotros mismos. El pago de las deudas es la expulsión
de vosotros de los demonios y de las enfermedades y la curación
de vuestro cuerpo. La bolsa de plata recibida del padre es
el poder libertador de los ángeles. El padre es Dios.
Las posesiones del padre son el cielo y la tierra. Los sirvientes
del padre son los ángeles. El campo del padre es el
mundo, que se convierte en el reino de los cielos si los Hijos
de Hombre trabajan en él junto a los ángeles
del Padre Celestial. Pues yo os digo que es mejor que el hijo
obedezca a su padre y vigile a los sirvientes de su padre
en el campo, a que se convierta en deudor del malvado acreedor.
y fatigarse y sudar en la servidumbre para restituir todas
sus deudas. De igual modo, es mejor que los Hijos del Hombre
obedezcan también las leyes de su Padre Celestial y
que trabajen con sus ángeles en su reino, a convertirse
en deudores de Satán, el señor de la muerte,
de todos los pecados y todas las enfermedades, a sufrir
con dolores y sudor hasta haber reparado todos sus pecados.
En verdad: os digo, que grandes y muchos son vuestros pecados.
Durante muchos años habéis cedido a las tentaciones
de Satán. Habéis sido glotones, bebedores y
putañeros, y vuestras antiguas deudas se han multiplicado.
Y ahora debéis repararlas, y el pago es duro y difícil.
No os impacientéis por tanto ya al tercer día,
como el hijo pródigo, sino esperad pacientemente al
séptimo día, que está santificado por
Dios, y entonces acudid con corazón humilde y obediente
ante el rostro de vuestro Padre Celestial, para que os perdone
vuestros pecados y
todas vuestras antiguas deudas. En verdad os digo que vuestro
Padre Celestial os ama infinitamente, pues también
él os permite pagar en siete días las deudas
de siete años. Quienes le deban los pecados y enfermedades
de siete años, pero le paguen honestamente y perseveren
hasta el séptimo día, a ellos perdonará
nuestro Padre Celestial las deudas de los siete años
completos."
"¿Y
si hemos pecado durante siete veces siete años?",
preguntó un hombre enfermo que sufría horriblemente.
"Incluso en ese caso el Padre Celestial os perdona todas
vuestras deudas en siete veces siete días.
"Felices son aquellos que perseveran hasta el fin, pues
los demonios de Satán escriben todas vuestras malas
acciones en un libro, el libro de vuestro cuerpo y de vuestro
espíritu. En verdad os digo que no hay una sola acción
pecaminosa, hasta desde el principio del mundo, que no sea
escrita ante nuestro Padre Celestial. Pues podéis escapar
a las leyes hechas por los reyes, pero a las leyes de vuestro
Dios, a esas no puede escapar ninguno de los Hijos del Hombre.
Y cuando acudís ante el rostro de Dios, los demonios
de Satán hacen de testigos en contra vuestra por medio
de vuestros actos, y Dios ve vuestros pecados escritos en
el libro de
vuestro cuerpo y de vuestro espíritu, y su corazón
está triste. Mas si os arrepentís de vuestros
pecados y buscáis a los ángeles de Dios por
medio del ayuno y de la oración, entonces, por cada
día que seguís ayunando y orando, los ángeles
de Dios borran un año de vuestras malas acciones del
libro de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu. Y cuando
la última página ha sido también borrada
y limpiada de todos vuestros pecados, os encontráis
ante la faz de Dios, y Dios se alegra en su corazón
y os perdona todos vuestros pecados. Os libera de las garras
de Satán y del sufrimiento; os hace entrar en su casa
y ordena a todos sus sirvientes, y a todos sus ángeles,
que os sirvan. Os da larga vida, y nunca más conocéis
la enfermedad. Y si en adelante, en lugar de pecar, pasáis
vuestros días haciendo buenas acciones, entonces escribirán
los ángeles de Dios todas vuestras buenas acciones
en el libro de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu.
En verdad os digo que ninguna acción buena queda sin
ser escrita ante Dios, y así ocurre desde el principio
del mundo. Pues de vuestros reyes y de vuestros gobernadores
podéis esperar en vano vuestra recompensa, mas nunca
han de esperar vuestras acciones buenas su premio de Dios.
"Y cuando acudís ante el rostro de Dios, sus ángeles
atestiguan a vuestro favor por medio de vuestras buenas acciones.
Y Dios ve vuestras buenas acciones escritas en vuestros cuerpos
y en vuestros espíritus, y se alegra en su corazón.
Bendice vuestro cuerpo y vuestro espíritu, y todas
vuestras acciones, y os da en herencia su reino terrenal y
celestial, para que en él tengáis la vida eterna.
Feliz es aquel que puede entrar en el reino de Dios, pues
nunca conocerá la muerte.
Y un gran silencio se hizo tras sus palabras. Y quienes se
sentían desanimados obtuvieron nueva fuerza de sus
palabras, y continuaron ayunando y orando. Y quien había
hablado primero exclamo:
"Perseveraré hasta el séptimo día".
