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Interpretación de las Escrituras

Después de conducir a los israelitas fuera de la esclavitud de Egipto, Moisés subió a la cima del Monte Sinaí.

Allí recibió tanto el conocimiento de la Torá como la sabiduría suprema de la Kabalá.

La Torá puede compararse con el cuerpo físico de la Biblia, mientras que la Kabalá es el alma invisible.

La Torá nos dice cómo funciona el mundo, utilizando el lenguaje poético de la metáfora y el relato. La Kabalá dice por qué el mundo funciona como lo hace, descifrando los mensajes codificados de la Torá. Revela, así, las leyes universales de la vida.

Contrariamente a lo que dicen 3400 años de malas interpretaciones, lo que Moisés NO recibió en el Monte Sinaí fue una religión. Esa idea es totalmente una invención del hombre.

La Torá nos dice que en las estribaciones del monte Sinaí vivían millones de personas, la población de una moderna metrópolis. Y todos los que allí vivían presenciaron algo que cambió el mundo.
En esa humilde montaña Móisés les enseñó la Torá. La Torá era tanto una constitución nacional como un manual personal. Pero en su signficado más profundo se encontraba la imagen de la creación, y proporcionaba el vínculo que enlazaba a Dios con el Pueblo del Libro.
Como cualquier código o constitución, tenía que ser interpretada. Moisés instruyó a su pueblo en cuatro grados, cada uno de los cuales descifraba un nivel. Todos aprendían el significado básico de las normas que gobernaban el comportamiento personal, la conciencia social, el código ético y el estilo de vida y la relación con su Creador. Este nivel de instrucción se conoció como Peshat, que significa "sencillo, sin adornos, desnudo de complicaciones".
La segunda ronda de "conferencias" se limitaba a aquellos cuyas capacidades les permitían comprender las implicaciones subyacentes del nivel de Peshat. En este nivel, se investigaban las alusiones más profundas, que sólo se insinuaban en el texto. Conocido como el nivel Remez, aludía a una capa más profunda de intención dentro de la información básica.

La tercera sesión estaba enormemente restringida, y los prerrequisitos para participar en ella eran bastante exigentes. A este selecto grupo se le enseñaba un nivel más profundo de la misma Torá, el nivel Derush ("deducido"). Por ejemplo, en algún momento puede encontrarse usted intentando transmitir un concepto que, por su complejidad y profundidad, resulta literalmente imposible de expresar. Podría recurrir usted a una analogía adecuada, o quizás a una metáfora o a una alegoría. Aunque imperfecta, una ingeniosa alegoría puede englobar la esencia que se pretende transmitir. La analogía, al tiempo que ilumina, también oculta información, porque se formula con un ejemplo, que, normalmente, resulta bastante diferente de la información que pretende transmitir. No obstante, irónicamente, al ocultar la información en una analogía, lo que hacemos en realidad es revelar su esencia. Esto es lo que hace la Derush. Da a conocer la esencia de la Torá con metáforas y cuentos. Para los sabios, éstos se convierten en las claves de significados ocultos. Existe todo un cuerpo de literatura sobre la Torá, conocido como Midrash que se consagra a la forma de enseñanza de la Derush.
Y aún no hemos llegado al nivel de la Kabalá. Este nivel se dio cuando Moisés eligió a un puñado de futuros nistarim (literalmente "los ocultos") y les enseñó el Sod (el "secreto") nivel de la Torá. En este nivel, la realidad tangible se reduce a simbolismos, numerología y fuerzas espirituales, la energía etér

Al lograr a través del estudio aplicado y la meditación pasar por cada una de estas iniciaciones y recordando la necesidad de un instructor, para ello podemos , Dios mediante, acceder al paraíso o huerto simbolizado por la palabra PRDS o Pardes.

 


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Angel de la Guarda