Milagros
Angélicos

El año es 1982, en Beirut, la ciudad joya del Líbano
que los occidentales suelen describir como "la Suiza del
Medio Oriente." Es el centro de la crisis libanesa. Los
tiranos locales están luchando entre ellos, bombardeando
la ciudad con más de trescientas bombas por minuto que
llueven sobre ambos lados, indiferentes hacia las víctimas.
En un día muy oscuro de fuertes bombardeos, todos en
nuestro edificio de diez pisos están agrupados en sus
departamentos rezando. Cada persona desea escapar con vida.
No hay electricidad para usar el ascensor, ni para mirar televisión,
ni siquiera para usar el teléfono o para calentar el
agua. La
gente está viviendo minuto a minuto, corriendo escaleras
abajo hacia el sótano para protegerse, y se sienten afortunados
si guardaron algo de pan comprado durante un receso en los bombardeos.
En el medio de esta confusión, una mujer está
gritando en el sótano: "¡Me olvidé,
me olvidé!"
"¿Qué se olvidó?"- la gente a
su alrededor le pregunta.
Pero ella continua gritando: "¡Me olvidé,
me olvidé!" mientras se arranca el pelo y se pega
en las mejillas. Mientras tanto, el edificio parece inclinarse
hacia la derecha y hacia la izquierda por las vibraciones de
las bombas que explotan alrededor de nuestro vecindario. Todos
están sintiendo que su corazón se rompe en pedazos
y sus propias venas zumban intolerablemente, porque las bombas
que están lloviendo provienen de una serie se explosiones
en cadena.
El sentimiento de todos es que el momento de la muerte ha venido.
Todos toman a sus hijos y los cubren con sus brazos, para que
sean llevados con ellos y que no queden solos en la muerte.
En ese momento, el amor de las madres por sus hijos brilla como
el amor de los padres, esposos y esposas y todos los miembros
de la familia quienes cuentan juntos los momentos que restan
antes de que dejen esta vida. Todos recitan las oraciones que
conocen, ocupados con su propia persona, en súplica privada
hacia Dios para su salvación. El susurro y el canto de
las oraciones es el único sonido además del sonido
de las bombas explotando sobre nosotros. Nada rompe la oscuridad
de este pequeño sótano excepto la luz de algunas
velas aquí y allá, dándonos esperanza como
islas de luz en un mar de oscuridad.
La
intensidad del bombardeo alcanza su pico. Las bombas nos han
alcanzado y nosotros imaginamos que nos romperemos en pedazos.
El edificio se está desmoronando como si fuera de cartón.
Se puede escuchar la caída de piedras y de ladrillos
alrededor de las calles del vecindario como granizo en las cabezas
de la gente en un día de invierno. En el medio de esta
lluvia de piedras sobre cabezas humanas, la voz de la señora
también alcanza su pico. Ahora se la escucha gritando:
"¡Por favor! ¡Permitan que alguien ayude a
mi hija! ¡Ella se está muriendo! ¡La mataron!".
Pero nadie ve a quién se está refiriendo. Nadie
es capaz de ayudarla.
Mi hermana toma un poco de agua fresca y trata de hacer volver
a la señora a sus sentidos, arrojándole agua en
su cara, al mismo tiempo que continúa preguntándole
donde está su hija para que pueda ser rescatada.
Mi hermana me llama: "Ven y ayúdame con ella."
Yo voy y la ayudo y ella dice: "¡Por favor! Me olvidé
a mi hija."
- "¿Dónde?"
"En el décimo piso, en nuestro apartamento."
Mi rostro se pone pálido. Yo miro a los ojos de mi hermana,
interrogándola sin hablar, pero ella entiende que yo
le estoy diciendo: "¡Ya no debe existir ni un décimo
piso, ni un quinto piso, ni siquiera la planta baja sobre nosotros!
¡Es probable que incluso no podamos salir de este sótano
con vida!"
La gente se amontona alrededor nuestro cuando empezamos a escuchar
golpes
en la puerta de metal en el sótano. La puerta se abre
desde afuera. Tres hombres y dos mujeres se lanzan hacia adentro,
gritándonos: "Cierren la puerta detrás nuestro.
¡Ciérrenla rápido!"
Ellos venían a toda velocidad con su auto, sin saber
adonde ir, hasta que vieron la entrada del sótano que
nos protegía. Saltaron fuera del auto y entraron para
protegerse. Nosotros les damos agua y tratamos de calmarlos
del shock por lo que habían visto afuera. Sus rostros
y ropas están cubiertas de sangre porque habían
estado ayudando a transportar a los heridos y a los muertos
en su auto.