Y el segundo igualmente dijo:
"Yo también perseveraré durante siete veces
el séptimo día".
Jesús les respondió: ''Felices son aquellos
que perseveran hasta el fin, pues heredarán la tierra.
Y había entre ellos muchos enfermos atormentados por
fuertes dolores, y se arrastraron con dificultad hasta los
pies de Jesús. Pues no podían ya caminar sobre
sus pies. Dijeron: ''Maestro, el dolor nos atormenta intensamente;
dinos qué haremos". Y mostraron a Jesús
sus pies, cuyos huesos estaban retorcidos y nudosos y dijeron:
"Ni
el ángel del aire ni el del agua, ni el de la luz del
sol han disminuido nuestros dolores, a pesar de habernos bautizado
nosotros mismos y de haber ayunado y orado y seguido tus palabras
en todo".
''En verdad os digo que vuestros huesos sanarán. No
desesperéis, pero no busquéis vuestra curación
sino en el sanador de los huesos, el ángel de la tierra.
Pues de ella salieron vuestros huesos, y a ella retornarán".
Y señaló con su mano donde la corriente de agua
y el calor del sol habían ablandado la tierra dando
un barro arcilloso, en el borde del agua. ''Hundid vuestros
pies en el fango, para que el abrazo del ángel de la
tierra extraiga de vuestros huesos toda inmundicia y toda
enfermedad Y veréis cómo Satán y vuestros
dolores huyen del abrazo del ángel de la tierra. Así
desaparecerán las nudosidades de vuestros huesos, y
se enderezarán, y todos vuestros dolores desaparecerán".
Los enfermos siguieron sus palabras, pues sabían que
se curarían. Y había también otros enfermos
que sufrían mucho con sus dolores, a pesar de lo cual
persistían en su ayuno. Y sus fuerzas se agotaban,
y un calor extremo les atormentaba. Y cuando se levantaban
de su lecho para ir donde Jesús, les empezaba a dar
vueltas la cabeza, como si un viento racheado les azotase,
y tantas veces como trataban de ponerse en pie caían
nuevamente al suelo. Entonces, Jesús acudió
a ellos y les dijo: "Sufrís porque Satán
y sus enfermedades atormentan vuestros cuerpos. Más
no temáis, pues su poder sobre
vosotros terminará pronto. Porque Satán es como
un vecino colérico que penetró en la casa de
su vecino mientras éste estaba ausente, pretendiendo
llevarse sus bienes a su propia casa. Pero alguien avisó
al otro que su enemigo estaba saqueando su casa, y regresó
a ésta corriendo. Y cuando el malvado vecino, tras
haber reunido cuanto le había apetecido, vio de lejos
al dueño de la casa que
regresaba a toda prisa, se encolerizó por no poder
llevarse todo y se puso a romper y estropear cuanto allí
había, para destruirlo todo. Así aunque aquellas
cosas no pudieran ser suyas, tampoco las tendría el
otro. Pero el dueño de la casa llegó inmediatamente
y, antes de que el malvado vecino consiguiese su propósito,
le asió y le echó de la casa: En verdad os digo
que de igual modo penetró Satán en vuestros
cuerpos, que son la morada de Dios. Y tomó en su
poder cuanto deseó robar: vuestra respiración,
vuestra sangre, vuestros huesos, vuestra carne, vuestros intestinos,
vuestros ojos y vuestros oídos. Mas por medio de vuestro
ayuno y de vuestra oración habéis llamado de
nuevo al señor de vuestro cuerpo y a sus ángeles.
Y ahora Satán ve que el verdadero señor de vuestro
cuerpo vuelve y que es el fin de su poder. Por ello, en su
cólera, reúne una vez más sus fuerzas
para destruir vuestros cuerpos antes de la llegada del señor.
Por eso Satán os atormenta con tanto dolor, pues siente
que su fin ha llegado. Mas no dejéis que vuestros corazones
se estremezcan, pues pronto aparecerán los ángeles
de Dios para ocupar nuevamente sus lugares y volver a consagrarlos
como templos de Dios.
Y asirán a Satán y le expulsarán de vuestros
cuerpos, junto con todas sus enfermedades y todas sus inmundicias.
Felices seréis, pues recibiréis la recompensa
de vuestra constancia nunca más conoceréis enfermedad".
Y había entre los enfermos uno a quien Satán
atormentaba más que a ningún otro. Su cuerpo
estaba como un esqueleto de piel amarilla como una hoja seca.
Estaba ya tan débil que ni quiera a gatas podía
arrastrarse hasta Jesús, y sólo de lejos pudo
gritarle: "Maestro apiádate de mí, pues
nunca ha sufrido ningún hombre, ni
siquiera desde el principio del mundo, como yo sufro. Sé
que has sido en verdad enviado por Dios, y sé que si
lo deseas puedes expulsar inmediatamente a Satán de
mi cuerpo. ¿No obedecen los ángeles de Dios
al mensajero de Dios? Ven, Maestro expulsa ahora a Satán
de mí, pues se enfurece colérico en mi interior
y doloroso es su tormento''.
