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No nos dejes
caer en la tentación - www.reinadelcielo.org
Muchas veces tenemos confusión al tratar de diferenciar
entre el pecado y la tentación, resultando muy difícil
poner racionalidad humana a la frontera entre ambos conceptos
en el día a día. Sin embargo, son cosas muy
distintas. Todos estamos expuestos a sufrir la tentación,
ya que esto es parte de nuestra naturaleza humana impura.
No nacimos libres de pecado, como Adán y Eva si lo
fueron antes de perder la gracia de Dios y condenarnos a todos
a vivir expuestos a la mancha del pecado.
Nuestra
naturaleza de este modo se inclina, como una fuerza de gravedad
inevitable, hacia la tentación de pecar. Pero esto
es parte de la prueba a la que Dios nos somete, para poder
purificar nuestras almas y ganarnos la entrada al Reino del
Cielo.
Dios
permite la existencia del mal, ya que éste es el modo
en que nos da el libre albedrío necesario, la facultad
de demostrarle que podemos vencer y llegar a la santidad,
meta obligada de todo cristiano. Venciendo la tentación!.
Pero
es importante entender que en la tentación intervienen
tres partes, hay tres interesados:
1.
El alma sometida a la tentación. La persona que enfrenta
la tentación a veces coquetea con la misma como un
niño que juega con un cuchillo, o como alguien que
camina distraídamente al borde del precipicio. Consciente
o inconsciente de que se juega con la condenación eterna,
con el alejamiento definitivo de la Salvación, el alma
convive con la tentación y facilita la caída
en el pecado, como buscando el propio daño o la destrucción.
Otras almas, conscientes del peligro, buscan permanentemente
alejarse de la tentación en cuanto la misma (irreversiblemente
frente a nuestra naturaleza de pecadores) se hace presente.
Alejarse de la tentación es parte central del trabajo
del alma, para evitar caer finalmente en el pecado.
2.
Satán mismo. El príncipe de este mundo está
muy interesado en la tentación, la promueve, la estimula.
Su motivación es ver caer al alma en el pecado, en
la condenación, para ver de este modo fracasada la
obra de la Salvación. El maligno se regodea en que
las almas convivan con la tentación, y finalmente caigan
en el pecado. No siempre el demonio tiene que trabajar activamente
en promover el mal, ya que muchas veces son las propias almas
las que hacen su trabajo, viviendo activamente una vida de
permanente juego entre la tentación y el pecado.
3.
Dios!. La Santísima Trinidad también está
muy interesada en la existencia de la tentación, ya
que es el modo de someternos a la prueba, y de vernos salir
vencedores. El hecho de que el alma enfrente la tentación
y la venza, es la victoria mas hermosa que el Cielo puede
esperar. Es el éxito frente a la naturaleza humana,
que nos empuja hacia abajo, logrando subir en nuestro estado
de santidad, en nuestro camino de crecimiento espiritual.
De
este modo, son varias las partes que intervienen en nuestro
cotidiano proceso de enfrentar las debilidades de nuestra
naturaleza humana, nuestra natural orientación hacia
las debilidades de la carne, del exceso de racionalidad, de
la falta de entrega a la Voluntad de Dios.
Es
por eso que el propio Cristo nos enseñó a rezarle
al Padre Eterno, pidiendo no nos dejes caer en la tentación.
El
Señor quiere nuestra salvación, porque El es
el único Salvador. El maligno quiere nuestra condenación,
y Dios permite su actuar como modo de someternos a nuestra
prueba. Nuestra alma, mientras tanto, es la que tiene que
optar, sujeta a su libre albedrío. Debemos no solo
reconocer a la tentación cuando ésta se presenta,
sino también debemos alejarnos inmediatamente de ella.
Nunca
se llega al pecado sin haber antes perdido la batalla frente
a la tentación. ¡Sepamos reconocerla, y apartemos
a nuestra alma de ella!.
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