"... y os Icé
sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
¿Cómo deponer esa imagen horrible del espejo?
Javerím,
queridos amigos, Shalóm:
En nuestra parasháh,
Hashém ordena a Moshéh comenzar los preparativos para
su propia partida hacia el mundo que es todo Bien (Bamidbár -Números-
27:13); y vuelve a aclarar la razón de tal despedida prematura
(27:14): "... puesto que amargasteis mi boca en el desierto de
Tsín...", cuando Moshéh y Aharón pudieron
haber consagrado Su Nombre hablando a la roca y, en cambio, extrajeron
de ella agua por vía de golpearla dos veces.
Moshéh ha
aceptado ya su propio destino, mas debe preocuparse aún por el
destino del pueblo todo al que ha conducido desde Mitsráim hasta
las puertas de la verdadera libertad: el Jerút que sólo
será posible una vez que se afiancen y arraiguen en su tierra
con ayuda de Hashém. De tal modo, reclama ser sucedido por "un
hombre sobre la congregación" (27:16), acerca de cuyas cualidades
se extenderá en los versículos siguientes.
¿Con qué
objetivo viene a detallar Moshéh la necesidad de que el líder
que le suceda se le parezca: que salga a la batalla a la cabeza del
pueblo, y los saque de donde los deba sacar y los ingrese a donde se
deba, de modo que nunca se parezca el pueblo a un rebaño sin
pastor? Según Rash"i, Moshéh busca asegurarse una
prosecución a la dinastía espiritual que, con el esfuerzo
de cuarenta años, ha fundado. El Zohar, por su parte, va más
allá. Y nos habla a nosotros, tanto en términos de generación
que debe construirse desde los escombros de ideologías vacías
que se derrumbaron (incluida la formulación materialista del
sionismo político), como en términos de..... nosotros,
hoy, Tamuz de 5765, julio de 2005, aquí dispersos, aquí
reunidos, intentando comprender qué es lo que nos pasa para decidir
qué brazo mover, y hacia dónde. Nos dice Rabi Shim'ón
bar-Iojái (Zohar Beshaláj 47a): "Aprendemos de aquí
que el líder del pueblo vale como todo el pueblo. Si tiene mérito
para bien, todo el pueblo tiene mérito para bien. Y si él
no tiene mérito para bien, todo el pueblo carece de mérito,
y todos son castigados por él". Y abundarán a continuación,
reafirmando este concepto, Rabí Iosi y Rabí Jiá.
La concepción
política del judaísmo es inmune a la corrupción
en que yacemos. La concepción política del judaísmo
nos advierte que un líder que defrauda a su pueblo, un líder
que no es honesto y sagrado y verdadero y que no lleva el Bien por bandera,
transparentemente, a cada paso y cada palabra de discurso, ese líder
se basta para hundir al pueblo todo.
Instintivamente,
tenderemos en este punto a saltar y decir: "Entonces, ¡tal
líder debe ser depuesto!".
Y es cierto.
Pero...
¡Alto! Suelta
esas armas. No es con ellas.
El tal líder
que nos defrauda y nos torna infames debe ser depuesto, mas no por tu
acción directa contra él, ni por la mía.
Cierto es también
que "cada pueblo tiene el gobierno que se merece" (he hallado
a la aseveración orígenes tan diversos como Lao-Tse, Maquiavelo,
Hegel y Churchill, y todos valen). Si tienes un líder que te
infama, un líder que te hunde junto a los tuyos en la desgracia,
no ha de sostenerse tal líder en su sitio sino por la fuerza
que vuestro propio demérito le da. Es nuestra indignidad la que
nos provee un líder indigno. De ninguna otra fuente más
que de nuestra propia mezquindad, abreva la mezquindad de aquéllos
que derruyen temporalmente nuestro destino colectivo.
Desde aquí,
se hace más comprensible lo que nos dijo recién Rabí
Shim'ón. Si el líder del pueblo es reflejo y proyección
del pueblo mismo, si el líder es una suerte de síntesis
del pueblo todo, es razonable que el mérito del líder
sea disfrutado por todos, y así igual sea su demérito
sufrido.
Hay quienes sufren
de ilusiones ópticas, y creen que la imagen del espejo puede
ser corregida en el propio espejo. ¡Como si pintar el espejo nos
fuera a tornar más lindos! Y sin embargo, no es que no tengamos
qué hacer. Podemos maquillarnos, y por unos breves instantes,
nos veremos más bellos, y también más bello se
verá nuestro reflejo. O podemos.... podemos cambiar, darnos una
nueva oportunidad: tirar a la basura todo lo que nos ha afeado, todo
aquéllo que nos lastima porque con ello hemos lastimado, todo
lo que nos torna idiotas, todo lo que nos retiene así de groseros
como para no advertir la oportunidad del bien; y vestirnos de Bien,
y de Belleza, y de Verdad.
Y entonces, giraremos
sobre los talones una y otra vez antes de vernos en ningún espejo
y nos sabremos hermosos, porque estaremos cultivando la verdadera belleza;
y sabremos que está todo en su lugar, y que hemos llegado a donde
debíamos.
Y el espejo ese
de todos que confluye en los "líderes del pueblo",
en aquéllos que parecen signar nuestro destino y que toman decisiones
por nosotros, no mostrará ya la imagen tragicómica de
algunos payasos carroñeros a quienes nadie en su sano juicio
confiaría la custodia de nada que requiera amor.
Puesto que, desde
que cultivemos la belleza, belleza nos mostrará el espejo.
Quiera Hashém
que sepamos comprenderlo. Que sepamos afirmarnos y crecer cada día
en la Toráh, en la sabiduría de la Verdad, y ascender
desde el reino de lo puramente material hasta el mirador de TifEret,
hasta el puesto de los vigías que advierten la belleza del camino
con sólo respirar, y saben tomar de allí, sin necesidad
de nada más, el impulso para seguir adelante cada día,
con honestidad y con amor, queriendo bien, aprendiendo bien, impartiendo
bien, haciendo bien, contagiando bien.
Con vosotros mis
brajót,
daniEl I. Ginerman
Editor - http://www.ieshivah.net
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