Y Jesús le respondió: "Satán te
atormenta tanto porque ya has ayunado muchos días y
no pagas su tributo. No le alimentas todas las abominaciones
con las que hasta ahora profanabasel templo de tu espíritu.
Atormentas a Satán con el hambre, y por eso en su cólera
te atormenta él a ti a su vez. No temas, pues te digo
que Satán será destruido antes de que tu cuerpo
sea destruido ; pues mientras ayunas y oras, los ángeles
de Dios protegen tu cuerpo para que el poder de Satán
no te destruya. Y la ira de Satán será impotente
contra los ángeles de Dios".
Entonces acudieron todos juntos a Jesús, y con grandes
voces suplicaron diciendo: "Maestro, compadécete
de él, pues sufre más que todos nosotros, y
si no expulsas enseguida a Satán de su cuerpo tememos
que no sobrevivirá hasta mañana".
Y Jesús les replicó: "Grande es vuestra
fe. Sea según vuestra y pronto veréis, cara
a cara, el horrible semblante de Satán y el poder del
Hijo del Hombre. Pues expulsaré de ti al poderoso Satán
por medio de la fortaleza del inocente cordero de Dios, la
criatura más débil del Señor. Porque
el espíritu santo de Dios hace más poderoso
al más débil que al más fuerte.
Y Jesús ordeñó a una oveja que estaba
pastando la hierba. Y puso la leche sobre la arena caldeada
por el sol, diciendo: ''He aquí que el poder del Ángel
del agua ha penetrado en esta leche. Y ahora penetrará
también en ella el poder del ángel de la luz
del sol". Y la leche se calienté con la fuerza
del sol.
"Y ahora los ángeles del agua y del sol se unirán
al ángel del aire."
Y he aquí que el vapor de la leche caliente empezó
a elevarse lentamente por el aire. ''Ven y aspira por la boca
la fuerza de los ángeles del agua, de la luz del sol
y del aire, para que ésta penetre en tu cuerpo y expulse
de él a Satán."
Y el enfermo a quien Satán tanto atormentaba aspiro
a su interior profundamente aquel vapor blanquecino que ascendía.
"Satán abandonará inmediatamente tu cuerpo,
ya que lleva tres días sin comer y no halla alimento
alguno dentro tuyo. Saldrá de ti para satisfacer su
hambre con la leche caliente y humeante, pues este alimento
es de su agrado. Olerá su aroma y no será capaz
de resistir el hambre que lleva atormentándole desde
hace tres días. Pero el Hijo del Hombre destruirá
su cuerpo para que no atormente a nadie más"·.
Entonces el cuerpo del hombre se estremeció con una
convulsión y pareció como si fuese a vomitar,
pero no podía. El hombre abría la boca en busca
de aire, pues se le cortaba la respiración. Y se desmayó
en el regazo de Jesús.
"Ahora Satán abandona su cuerpo. Vedle".
Y Jesús señaló la boca abierta del hombre
enfermo.
Y entonces vieron todos con asombro y terror cómo surgía
Satán de su boca en forma de un gusano abominable,
en busca de la leche humeante. Entonces Jesús tomó
dos piedras angulosas con sus manos y aplastó la cabeza
de Satán y extrajo del cuerpo del enfermo todo el cuerpo
del monstruo, que era casi tan largo como el hombre. Una vez
que hubo salido aquel abominable gusano de la garganta del
enfermo, éste recuperó de inmediato el aliento,
y entonces cesaron todos sus dolores. Y los demás miraban
con terror el abominable cuerpo de Satán.
"Mira qué bestia abominable has llevado y alimentado
en tu propio cuerpo durante tantos años. La he expulsado
de ti y matado para que nunca más te atormente. Da
gracias a Dios por haberte liberado sus ángeles, y
no peques más, no vaya a retornar otra vez Satán
a tu cuerpo. Que tu cuerpo sea en adelante un templo dedicado
a tu Dios".
Y todos permanecían asombrados por sus palabras y su
poder. Y dijeron: "Maestro, verdaderamente eres el mensajero
de Dios, y conoces todos los secretos. ''Y vosotros -les replicó
Jesús- sed verdaderos Hijos de Dios para
participar también de su poder y del conocimiento de
todos los secretos. Pues la sabiduría y el poder solamente
pueden provenir del amor a Dios. Amad, pues, a vuestro Padre
Celestial y a vuestra Madre Terrenal con todo vuestro corazón
y con todo vuestro espíritu.
Y servidles para que Sus ángeles os sirvan también
a vosotros. Sacrificad todos vuestros actos a Dios. Y no alimentéis
a Satán, pues la retribución del pecado es la
muerte. Mientras que en Dios se halla la recompensa del bien,
su amor, el cual es el conocimiento y el poder de la vida
eterna".
Y todos se arrodillaron para dar gracias a Dios por su amor.