Uno de los recién llegados dice: "Las calles están
llenas de muertos. Ya no sabemos cómo continuar levantándolos.
Edificios completos han sido arrasados. ¡Es un horror,
un desastre!"
Alternadamente miro a la primera señora que gritaba y
luego a la señora que está hablando y pregunto:
"¿Que pasó con nuestro edificio?"
"¿A qué edificio se refiere?"
"¡A éste edificio, nuestro edificio!"
Los cinco recién llegados exclaman en un grito confuso:
"Afuera no ha quedado nada. ¡No hay más edificio!
¡Todo lo que ha quedado es una ruina de cuatro o cinco
pisos!"
Pensamos que cuando la primer mujer escuchara esto se iba a
volver loca o iba a caer muerta. Todos se vuelven a ella con
la boca abierta, listos para agarrarla por si se cae. Pero ocurre
lo contrario. Ella de pronto parece calmarse, conteniendo su
respiración y poniéndose firme, clavando la mirada
en un rincón del sótano. Su cara cambia de color,
de pálido a rosa. Sus ojos se llenan de luz, está
incluso sonriendo y su boca se abre cuando en un susurro dice:
"¡Oh mi Dios - Oh mi Dios - Oh mi Dios!"
Todos se olvidan del bombardeo. Nos encontramos abstraídos
del apocalíptico estruendo afuera. En cambio, hay silencio
a nuestro alrededor. Repentinamente, cada corazón siente
esta gran paz cubriéndonos por todos lados, como un gran
manto de quietud y descanso, transportándonos a un lugar
diferente por un breve instante. Todos fijan la mirada en la
dirección a la que mira la señora, pero nadie
puede ver lo que ella está viendo.
Ella
dice tartamudeando: "¡Oh mi Dios! ¡Puedo ver
a tus ángeles! Puedo ver a mi hija con tus ayudantes
con alas. ¡Ellos han venido para socorrernos!"
En cuanto pronuncia la palabra "ángel", todos
sentimos una brisa fresca,
fragante con un perfume de flores inexpresable y esencias frescas,
tapando
el olor de humo sulfúrico que nos llegaba desde afuera.
Las velas se apagan. Una inmensa luz aparece, llenando todo
el sótano y
pareciendo expanderse hacia el infinito. Todos nos quedamos
helados en nuestros lugares, incapaces de despegar nuestra mirada
de esta gran nube de luz, fijando la visión sin el menor
esfuerzo, aunque muchas veces parece tan intensa como el mismo
sol. Las lenguas están mudas. Nadie respira. Una inmensa
paz desciende y nos olvidamos de todos los bombardeos y sufrimientos
de las últimas horas.
Ahora la mujer está en un estado de felicidad. Toda su
ansiedad ha desaparecido. -"Los ángeles están
salvando a mi hija" - continúa repitiendo, a pesar
de la aparente incongruencia de su frase, ya que todos pensamos
que el edificio sobre nosotros había sido reducido a
escombros y por lo tanto, que se habrían perdido todas
las vidas que estaban en él.
Sin embargo, ahora todos creen firmemente que puede ocurrir
cualquier cosa, a causa del estado en que entramos, aunque cualquiera
que escuchase desde afuera consideraría absurdo que la
hija de la señora pudiera estar aún con vida.
Mi
hermana me mira silenciosamente suplicando algún tipo
de respuesta.
Miro hacia atrás, con los ojos bien abiertos, como diciéndole:
"Dios es el más grande. Él puede hacer cualquier
cosa, incluso enviar a Sus ángeles guardianes para curar
las heridas de la gente desvalida que le suplica a Él."
Ella entiende. El reflejo de este mensaje parece entrar en su
corazón por ondas de energía espiritual, desbordando
su corazón y llegando a los corazones de los otros alrededor
nuestro. Todos parecen conscientes de que están pasando
por un evento especial, una experiencia que ellos nunca antes
habían experimentado.
Mi hermana ha estado sufriendo de cáncer por muchos años.
Ginecóloga de
profesión, ella entiende más que nadie la realidad
sobre el cáncer y la gravedad de su situación.
