En el Zohar
(junto al Sefer Yetzirah otra de las piedras angulares de la corriente
cabalística) leemos: "Por toda la expansión del firmamento
que circunda el mundo existen figuras, signos por los cuales podemos desvelar
los secretos y más profundos misterios. Estos signos están
formados por las estrellas y las constelaciones, las cuales son para el
sabio objeto de contemplación y deleite...". "Quien viaje
de mañana muy temprano, que vea hacia el este con atención.
Ahí verá algo como letras que marchan en el cielo, algunas
elevándose, otras descendiendo. Estos caracteres brillantes son
las letras con las que Dios ha formado el cielo y la tierra".
Siguiendo estas instrucciones, muchos sabios se dedicaron a establecer
esos caracteres y su lectura, y la historia de esa búsqueda se
sintetiza gráficamente en los alfabetos secretos que hoy más
o menos conocemos, siquiera en su forma externa.
Paralela a la existencia
de un alfabeto místico corre la de un libro o libros con igual
capacidad de guiar a la unión o conocimiento de la Divinidad,
escrito obviamente con caracteres santos también. En la tradición
de misterios occidentales este libro existe desde la creación
misma del hombre: después de que Adán pierde el paraíso,
Dios lo consuela entregándole un libro por manos del ángel
Raziel, libro cabalístico que le permitiría entender el
mundo y que llegó hasta Salomón. Este "Libro
de Raziel" sería el que le dio al rey israelita el caudal
de conocimientos que le ganó fama de sabio y rico. (Actualmente
se atribuye a Eliezer de Worms, del siglo XIII, la autoría de
este misterioso libro).
Se afirma también
que en el Sinaí Moisés recibió una clave para interpretar
las escrituras. Todo este conocimiento no se había puesto por
escrito hasta que en el siglo V a. C. el profeta Esdras (Ezra en hebreo)
se declara obligado a restituir las escrituras, perdidas o adulteradas
después de la destrucción del Templo por los asirio-babilonios.
Después de tener siete visiones y asistido por ángeles,
Esdras dicta noventa y cuatro libros valiéndose de la clave alfabética
descubierta; veinticuatro son canónicos y los restantes son escritos
esotéricos "para que sólo los sabios los lean".
(Lo anterior llevaría a suponer un origen precristiano de la
Cábala, junto con el dato de que se conocen ideas cosmogónicas
judías del año 150 a. C.).
Al respecto dice
Barret en The Magus:
"Entre los
hebreos se encuentran muchos estilos de caracteres, de los cuales hay
uno muy antiguo, una ancestral escritura usada por Moisés y los
profetas, cuya forma no debe ser imprudentemente descubierta ante cualquiera,
pues estas letras fueron instituidas por Esdras".
Y agrega:
"Hay entre
ellos una escritura que llaman celestial, porque la muestran figurada
y colocada entre las estrellas. Hay además una escritura que
los hebreos llaman Malachim o Melachim, es decir, "de los ángeles",
o "regia", y hay otra que llaman "el paso por el río".
El propio Barret
menciona otros sistemas más "que se vulgarizaron y son de
uso muy común, como el de los veintisiete caracteres, dividido
en tres clases de nueve letras, usado también en la invocación
de ángeles y obtención de sus sellos y caracteres".
En los grimorios de magia talismánica y ceremonial se advierte
el intenso uso de la técnica que consiste en obtener a partir
de esos alfabetos celestiales y ocultos los nombres, sellos y caracteres
de los ángeles invocados así como la definición
de los actos y empresas en que estos intermediarios celestes auxilian
a los hombres. Esta función de los ángeles resulta natural
en cuanto ellos son también de aire, emanación intelectual
de Dios.
Cornelio Agrippa,
estudioso ferviente de la Cábala igual que de las lenguas, explicó
en sus Tres libros sobre filosofía oculta las maravillosas operaciones
que se realizan con los anagramas hebreos, cuadrados mágicos
y nombres angélicos descubiertos mediante cálculos.
Guillaume Postel
(1510-1581) afirmó que había recibido sus ideas por revelación
divina. Leía la voluntad de Dios en las estrellas, pues las leyes
eternas estaban escritas en las ancestrales letras hebreas sobre la
bóveda celeste. Trazando líneas entre las estrellas se
pueden formar letras y palabras. En su obra Absconditorum clavis asevera
que para conocer a Dios debe ejercerse un estudio guiado por la perscrutación
de las letras sagradas.
Esta idea fue adoptada
y desarrollada por otros ocultistas como Jacques Gaffarel (quien escribió:
"desde tiempo inmemorial la gente de Oriente leyó las palabras
proféticas de las estrellas errantes. Los europeos hemos desdeñado
por completo este arte maravilloso. Reuchlin fue el primero que llamó
nuestra atención sobre ello y fue seguido por Pico della Mirandola")
y otros y aparece aún como tema de Gerard Encausse, Papus, de
quien ofrecemos adjunto un escrito sobre el tema.
Los Sellos, entre otras
cosas, se pueden utilizar como amuletos. Para proteger la vivienda se colocan
a la entrada, en un lugar visible pero disimulado. De este modo protegen
de lo que viene del exterior, y al tiempo protegen y cuidan el interior y
a sus habitantes.
Según dice la Tradición, para que resulten más efectivos
hay que dibujarlos sobre un pergamino o papel vegetal, y con tinta roja.
Alrededor del Sello se dibuja un doble círculo con tinta negra. Y
entre esos dos círculos se escribe el versículo del Salmo correspondiente
al Ángel con tinta roja. En el exterior de los círculos puede
escribirse el nombre del Ángel, también en rojo, y a ser posible
en hebreo y con el tipo de escritura "Malachim".
Ver
Sellos Angelicos
Extracto de Traité
élémentaire doccultisme. Initiation à letude
de lésotérisme hermétique).