Y Jesús partió, diciendo: "Vendré
de nuevo junto a quienes persistan en la oración y
el ayuno hasta el séptimo día. La paz sea con
vosotros el hombre enfermo de quien había expulsado
Jesús a Satán se puso en pie, pues la fuerza
de la vida había regresado a él. Respiró
profundamente y sus ojos se esclarecieron, pues todo dolor
le había abandonado. Y arrojándose al suelo
donde Jesús había estado, besó la huella
de sus pies y lloró. Y era en el lecho de un río
donde muchos enfermos ayunaban y oraban con los ángeles
de Dios durante siete días y siete noches. Y fue su
recompensa, pues seguían las palabras de Jesús.
Y al acabar el séptimo día todos sus dolores
les abandonaron. Y cuando sol se levantó sobre el horizonte
de la tierra, vieron que Jesús venía hacia ellos
desde la montaña, con el resplandor del sol naciente
alrededor de su cabeza.
"La paz sea con vosotros".
Y ellos no dijeron una palabra, sino que sólo se postraron
ante él y tocaron el borde de su vestidura en agradecimiento
por su curación.
"No
me dejéis las gracias a mí, sino a vuestra Madre
Terrenal, la cual os envió a sus ángeles sanadores.
Id y no pequéis más, para que nunca volváis
a conocer la enfermedad. Y dejad que los ángeles sanadores
sean vuestros guardianes".
Pero ellos le contestaron: "¿Adónde iremos,
Maestro? Pues en ti están las palabras de la vida eterna.
Dinos cuáles son los pecados que debemos evitar, para
que nunca más conozcamos la enfermedad".
Jesús respondió: "Así sea según
vuestra fe", y se sentó entre ellos diciendo:
"Fue dicho a aquellos de los antiguos tiempos: 'Honra
a tu Padre Celestial y a tu Madre Terrenal y cumple sus mandamientos,
para que tus días sean cuantiosos sobre la tierra'.
Y luego se les dio el siguiente mandamiento: 'No matarás',
pues Dios da a todos la vida, y lo que Dios ha dado no debe
el hombre arrebatarlo. Pues en verdad os digo que de una misma
Madre procede cuanto vive sobre la tierra. Por tanto quien
mata, mata a su hermano. Y de él se alejará
la Madre Terrenal y le retirará sus pechos vivificadores.
Y se apartarán de él sus ángeles y Satán
tendrá su morada en su cuerpo. Y la carne de los animales
muertos en su cuerpo se convertirá en su propia tumba.
Pues en verdad os digo que quien mata se mata a sí
mismo, y quien come la carne de animales muertos come del
cuerpo de la muerte. Pues cada gota de su sangre se convierte
en la suya en veneno; su
respiración en la suya en hedor; su carne en la suya
en forúnculos; sus huesos en los suyos en yeso; sus
intestinos en los suyos en descomposición; sus ojos
en los suyos en costras; sus oídos en los suyos en
ceras. Y su muerte será la suya propia. Pues solamente
en el servicio de vuestro Padre Celestial son vuestras deudas
de siete años perdonadas en siete días. Mientras
que Satán no os perdona nada debéis pagarle
todo. Ojo por ojo diente por diente, mano por mano,
pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, vida
por vida, muerte por muerte. Pues el costo del pecado es la
muerte. No matéis, ni comáis la carne de vuestra
inocente presa, no sea que os convirtáis en esclavos
de Satán. Pues ése es el camino de los sufrimientos
y conduce a la muerte. Sino haced la voluntad de Dios, de
modo que sus ángeles os sirvan en el camino de la vida.
Obedeced, por tanto, las palabras de Dios: 'Mirad, os he dado
toda hierba que lleva semilla, sobre la faz de toda la tierra,
y todo árbol en el que se halla el fruto de una semilla
que dará el árbol. Este será vuestro
alimento. Y a todo animal de la tierra, y a toda ave del cielo,
y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, donde se halle
el aliento de la vida, doy toda hierba verde como alimento.
También la leche de todo lo que se mueve y que vive
sobre la tierra será vuestro alimento. Al igual que
a ellos les he dado toda hierba verde, así os doy a
vosotros su leche. Pero no comeréis la carne,
ni la sangre que la aviva. Y en verdad demandaré vuestra
sangre que brota con fuerza, y vuestra sangre en la que se
halla vuestra alma.
Demandaré todos los animales asesinados y las almas
de todos los hombres asesinados. Pues yo el Señor tu
Dios soy un Dios fuerte y celoso, castigando la iniquidad
de los padres sobre sus hijos hasta la tercera y cuarta generación
de aquellos quienes me odian, y mostrando misericordia hacia
los millares de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.