Se había sometido a cirugía y a muchos tratamientos
de quimioterapia. Finalmente los doctores le dijeron que sólo
tenía unos pocos meses de vida. Ahora está sufriendo
ante el pensamiento de la muerte golpeando a su puerta y a punto
de entrar, sumándose a los dolores de la propia enfermedad
y sus tormentosos tratamientos. Me mira como tratando de preguntar:
"Si esta visita es real - y si está ocurriendo que
la hija de esta señora está siendo ayudada por
un ángel y estamos siendo testigos, ¿por qué
el mismo ángel no me toca con sus milagrosas curaciones
y me salva como a otra gente que está siendo salvada?"
Yo entiendo todo esto en un momento aunque no hemos intercambiado
ni una sílaba. Entonces siento que mi hermana está
pidiendo ayuda
desesperadamente, con todo su corazón. Ella intenta alcanzar
el manto de un ángel agarrándolo en el último
minuto pretendiendo ser salvada, sintiendo que este precioso
momento podría no repetirse nuevamente en el resto de
su vida.
Algo asombroso e inesperado inmediatamente le sigue a este diálogo
silencioso. Mi hermana ahora está mirando fijamente hacia
un rincón del sótano con la misma mirada que vimos
en el rostro de la mujer que había perdido a su hija.
La lengua de mi hermana comienza a moverse y a balbucear involuntariamente:
"¡Hermano mío, hermano mío! ¡Un
ángel esta viniendo hacia mí! ¡Oh mi Dios,
oh mi Dios!" Todos fijan la mirada pero nadie lo puede
ver. El ángel es visible sólo para ella como previamente
fue visible sólo para la mujer. La luz en la habitación
parece multiplicarse más y más aún.
Mi hermana grita: "¡Me está curando! ¡El
ángel me está curando!" Después
se desmaya.
Todos estamos en un dilema, preguntándonos a quien ayudar,
¿a la primera mujer ó a mi hermana? Pero nadie
se mueve, ya que estamos todos congelados en nuestros respectivos
lugares incapaces de hacer nada salvo decir: "Dios es el
más grande."
En medio de este estado de confusión y de maravilla espiritual
todos escuchamos un golpe claro en la pequeña puerta
de metal del sótano. Nadie se puede mover de su lugar,
temerosos de perder este estado de éxtasis y retornar
al mundo de las bombas, al sonido de la guerra, al olor del
fuego y de la pólvora, y a la visión de los muertos
y heridos.
Todos nosotros nos sentimos responsables de abrir la puerta
y sin embargo las piernas parecen clavadas en sus lugares. Nadie
se mueve. Entre toda esta gente, dos niños se sueltan
de los brazos de sus padres, un niño y una niña,
y corren hacia la puerta del sótano.
Los padres gritan: "¡vuelvan, vuelvan!" pero
los niños contestan:
"¡ángeles, ángeles!" Todas las
miradas están sobre los niños mientras los
padres son incapaces de moverse ni siquiera una pulgada de sus
lugares para tomar a sus hijos.
El corazón de todos se paraliza ante el pensamiento de
que los niños pudieran salir y ser lastimados por el
bombardeo. El asombro crece diez
veces más ante la nueva visión: los niños
ya no están caminando sobre el piso. Sus pies ahora están
elevados una pulgada sobre el suelo. Ellos están caminando
sobre el aire! Sus padres pierden el habla y ahora se cuestionan
sus sentidos. Los niños toman el control, apiadándose
de la pérdida de palabra de sus padres, y dicen: "Mami,
papi, los ángeles están viniendo para ayudarnos.
No tengan miedo. Ellos nos liberarán."
A los niños les toma sólo un momento llegar a
la puerta. Para cualquier otro, sin embargo, parece como un
año. ¿Qué esta ocurriendo con los niños?
¿Siguen siendo los mismos niños ó son ángeles
encubiertos en niños? ¿Quién está
golpeando a la puerta? Mientras los niños se aproximan
a la puerta, no nos parece estar escuchando golpes sino sonidos
musicales cautivando nuestros oídos y fluyendo en el
aire. Maravilla, confusión, expectativa, suspenso - la
primer mujer y su hija, la visión de mi hermana y su
pérdida de conciencia, el silencio, la luz, la fragancia
alrededor nuestro, el golpeteo en la puerta, los niños
flotando en el aire y tranquilamente anunciando la presencia
de ángeles - todo esto parece demasiado para nuestro
entendimiento.
Toda
esta maravilla, todo lo que hemos visto hasta aquí, pertenece
a las tres dimensiones. Lo comprendemos con los sentidos de
nuestros cuerpos físicos o por lo menos lo intentamos.
Todos sentimos que lo que yace detrás de la puerta, va
a ser completamente diferente, sin precedentes e inimaginable.
