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Lucifer y los angeles caídos - Fuente: Kabaleb

Su origen

 

En el mundo de los ángeles impera, como en todos, la ley de polaridad, y en el extremo opuesto de esos mensajeros alados que hemos descrito hasta ahora, se encuentran una categoría de seres que se negaron a trabajar de "pinches" para el "Gran Jefe". Lucifer, el más brillante representante de la oleada angélica, se negó a seguir las directrices del Creador. En el Primer Día fue creado el Elemento Fuego. En el Segundo Día de la Creación le tocó el turno al Elemento Agua. Pero cuando, en el Tercer Día el Creador decidió combinar el Agua con el Fuego para que los dos Elementos se conciliaran, una categoría de ángeles bajo el mandato de Lucifer se rebeló, negándose a participar en estos trabajos, ya que ellos se identificaban más con el Fuego.
Los Luciferes fueron precipitados al abismo como castigo a su negativa. Dice Kabaleb: "El Fuego es un Elemento superior al Agua. El Fuego comunica al hombre entusiasmo, voluntad y sed de sabiduría. Pero
del mismo modo que no podemos asimilar los minerales que nos nutren sino a través de los vegetales, tampoco podemos asimilar el Fuego celeste en su estado puro, sino que debe sernos suministrado a través del Agua, Elemento que corresponde a las emociones y sentimientos. Es decir, es a través de los sentimientos, del amor, que despertamos a la espiritualidad". Lo cual equivale a decir que, como veremos más adelante, a través de la plegaria podemos alcanzar la omnisciencia.
En el Cuarto Día de la Creación, en el que actualmente nos encontramos, los Luciferes se vieron desgajados de la categoría angélica. No podían ya funcionar en un Cuerpo Vital, como los ángeles, pero eran demasiado avanzados en su evolución como para hacerlo en un cuerpo físico como los hombres. Y, como sea que necesitaban un órgano físico para su trabajo evolutorio, se alojaron en la columna vertebral del hombre. Los videntes, al percibir su forma alargada, les
asignaron el nombre de "serpientes", y con este término son descritos en la Biblia (aunque también se les llama "cerdos" o "perros") su cabeza toca nuestro cerebro y su cola limita con nuestros órganos sexuales.

Cómo lograron salvar su alma de la destrucción

La parte más interesante de la historia de los Luciferes arranca con la
Creación del hombre. Tal y como lo explica Kabaleb en su "Interpretación Esotérica del Génesis" (que aún no ha sido publicada en España), el término que los traductores no iniciados de la Biblia tradujeron por "serpiente", y que se refiere a los Luciferes, fue "Nahash" y esta palabra, traducida literalmente del hebreo, significa "ardor codicioso, envidioso, interesado, egoísta, serpenteando en el corazón del hombre, pasión que arrastra la vida elemental" (esta definición ha sido dada por Fabre d.Olivet en su "Lengua Hebraica Restituida").


Esta "pasión insidiosa" le susurró al oído a Aisha (Eva) "¿Por qué el Creador os ha recomendado, a ti y a Adán, que no os alimentéis de la substancia del Árbol del Bien y del Mal?". En aquel momento Nahash-Serpiente-Lucifer abusó de la inocencia de la mujer primordial, penetró en ella para tentarla, y se encontró con una actitud complaciente por parte de una voluntad que no había sido aún estrenada. Este hecho revistió una importancia vital para Lucifer y sus hordas porque, como consecuencia de su negativa a participar en las labores de Creación
del mundo, el destino de sus almas era la destrucción total. Pero gracias al consentimiento de Eva, la cual aceptó seguir sus directrices -o sea que aceptó dejarse penetrar por ellos-, podían seguir viviendo y actuando, desde la columna vertebral del hombre. Como si un reo condenado a muerte en una cárcel hubiera pactado con el Ministro de Justicia la conmutación de su pena a cambio de trabajos forzados, ésta fue la situación de los Luciferes. El Creador no tuvo más remedio que aceptar el pacto y de paso la desobediencia de Adán y Eva en
virtud del mayor regalo que había hecho al ser humano: el libre ejercicio de su voluntad, el libre albedrío.


La famosa "tentación" carecía pues de connotaciones sexuales, iba mucho más allá, se trataba de una emancipación, de librarse de la tutela divina, pero mucho antes de lo que la divinidad había planeado. La tentación no sería provocada por un elemento externo transformado en serpiente o en cualquier otro animal, sino un ardor, un impulso interno irreprimible capitaneado por los Luciferes.