Ama al Señor tu Dios con todo corazón con toda
tu alma y con todas tus fuerzas; éste es el primer
y más
grande mandamiento. Y el segundo es según éste:
'Ama a tu prójimo como a ti mismo'. No hay mandamiento
más grande que éstos". Y tras estas palabras
todospermanecieron en silencio, excepto uno que voceó:
"¿Qué debo hacer, Maestro, si veo que una
bestia salvaje ataca a mi hermano en el bosque? ¿Debo
dejar perecer a mi hermano o matar a la bestia salvaje? ¿No
transgrediría así la ley?" Y Jesús
le respondió: "Fue dicho a aquellos de los antiguos
tiempos: 'Todos los animales que se mueven sobre la tierra,
todos los peces del mar y todas las aves del cielo, han sido
puestos bajo vuestro poder'. En verdad os digo que de todas
las criaturas que viven sobre la tierra, sólo el hombre
creó Dios a su imagen. Por ello, los animales son para
el hombre, y no el hombre para los animales. No
transgredirás, por tanto, la ley si matas al animal
salvaje para salvar a tu hermano. Pues en verdad te digo que
el hombre es más que el animal. Pero quien mata al
animal sin causa alguna, sin que éste le ataque, por
el deseo de matar, o por su carne, o porque se oculta, o incluso
por sus colmillos, malvada es la acción que
comete, pues él mismo se convierte en bestia salvaje.
Y por tanto su fin ha de ser también como el fin de
los animales salvajes".
Y otro dijo entonces: ''Moisés, el más grande
de Israel, consintió a nuestros antepasados comer la
carne de animales limpios, y sólo prohibió la
carne de los animales impuros. ¿Por qué, entonces,
nos prohíbes la carne de todos los animales? ¿Qué
ley viene de Dios, la de Moisés o la tuya?
Y Jesús respondió: ''Dios dio, a través
de Moisés, diez mandamientos a vuestros antepasados.
'Estos mandamientos son duros', dijeron vuestros antepasados
y no pudieron cumplirlos. Cuando Moisés vio esto, tuvo
compasión de sus gentes y no quiso que se perdiesen.
Y les dio entonces diez veces diez mandamientos, menos duros,
para que los siguiesen. En verdad os digo que si vuestros
antepasados hubiesen sido capaces de seguir los diez mandamientos
de Dios, Moisés no habría tenido nunca necesidad
de sus diez veces diez mandamientos. Pues aquel cuyos pies
son fuertes como la montaña de Sión, no necesita
muletas; mientras que aquel cuyos miembros flaquean, llega
más lejos con muletas que sin ellas. Y Moisés
dijo al Señor: 'Mi corazón está lleno
de tristeza, pues mi pueblo se perderá. Porque no tienen
conocimiento, ni son capaces de
comprender tus mandamientos. Son como niños pequeños
que no pueden entender aún las palabras de su padre.
Consiente, Señor, que les dé otras leyes, para
que no se pierdan. Si ellos no pueden estar contigo, Señor,
que al menos no estén contra ti; que puedan mantenerse
a sí mismos, y cuando haya llegado el momento y estén
maduros para tus palabras, revélales tus leyes'. Por
eso rompió
Moisés las dos tablas de piedra donde estaban escritos
los diez mandamientos, y les dio en su lugar diez veces diez.
Y de estas diez veces diez, los escribas y los fariseos han
hecho cien veces diez mandamientos. Y han puesto insoportables
cargas sobre vuestros hombros, que ni ellos mismos sobrellevan.
Pues cuanto más cercanos a Dios están los mandamientos,
menos necesitamos; y cuanto más lejanos se hallan de
Dios, más necesitamos entonces. Por eso innumerables
son las leyes de los fariseos y de los escribas, siete las
leyes del Hijo del Hombre tres las de los ángeles;
y una la de Dios.
"Por eso yo solamente os enseño las leyes que
podéis comprender, para que os convirtáis en
hombres y sigáis las siete leyes del Hijo del Hombre.
Entonces os revelarán también los ángeles
sus leyes, para que el espíritu santo de Dios descienda
sobre vosotros y os guíe hacia su ley''.
Y todos estaban asombrados de su sabiduría, y le pedían:
"continúa Maestro, y enséñanos todas
las leyes que podemos recibir". Y Jesús continuó:
"Dios ordenó a vuestros antepasados: 'No matarás'.
Pero su corazón estaba endurecido y mataron. Entonces,
Moisés deseó que por lo menos no matasen hombres,
y les permitió matar a los animales. Y entonces el
corazón de vuestros antepasados se
endureció más aún, y mataron a hombres
y animales por igual. Más yo os digo: No matéis
ni a hombres ni a animales, ni siquiera el alimento que llevéis
a vuestra boca. Pues si coméis alimento vivo, él
mismo os vivificará; pero si matáis vuestro
alimento, la comida muerta os matará también.
Pues la vida viene sólo de la vida, y de la muerte
viene siempre la muerte. Porque todo cuanto mata vuestros
alimentos, mata también a vuestros cuerpos. Y todo
cuanto mata vuestros cuerpos también mata vuestras
almas. Y vuestros cuerpos se convierten en lo que son vuestros
alimentos, igual que vuestros espíritus se convierten
en lo que son vuestros pensamientos. Por tanto, no comáis
nada que el fuego, el hielo o el agua haya destruido. Pues
los alimentos quemados, helados o descompuestos quemarán,
helarán y corromperán también vuestro
cuerpo. No seáis como el loco agricultor que sembró
en su campo semillas cocinadas, heladas y descompuestas. Y
llegó el otoño y sus campos no dieron nada.