Seguramente será de la cuarta dimensión, una puerta
al paraíso, una interacción con el mundo celestial,
no sólo con uno o dos de sus habitantes o con los elementos
de la fragancia y el sonido.
En menos de un segundo los niños llegan a la puerta.
Sin que ellos la toquen, la puerta se abre sola ante ellos.
Nosotros no podemos ver nada a través de la puerta -
no hay escalones que lleven a la calle, no hay estructura de
piedra, ni siquiera ruinas, nada salvo una inmensa luz. Esa
luz se vierte en el sótano, enviando ondas y ondas de
una energía visible que lleva con ella efectos que llegan
al corazón, ya que todos sentimos un gran resplandor
de amor y una total felicidad en nuestros corazones, un amor
que nunca antes habíamos sentido en nuestras vidas. Ni
siquiera se puede igualar al más intenso delirio en nuestra
adolescencia.
Estamos en un estado de trance. Los dos niños se extinguen
en la luz, ya no se ven. Todos los ojos están transfigurados,
lanzando miradas imposibles ante la desaparición de los
niños, pero incapaces de seguirlos dentro de la luz.
La unión de los niños con la luz provoca que esta
cambie de colores, como un arco iris radiante, y afecta también
nuestros estados, como si ahora estuviéramos viendo a
los niños moverse dentro del paraíso con los ojos
de nuestro corazón, más que con los de nuestras
cabezas.
Pasa un pequeño momento. La luz todavía esta allí.
Dos niños han entrado en ella, ahora tres están
retornando. Están tomados de las manos y parecen
corretear fuera de la cuarta dimensión del paraíso
volviendo a nuestra tercera dimensión.
Los niños se ven etéreos y sutiles, aparentemente
translúcidos, como si ahora fueran seres angélicos.
Sus propias luces continúan cambiando, como la luz que
viene a través de la puerta. Un gesto inocente, típico
de los niños, nos asegura que son ellos. Están
tomados de las manos y moviéndose en un circulo, cantando
una rima:
Somos los ángeles, somos los guardianes,
Somos aquellos que los aman y cuidan de ustedes.
Todos lanzan un suspiro de alivio y alegría. Nos dirigimos
unos a otros alegremente, saboreando tanto el sonido como el
significado de esa música
impulsada por las voces de los niños. Es como si una
nueva vida hubiese sido abierta para nosotros en ese sótano,
especialmente para los padres de los niños, quienes han
estado tratando de moverse de sus lugares y correr y abrazar
a su hijos, pero sus esfuerzos han sido en vano. No se pueden
mover. Están fijos en sus lugares como estatuas de piedra.
A medida que la luz comienza a disminuir poco a poco, la gente
comienza a
sentir que sus poderes de movimiento están volviendo
a ellos. El estado de
éxtasis está aminorándose y reduciéndose
en nuestros cuerpos y en nuestros
corazones. Los niños están cantando con más
lentitud. Se vuelven a sus
padres y comienzan a regresar con ellos. Todos estamos mirando
a la
pequeña niña que salta al sótano y corre
hacia la señora que había estado
llorando antes. Comprendemos que ella es la hija a quién
había dejado en el décimo piso del edificio y
por quién había estado tan preocupada.
Todos han olvidado a mi hermana aún inconsciente, incluyéndome,
por estar
mirando a los niños y esperando escuchar de ellos alguna
descripción de lo que habían visto. La alegría
de los padres no puede ser descripta. La mujer del décimo
piso, que pensó que había perdido a su hija con
el resto del edificio, ahora la ve corriendo hacia ella y la
toma en sus brazos. Ni siquiera se ha olvidado de traer a su
muñeca Barbie! La madre abraza a su hija, la besa, y
murmura palabras ininteligibles de agradecimiento y rezos, incapaz
de hablar coherentemente a causa de la emoción.
Durante ese evento de júbilo, otras personas y yo intentamos
reanimar a mi
hermana, luego de recuperar nuestro estado normal de conciencia.
Otros, sin embargo, le están pidiendo a la pequeña
niña que les cuente cómo ha hecho para llegar
sin daño alguno desde los escombros y la destrucción
externa. Yo no me pierdo ninguna de las muchas preguntas que
comienzan a brotar de cada boca, y estoy alerta, tratando de
escuchar todas las respuestas. Al mismo tiempo estoy arrojando
un poco de agua de colonia en el rostro de mi hermana, golpeándola
suavemente y reanimándola para que recupere el conocimiento.
