Quimioterapia espiritual - www.reinadelcielo.org
Cuando un enfermo de cáncer
está demasiado débil, los médicos no pueden aplicarle
quimioterapia: para tener una posibilidad de ser sanado, el paciente
debe primero fortalecerse y luego, afrontando las sesiones de quimio,
intentar derrotar la enfermedad que corroe sus órganos. Es llamativo,
porque el tratamiento que nos da la esperanza de curación degrada
primero la salud del enfermo, para luego acceder a la posibilidad de
derrotar al enemigo. Este es el principal modo en que la medicina ataca
el cáncer en nuestros tiempos, como bien sabemos por el dolor
que nos causa.
Creo que Dios suele utilizar
un método bastante similar en algunas oportunidades, a la hora
de ayudarnos a derrotar el mal que corroe nuestra alma. Jesús,
el Verdadero Médico de las almas, sabe que no podemos atravesar
ciertas pruebas hasta no estar suficientemente crecidos y fortalecidos
espiritualmente. Cuando estamos débiles en nuestra fe, o en nuestro
conocimiento de Dios, El espera pacientemente que mejoremos, que adquiramos
cierta fortaleza espiritual, la suficiente para que El pueda aplicar
sus tratamientos de sanación. Y estos son muchas veces una verdadera
quimioterapia aplicada a nuestra alma. Las pruebas de fe, el forzarnos
a encontrar dentro nuestro la verdadera humildad y el sentido de negarse
a uno mismo, el desapego de toda cosa mundana, sean bienes o afectos
humanos, todo debe ser entregado y supeditado a una única misión
suprema: mantenerse aferrado a Dios pase lo que pase, aunque arrecie
la tormenta, hasta llegar a realizar una verdadera conversión.
En los inicios de nuestro
camino de crecimiento espiritual solemos sentir una alegría inmensa,
una Gracia gigantesca que el Señor nos concede, una inversión
que El realiza para que fructifique más adelante. Más
cuando nos encontramos en el desierto, cuando esa alegría se
transforma en dudas, abulia, sequedad espiritual, nos preguntamos y
le preguntamos al Señor: ¿por qué?. Esta es la
pregunta que jamás se le debe realizar a Dios, porque es El el
que guía nuestra vida, el que sabe lo que es bueno o malo para
nosotros. El conoce cual es el momento adecuado: cuando el Señor
nos ve con suficiente solidez, inicia su tratamiento de quimioterapia
espiritual, quemando las impurezas, las ataduras, los temores, las pasiones,
la soberbia y vanidad, las envidias y celos, el deseo de figurar y mandar,
la curiosidad y las ambiciones, todo lo malo que anidó en nuestro
interior a lo largo de nuestra vida. Jesús nos somete a un proceso
que tiene como finalidad extinguir lo impuro que habita dentro nuestro.
¡Y duele, vaya si duele!. Es la época de la prueba, de
lograr encontrar realmente a Dios como El es, y no como nosotros quisiéramos
encontrarlo. De aceptar mansamente sus tratamientos y sanaciones, ya
que el Médico no quiere otra cosa más que nuestro bien.
Se necesita estar fuerte
espiritualmente para que el Señor pueda obrar en nosotros. Pero
si cuando El obra, nos resistimos y tratamos de volver hacia atrás,
rechazando el tratamiento, ¿qué posibilidades reales tenemos
de que sanen nuestros cánceres espirituales?. Amemos el dolor
que el tratamiento nos produce, porque proviene del Médico Celestial,
proviene de quien quiere nuestra Salvación, y sabe muy bien como
hacerlo.
La quimioterapia espiritual,
como fue descripta, no es más ni menos que la Cruz, la hermosa
Cruz que Cristo nos pone sobre nuestras espaldas.
Señor, dame una
vida nueva, sáname de mis cánceres espirituales, haz que
Tu Fuego queme todos los tumores que se han adherido a mi alma, desde
mi nacimiento. Haz que este dolor que siento hoy, fructifique y me eleve
hasta Tu Trono.