Y grande fue su aflicción. Sino sed como aquel agricultor
que sembró en su campo semilla viva, y cuyo campo dio
espigas vivas de trigo, pagándole el céntuplo
por las semillas que plantó. Pues en verdad os digo,
vivid sólo del fuego de la vida, y no preparéis
'vuestros alimentos con el fuego de la muerte, que mata vuestros
cuerpos y también vuestras almas.
"Maestro ¿dónde se halla el fuego de la
vida?", preguntaron algunos de ellos.
''En vosotros, en vuestra sangre y en vuestros cuerpos.
"¿Y el fuego de la muerte?", preguntaron
otros.
"Es el fuego que arde fuera de vuestro cuerpo, que es
más caliente que vuestra sangre. Con ese fuego de muerte
cocináis vuestro alimento en vuestros hogares y en
vuestros campos. En verdad os digo que el mismo fuego destruye
vuestro alimento y vuestros cuerpos como el fuego de la maldad
que destroza vuestros pensamientos y destroza vuestros espíritus.
Pues vuestro cuerpo es lo que coméis, y vuestro espíritu
es lo que pensáis. No comáis nada, por tanto,
que haya matado un fuego más fuerte que el fuego de
la vida.
Preparad, pues, y comed todas las frutas de los árboles,
todas las hierbas de los campos y toda leche de los animales
buena para comer. Pues todas estas cosas las ha nutrido y
madurado el fuego de la vida, todas son dones de los ángeles
de nuestra Madre Terrenal. Mas no comáis nada a lo
que sólo el fuego de la muerte haya dado sabor, pues
tal es de Satán.''
"¿Cómo deberíamos cocer sin fuego
el pan nuestro de cada día, Maestro?", preguntaron
algunos con desconcierto.
"Dejad que los ángeles de Dios preparen vuestro
pan. Humedeced
vuestro trigo para que el ángel del agua lo penetre.
Ponedlo entonces al aire, para que el ángel del aire
lo abrace también. Y dejadIo de la mañana a
la tarde bajo el sol, para que el ángel de la luz del
sol descienda sobre él. Y la bendición de los
tres ángeles hará pronto que el germen de la
vida brote en vuestro trigo. Moled entonces vuestro grano
y haced finas obleas, como hicieron vuestros antepasados cuando
partieron de Egipto, la morada de la esclavitud. Ponedlas
de nuevo bajo el sol en cuanto aparezca y, cuando se halle
en lo más alto de los cielos, dadles la vuelta para
que el ángel de la luz del sol las abrace también
por el otro lado, y dejadlas así hasta que el sol se
ponga. Pues los ángeles del agua, del aire y de la
luz del sol alimentaron y maduraron el trigo en el campo,
y ellos deben igualmente preparar también vuestro pan.
Y el mismo sol que, con el fuego de la vida, hizo que el trigo
creciese y madurase, debe cocer vuestro pan con el mismo fuego.
Pues el fuego del sol da vida al trigo, al pan y al cuerpo.
Pero el fuego de la muerte mata el trigo, el pan y el cuerpo.
Y los ángeles vivos del Dios Vivo solamente sirven
a los hombres vivos. Pues Dios es el Dios de lo vivo y no
el Dios de lo muerto.
"Comed, pues, siempre de la mesa de Dios: los frutos
de los árboles, el grano y las hierbas del campo, la
leche de los animales, y la miel de las abejas. Pues todo
más allá de esto es de Satán y por los
caminos del pecado y la enfermedad conduce hacia la muerte.
Mientras que los alimentos que coméis de la abundante
mesa de Dios dan fortaleza y juventud a vuestro cuerpo, y
nunca conoceréis la enfermedad. Pues la mesa de Dios
alimentó a Matusalén, el viejo, y en verdad
os digo que si vivís igual como él vivió,
también el Dios de lo vivo os dará una larga
vida sobre la tierra como la suya".
"Pues en verdad os digo que el Dios de lo vivo es más
rico que todos los ricos de la tierra y su abundante mesa
es más rica que la más rica de las mesas de
festín de todos los ricos de la tierra. Comed, pues,
durante toda vuestra vida en la mesa de nuestra Madre Terrenal,
y nunca conoceréis la necesidad. Y cuando comáis
en su mesa, comedlo todo tal corno se halle en la mesa de
la Madre Terrenal. No cocinéis ni mezcléis todas
las cosas unas con otras, o vuestros intestinos se convertirán
en ciénagas humeantes. Pues en verdad os digo que esto
es abominable a los ojos del Señor".
"Y no seáis como el sirviente avaricioso que comía
siempre de la mesa de su señor la ración de
otros. Y todo lo devoraba y lo mezclaba en su glotonería.