La niña habla con una mezcla de felicidad y temor: está
feliz por lo que ha visto en el mundo de los ángeles;
tiene temor de la vehemencia y emoción de las preguntas
de la gente que repentinamente se ha precipitado a su alrededor.
Está sorprendida ante la agitación y ante la reacción
de su madre, sin darse cuenta de qué se trata todo este
alboroto. Ella acaba de ser visitada por sus amigos, los ángeles
y ahora esta aquí.
"¿Qué paso con el décimo piso? ¿Qué
paso con tu dormitorio?" Pero la
pequeña niña sólo dice: "Mami, ¿por
qué estas llorando? ¿Por qué me estas
besando como si no me hubieras visto por una semana?" La
madre sigue
abrazando a su amada hija, continuando con sus silenciosas y
agradecidas
plegarias.
La pequeña comienza a acariciar a su muñeca Barbie,
exactamente como su
madre la estaba acariciando a ella. Cada una teme la pérdida
del pequeño bebé que sostienen: la madre teme
por su pequeña hija, la hija teme por su
pequeña muñeca Barbie.
La pequeña dice: "Estaba en mi cama cuando sentí
que alguien me tocaba y me llamaba. Pensé que era mami,
¡pero nunca antes me había sentido levantada y
sostenida de esa forma! Abrí mis ojos y percibí
una deliciosa brisa llenando mi dormitorio. Vi a una mujer caminando
hacia mí, acompañada por un ángel. Donde
había estado mi cuarto ahora había un gran espacio
sin principio ni fin. La señora me tomó de la
mano, y el ángel nos llevó a las dos. Yo estaba
a punto de llorar, y la señora me dijo: ‘¿Por
qué estas llorando querida? ‘Yo dije: ‘me
olvidé la Barbie.’"
"La señora dijo: ‘no, ella esta aquí
contigo. Mira bajo tu brazo.’ Yo miré y descubrí
que mi Barbie estaba conmigo. Luego miré a mi alrededor
y comencé a gritar: ‘¿dónde esta
mi madre? ¿Qué está ocurriendo? ¿Adónde
me están llevando?
"Ellos dijeron: ‘Te estamos llevando con tu madre.
Somos tus ángeles guardianes.’
"Luego me encontré con los dos niños que
me estaban esperando camino a la
puerta, donde todo era luz. Los ángeles nos enseñaron
una canción y todos
comenzamos a cantarla girando alrededor de ellos. ¡Fue
tan hermoso! Luego
nos dijeron que debíamos volver con nuestros padres y
vinimos aquí.
Los niños no parecían comprender la extraordinaria
naturaleza del relato
de la niña y su experiencia de la última hora.
Los miramos con asombro e
incredulidad. Seguramente a otra gente se le contará
todo esto. ¿Nos
creerán? No deseamos que este momento termine, queremos
escuchar más.
Todos estos pensamientos nos vienen al mismo tiempo. Por encima
del
estrépito de estas reflexiones, un pensamiento claro
emerge y se impone a si mismo: los ángeles han venido
a nuestro rescate y nos han traído este precioso momento
de alivio y misericordia.
No nos hemos olvidado de aquella entre nosotros que yace en
el piso: mi
hermana. Lentamente está volviendo en si y mira a su
alrededor para ver si la visión todavía está
presente. Alguien me da un vaso de agua con algunas gotas de
agua de rosas. Le doy el vaso a mi hermana para humedecer su
lengua y aquietar sus nervios. Al principio ella es incapaz
de relatar nada de lo que le ha ocurrido. Bebe un poco más
de agua y lentamente comprende lo que está ocurriendo,
sintiéndose más segura y feliz cuando entiende
la escena de lo que esta ocurriendo ante sus ojos.
Luego me mira y yo entiendo por sus ojos que está lista
para contarme lo que le pasó y lo que vio cuando estuvo
en contacto con la visión angélica que experimentó.
Todos hacen silencio nuevamente, queriendo escuchar su historia.
Parecía como el descanso del soldado después de
la excitación de la batalla. Si alguien hubiera arrojado
un alfiler al piso podríamos haberlo escuchado, aunque
la batalla todavía seguía ardiendo afuera. Dentro,
la atmósfera de paz y felicidad nos ha desconectado completamente
del bullicio de la guerra.
Mientras ella se prepara para hablar, todos comienzan a anticipar
buenas noticias de júbilo y salvación provenientes
de ella aunque todavía no han escuchado nada. Ella dice:
"¡Alabado sea Dios! Él cura y Él perdona.
