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Introducción a la Kabalá

El manual de instrucciones conocido como Torah para los judíos y la Biblia para los catolicos contiene la guía para vivir como seres humanos felices y completos. A mí entender la mayoría de las personas leemos ese manual en forma literal y ese es solo el primer nivel de lectura donde solo nos quedamos en el icerberg.

La Torah o Biblia, esencialmente contiene, cuatro niveles de codificación y de aprendizaje. Las letras iniciales de sus nombres conforman la palabra "Pardés", que señala a la sabiduría más completa (y de la que extrajeron los griegos a su "paradisos" o paraíso, y con él, precisamente, al "prado" de la sabiduría). En su orden natural, estos cuatro niveles responden al siguiente sucinto detalle:

1. Pshát (literalmente: simple, desnudo): es el nivel de lectura literal de la Toráh, con sus relatos históricos, sus preceptos positivos y negativos, sus ejemplos acerca de las distintas naturalezas de lo humano, etc.; con ello, es el único nivel de lectura de la Toráh que es rigurosamente posible traducir a otro idioma, desde el original en el lenguaje hebreo sagrado;

2. Rémez (literalmente: insinuación, o señal): es el nivel de lo que llamamos "lectura entre líneas"; una lectura capaz de captar contenidos y sentidos que no son explícitos en el texto, y que no obstante, se ofrecen a la mirada inquisidora, y a la mente ansiosa de conocimiento;

3. Drásh (literalmente: lo "exigido" al texto): es el nivel de lectura en que las figuras de la Toráh adquieren carácter de arquetipos y paradigmas, y los dichos advienen enigmas a resolver. Una lectura que requiere de gran expertizaje en las reglas que la conducen, para que nos guíe por el camino correcto y no nos despeñe en ilusiones vanas;

4. Sód (literalmente: secreto): es el nivel de lectura que conocemos por el nombre de Kabalá="recepción", cuyos contenidos, que incluyen todos los secretos de la Divinidad y de la Creación, son recibidos directamente de los Mundos Superiores, y se instalan en el alma de quien se halla apto y deseoso de aprehenderlos y convertirlos en parte de sí.

Porque salvo casos de gran elevación personal, nadie está preparado para comprender la profundidad de la Toráh por sí solo, confiado únicamente a su propia gestión espiritual. De tal modo, la sed de aprender atrae hacia uno al Maestro, que se hace presente en el momento correcto para infundir enseñanza y amor, y guiar nuestro aprendizaje.

Sea Voluntad de Hashém que sepamos ser fieles a la enseñanza recibida, y que de estas palabras producidas con amor, surja luz y crecimiento espiritual para todos quienes ansían participar de la Verdad.


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