Y viendo aquello, su señor se encolerizó con
él y le expulsó de la mesa. Y cuando todos acabaron
su comida, mezcló cuanto quedó en la mesa y
llamó al glotón sirviente, y le dijo: 'Toma
y come esto junto a los cerdos, pues tu lugar está
entre ellos, y no en mi mesa'. "Tenedlo en cuenta por
tanto, y no profanéis con todo tipo de abominaciones
el templo de vuestros cuerpos. Contentaos con dos o tres tipos
de alimento, que siempre hallaréis en la mesa de nuestra
Madre Terrenal. Y no deseéis devorar todo cuanto veáis
en derredor vuestro. Pues en verdad os digo que si mezcláis
en vuestro cuerpo todo tipo de alimentos, entonces cesará
la paz en vuestro cuerpo y se desatan en vosotros una guerra
interminable. Y se aniquilará
vuestro cuerpo como los hogares y los reinos que divididos
entre sí aseguran su propia destrucción. Pues
vuestro Dios es el Dios de la paz, y nunca ayuda a la división.
No levantéis, pues, contra vosotros la cólera
de Dios, para que no vaya a expulsaros de su mesa y os veáis
obligados a ir a la mesa de Satán, donde el fuego de
los pecados, de las enfermedades. y de la muerte corromperá
vuestros
cuerpos".
"Y cuando comáis, no comáis hasta no poder
más. Huid de las tentaciones de Satán y escuchad
la voz de los ángeles de Dios. Pues Satán y
su poder os tentarán siempre a que comáis más
y más. Pero vivid por el espíritu y resistid
los deseos del cuerpo. Y que vuestro ayuno complazca siempre
a los ángeles de Dios. Así que tomad -cuenta
de cuanto hayáis comido cuando os sintáis saciados
y comed siempre menos de una tercera parte de ello-.
"Que el peso de vuestro alimento diario no sea menos
de una mina, pero vigilad que no exceda de dos. Entonces os
servirán siempre los ángeles de Dios, y nunca
caeréis en la esclavitud de Satán y de sus enfermedades.
No obstaculicéis la obra de los ángeles en vuestro
cuerpo comiendo demasiado a menudo. Pues en verdad os digo
que quien come más de dos veces diarias hace en él
la obra de Satán. Y los ángeles de Dios abandonan
su cuerpo y pronto toma Satán posesión de él.
Comed tan sólo cuando el sol esté en lo más
alto de los cielos, y de nuevo cuando se ponga. Y nunca conoceréis
enfermedad, pues ello halla aprobación a los ojos del
Señor. Y si deseáis que los ángeles se
complazcan en vuestro cuerpo y que Satán os evite de
lejos, sentaos entonces sólo una vez al día
a la mesa de Dios. Y entonces serán numerosos vuestros
días sobre la tierra, pues esto es
grato a ojos del Señor. Comed siempre cuando sea servida
ante vosotros la mesa de Dios, y comed siempre de aquello
que halléis sobre la mesa de Dios. Pues en verdad os
digo que Dios sabe bien lo que vuestro cuerpo necesita y cuándo
lo necesita.
"Con la llegada del mes de Iyar comed cebada; con el
mes de Sivan comed trigo, la más perfecta de las hierbas
que dan semilla. Y que vuestro pan de cada día sea
hecho de trigo, para que el Señor cuide vuestros cuerpos.
Con el mes de Tamuz comed la uva ácida, para que vuestro
cuerpo adelgace y Satán lo abandone. En el mes de EIuI,
recoged la uva para que su jugo os sirva de bebida. En el
mes de Marcheshvan recoged la uva dulce, endulzada y seca
pon el ángel de la luz del sol, para que aumente vuestros
cuerpos y que los ángeles del Señor moren en
ellos. Debéis comer los higos jugosos en los meses
de Ab y de Shebat, y los que sobren que el ángel de
la luz del sol os los guarde. Comedlos con las almendras durante
todos los meses en que los árboles no dan frutos. Y
las hierbas que brotan después de la lluvia, comedlas
durante el mes de Thebet, para purificar vuestra sangre de
todos vuestros pecados. Y en el mismo mes empezad a beber
también la leche de vuestros animales, pues para ello
dio el señor las hierbas de los campos a todos los
animales que producen leche, para que ellos alimentasen al
hombre con su leche. Pues en verdad os digo que felices son
aquellos que comen sólo en la mesa de Dios, y renuncian
a todas las abominaciones de Satán. No comáis
alimentos impuros traídos de países lejanos,
sino comed siempre cuanto produzcan vuestros árboles.
Pues vuestro Dios sabe bien lo que os es necesario, y dónde
y cuándo. Y Él da a todos los pueblos de todos
los reinos los alimentos mejores para cada uno de ellos. No
comáis como los paganos, que se atiborran con prisa,
profanando sus cuerpos con todo tipo de abominaciones.