En cuanto ustedes me vieron desmayarme, yo me desperté
en algún lugar y miraba a todos. Me sentía como
un paciente bajo anestesia, pero la experiencia era espiritual.
Los ángeles me estaban operando. Vi a tres de ellos:
uno a mi derecha, uno a mi izquierda y uno sobre mi. El Último
me dijo: ‘Somos los ángeles curadores, y vinimos
a ayudarte con permiso de Dios. Nada puede impedir que curemos
a alguien que busca nuestra ayuda, y aquí estamos! ‘
"Ellos estaban tomando mis manos de ambos lados y yo sentía
un estado de paz en todo mi cuerpo. Me hacia sentir ligera y
relajada. El dolor tan familiar de tantos años de cáncer
se había ido. Luego el ángel sobre mi me enseño
un báculo de luz que sostenía en su mano y me
dijo: ‘Hay puntos en el cuerpo humano que si alguien los
toca provocan la curación de todo el cuerpo. Yo los voy
a tocar con esta aguja de luz.’ Él procedió
a dirigir su báculo en varios puntos sobre mi cuerpo,
tocando un punto celular por vez y curando las células
que corresponden a él.’ A estas células
muertas se les vuelve a dar vida otra vez a través de
este toque, ‘ el dijo.
"La operación se extendió sobre todo mi cuerpo.
Fui capaz de contar 365 puntos diferentes sobre los que el ángel
dirigió su báculo. El ángel me dijo: ‘Cada
punto representa un día del año. Si mantienes
tu cuerpo balanceado a lo largo de este año, todos tus
años serán balanceados, y tus años de vida
también serán balanceados.’"
Estamos todos abrumados por los eventos que han ocurrido, y
ahora al
conocimiento secreto que nos fue revelado se añade a
nuestro asombro. Mi
hermana continúa: "El ángel me aconsejó
que siga una dieta determinada que
no deberé dejar de lado por el resto de mi vida. Para
poder balancear estos puntos vitales en el cuerpo, todos los
días temprano en la mañana, antes de comer o beber
nada, tengo que beber una pequeña taza de jugo de cebolla
que revivirá las células muertas que el cáncer
hace prosperar para extenderse por todo el cuerpo. El ángel
dijo que esta dieta debería ser seguida por todo el que
sufriera de cáncer."
Continuamos escuchando el relato de mi hermana sobre su encuentro
angélico, absorbiendo todos los detalles que confirman
y refuerzan la veracidad de su experiencia a la luz del viaje
paralelo de la niña. Cada persona en el sótano
ha sido transformada hoy. ¡Que ironía, que el día
que ha comenzado como uno de los mas oscuros de nuestras vidas,
ahora parece destinado a ser recordado como un día de
especial felicidad y bendiciones, para ser relatado por un largo
tiempo como uno de los mejores en nuestras vidas! La gente continua
relatando sus sentimientos y escuchando las impresiones de los
demás, al parecer durante horas. Cuando la excitación
se calmó, habían pasado tres horas, y un momento
de calma reemplazó el caos del bombardeo indiscriminado
en el exterior. Todos nos preparamos para abandonar el refugio
y volver, tanto como sea posible, a la
normalidad de la vida diaria.
Cuando
salimos vimos la extensión del daño. Comprendimos
que también somos
parte de la acción milagrosa del ángel, ya que
hemos sido eximidos y nuestro sótano ha sido protegido
del bombardeo que había alcanzado a todos los lugares
de alrededor. Dejamos la ciudad y comenzamos el camino a la
casa de mi hermano al norte del país. Allí curamos
nuestras heridas y descansamos por un rato. Mi hermana firmemente
siguió la receta del ángel.
Después de tres meses volvió a sus doctores a
la Universidad Americana de
Beirut. Ante la sorpresa de todos, no había quedado rastro
de cáncer en todo su cuerpo. Nadie puede explicar lo
que ocurrió y los doctores quedaron con su mente titubeando.
Ni siquiera saben como rastrear el proceso de curación
y se sienten incapaces de describirlo o de repetirlo.
Por supuesto, ellos tomaron las causas de la curación
transmitidas por mi
hermana, la operación del ángel y la receta, con
pinzas, aunque ella, al igual que ellos, es una doctora en medicina.
" Nuestra colega ha tenido mucha suerte," ellos dicen,"
y está bajo un estrés emocional por una recuperación
inesperada y milagrosa." Milagrosa es, pero más
literalmente de lo que ellos pudieran posiblemente imaginar.