|
Las
mil formas de deshacerse de un gato - Autora:
Aldana Passalia - Del libro Alas del Alma - Cuentos para chicos
Un
día apareció en el jardín de casa un
gato negro, permaneció un rato y se fue. Al dia siguiente
volvió aparecer y nuevamente estuvo un rato mas largo
y se fue. Al tercer dia volvió a venir y ya se quedo.
Le pusimos de nombre Michagui. Así fue como nuestro
gato cariñoso y tranquilo formó parte de la
familia.
Pasaron dos años, y yo quería tener un perro,
pero mamá me decía que no podíamos tener
un perrito porque ya teníamos un gatito y no sabíamos
como se llevarían entre si.
Yo insistía, insistía, pero no había
forma de convencer a mamá.
Hasta que empece a pensar de que manera podría deshacerme
del gato. Entonces le sugerí a mamá que no le
diéramos mas de comer, así tendría que
ir a buscar la comida a otro lado y seguramente con el tiempo
se iría a vivir a otra casa.
Pero mama decía que eso no se hace. Mientras tanto
yo seguía pensando como deshacerme de Michagui para
poder traer un perrito a casa.
Nuevamente tome fuerza e insistí para que lo lleváramos
al Jardín Botánico, allí viven muchos
gatos a los cuales le dan de comer. A mis sugerencia, la respuesta
era un No.
Así
seguí dando mis ideas para que el gato se fuera de
casa y de esta manera traer un perro.
Hasta que mamá un dia me contó esta historia:
Hace mucho mucho tiempo atrás había un sacerdote
muy especial que vivía en un país llamado Italia.
Los muchachos de la calle lo llamaban: 'Ese es el Padre que
siempre está alegre. El Padre de los cuentos bonitos'.
Su sonrisa era de siempre. Nadie lo encontraba jamás
de mal humor y nunca se le escuchaba una palabra dura o humillante.
Hablar con él la primera vez era quedar ya de amigo
suyo para toda la vida. Dios le concedió también
el don de consejo: Un consejo suyo cambiaba a las personas.
Realizaba muchas visitas a las cárceles de la ciudad
y viendo la situación en la que vivían muchos
niños que habitaban en la zona, abandonados y muy sólitos,
decidió dedicar su vida a ayudar a estos pequeños.
Don Juan Bosco era como lo llamaban, comenzó a enseñar
a los chicos de la calle, rápidamente sus alumnos crecerían
en número atraídos por una bondad que nunca
antes habían conocido.
Don Bosco siempre supo ver, debajo de los harapos y la suciedad
de estos niños endurecidos por la vida, una chispa
que con un poco de esfuerzo, se convertiría en una
gran llama de amor. Sabía que no era con fuerza, castigos
o retos como se ganaría a los niños, sino con
caridad y gentileza.
Don Bosco dejó el recuerdo de un hombre inolvidable,
enseñó a amar e invocar a la Virgen Santísima
y al ángel de la guarda, y a apreciar debidamente el
tesoro del tiempo.
Un perro extraordinario jugó un gran papel en la vida
del padre.
Una
noche de otoño allá por el año 1853,
Don Juan Bosco, iba por una calle de mala fama de Turín
donde él vivía. De pronto apareció un
perro que empezó a seguirlo. El sacerdote miró
sorprendido a ese animal que nunca había visto. Lo
acarició. El perro estuvo quieto un momento y después
se alejó.
A partir de entonces, cada vez que el sacerdote se encontraba
solo por la noche en un sitio peligroso, lo acompañaría
aquel perro llegado de ninguna parte que después desaparecería.
Don Bosco le puso el nombre de "Grigio", es decir
"Gris".
En efecto, el animal era de ese color. De tamaño grande,
tenía el hocico fino, orejas rectas, pelaje abundante
y cola en penacho y siempre acudía cuando hacia falta.
En aquella época, había personas que no les
gustaba lo que el cura enseñaba y estaban en contra
de él y cada tanto aprovechaban para atacarlo.
Una noche un hombre disparó contra el sacerdote. Habiendo
fallado se lanzó sobre él. Pero Grigio estaba
allí; empujó al malvado y lo obligó a
huir.
Otra vez, Don Juan Bosco iba unos cuantos pasos detrás
de dos hombres. Sintiendo el peligro dio media vuelta, pero
antes de que pudiera gritar se le echaron encima los delincuentes
y le cubrieron la cabeza con una bolsa. Surgido como por milagro,
Grigio se puso a ladrar y tiró al suelo a uno de los
hombres al que inmovilizó agarrándole la garganta
con los colmillos, mientras el otro huía. Don Bosco
le hizo comprender al perro que soltara al bribón que
también huyó corriendo.
Otra
noche, al sacerdote lo atacó un malandrín armado
con un cuchillo. Don Juan Bosco, que no conseguía escapar,
le tuvo que dar una trompada muy fuerte. El malhechor lanzó
un grito y de los matorrales cercanos empezaron a salir todos
sus cómplices.
El sacerdote se sintió perdido. Pero Grigio apareció
una vez más. Y se puso a dar vueltas alrededor de él,
enseñando los colmillos.
Por favor, gritó uno de los hombres, Llame a
su perro, ¿no ve que va a morderme ?
_ ¿Y que quiere Ud. que haga?, dijo Don Bosco
_ Perdónenos, Señor Cura, somos unos pobres
tipos; nos han dado mil francos....
_ ¿Y por esa cantidad me habrían matado dijo
el cura ?
_ Llame a su perro.
_ Primero prométanme que me dejarán tranquilo
a partir de ahora.
_ Se lo juramos por la Virgen
Grigio, ven. ¡Bravo me has salvado la vida!.
Sólo en una ocasión se puso el perro a gruñirle
a Don Bosco. Una noche, el cura quería salir y Grigio
se lo impidió. Durante media hora le cerro el paso
obligándolo a quedarse en casa.
Un cuarto de hora más tarde, llegó un vecino
para advertirle, que había escuchado una conversación
donde se había enterado de que le preparaban una trampa.
¿Cómo pudo saberlo Grigio ?
Otra noche, el perro llegó a la iglesia, se acercó
al cura, puso el hocico en la mesa donde aquel estaba cenando
y volvió a salir.
Juan
Bosco comprendió. Un amigo lo había traído
más pronto de lo previsto. Inquieto porque no lo había
visto regresar, Grigio quiso asegurarse de que realmente estaba
allí.
El perro, nunca le aceptó comida a Don Bosco, ni por
supuesto ningún cobijo. En cuánto a los niños
estos podían acariciarlo y hacerle cuantas travesuras
se le ocurrieran; dejaba que le tiraran de los pelos o de
las orejas, pero jamas aceptaba un dulce de los niños.
Una actitud muy rara para un perro ya que se trataba de un
animal de carne y hueso, no de un perro fantasma.
Cuando desaparecieron las persecuciones contra Don Bosco,
el Grigio dejo de presentarse.
¿Que explicación ?
La historia de Grigio es absolutamente extraordinaria.
La hipótesis más razonable consiste en considerarlo
un perro errante que se había apegado al cura. Aunque
¿Cómo se podría haber dado cuenta de
los peligros que le acechaban ?
Una persona tiempo más tarde le preguntó al
cura que pensaba y éste le respondió:
" Decir que era un ángel daría risa. Pero
tampoco se puede decir que fuera un perro común y corriente".
Y mama termino la historia diciéndome: Dios a veces
envía a su ángeles en forma de animales para
protegernos, ¿ no será que tenemos un ángel
gato en casa y aun no nos dimos cuenta ?.
Y a partir de ese dia dejé de pensar como deshacerme
del gato.
|