"Pues el poder de los ángeles de Dios penetra
en vosotros con el alimento vivo que el Señor os proporciona
de su mesa real. Y cuando comáis, tened sobre vosotros
al ángel del aire, y bajo vosotros al ángel
del agua. Respirad larga y profundamente en todas vuestras
comidas para que el ángel del aire bendiga vuestro
alimento. Y masticadlo bien con vuestros dientes, para que
se vuelva agua y que el ángel del agua lo convierta
dentro de vuestro cuerpo en sangre. Y comed lentamente, como
si fuese una oración que hicieseis al Señor.
Pues en verdad os digo que el poder de Dios penetra en vosotros
si coméis de tal modo en su mesa. Mientras que Satán
convierte en ciénaga humeante el cuerpo de aquel a
quien no descienden los ángeles del aire y del agua
en sus comidas. Y el Señor no le permite permanecer
por más tiempo en su mesa. Pues la mesa del Señor
es como un altar, y quien come en la mesa de Dios se halla
en un templo. Pues en verdad os digo que el cuerpo de los
Hijos del Hombre se convierte en un templo, y sus entrañas
en un altar, si cumplen los mandamientos de Dios. Por tanto,
no pongáis nada sobre el altar del Señor cuando
vuestro espíritu esté irritado, ni penséis
de alguien con ira en el templo de Dios. Y entrad solamente
en el santuario del Señor cuando sintáis en
vosotros la llamada de sus ángeles, pues
cuanto coméis con tristeza, o con ira, o sin deseo,
se convierte en veneno en vuestro cuerpo. Pues el aliento
de Satán lo corrompe todo. Poned con alegría
vuestras ofrendas sobre al altar de vuestro cuerpo, y dejad
que todos vuestros malos pensamientos se alejen de vosotros
al recibir en vuestro cuerpo el poder de Dios proveniente
de su mesa. Y nunca os sentéis a la mesa de Dios antes
de que él os llame por medio del ángel del apetito.
"Regocijaos, pues, siempre con los ángeles de
Dios en su mesa real, pues esto complace al corazón
del Señor. Y vuestra vida será larga sobre la
tierra, pues el más valioso de los sirvientes de Dios
os servirá todos los días: el ángel de
la alegría.
"Y no olvidéis que cada séptimo día
es santo y está consagrado a Dios. Durante seis días
alimentad vuestro cuerpo con los dones de la Madre Terrenal,
mas en el séptimo día santificad vuestro cuerpo
para vuestro Padre Celestial. Y en el séptimo día
no comáis ningún alimento terrenal, sino vivid
tan sólo de las palabras de Dios. Y estad todo el día
con los ángeles del Señor en el reino del Padre
Celestial. Y en el séptimo día dejad que los
ángeles de Dios levanten el reino de los cielos en
vuestro cuerpo, ya que trabajasteis durante seis días
en el reino de la Madre Terrenal. Y no dejéis que ningún
alimento entorpezca la obra de los ángeles en vuestro
cuerpo a lo largo del séptimo día. Y Dios os
concederá larga vida sobre la tierra, para que tengáis
vida eterna en el reino de los cielos. Pues en verdad os digo
que si no conocéis más enfermedades sobre la
tierra, viviréis por siempre en el reino de los cielos".
"Y Dios os enviará cada mañana el ángel
de la luz del sol para despertaros de vuestro sueño.
Obedeced, por tanto, la llamada de vuestro Padre Celestial
y no permanezcáis ociosos en vuestros lechos, pues
los ángeles del aire y del agua ya os aguardan afuera.
Y trabajad durante todo el día con los ángeles
de la Madre Terrenal para que lleguéis a conocerlos
a ellos y a sus obras cada vez más y
mejor. Mas cuando el sol se ponga y vuestro Padre Celestial
os envíe su ángel más preciado, el sueño,
id a descansar y permaneced toda la noche con el ángel
del sueño. Y entonces os enviará el Padre Celestial
sus ángeles desconocidos para que permanezcan junto
a vosotros a lo largo de la noche. Y los ángeles desconocidos
del Padre Celestial os enseñarán muchas cosas
sobre el reino de Dios, así como los ángeles
que conocéis de la Madre Terrenal os instruyen en las
cosas de su reino. Pues en verdad os digo que seréis
cada noche los invitados del reino de vuestro Padre Celestial
si cumplís sus mandamientos. Y cuando os despertéis
por la mañana, sentiréis en vosotros el poder
de los ángeles desconocidos. Y vuestro Padre Celestial
os los enviará cada noche para que enriquezcan vuestro
espíritu, igual que la Madre Terrenal os envía
sus ángeles para que construyan vuestro cuerpo. Pues
en verdad os digo que si durante e
día os acoge en sus brazos vuestra Madre Terrenal,
y si durante la noche os respira su beso el Padre Celestial,
entonces los Hijos de los Hombres os convertiréis en
los Hijos de Dios". "Resistid de día y de
noche las tentaciones de Satán. No os despertéis
de noche ni durmáis d
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