Aniversario
de la Muerte de Rabi Bar Yojai
Había
un hombre pobre, pero sabio, que con su sabiduría salvó
la ciudad.
Y de aquel hombre pobre nadie se acordaba. Eclesiastés
IX, 15
El mundo sólo se mantiene gracias a la presencia de los
justos, puesto que es para ellos para quien ha sido creado.
El justo Abraham defendía la causa de Sodoma y Gomorra,
amenazadas de destrucción por la iniquidad de sus habitantes.
«¿Vas a exterminar juntamente al justo con el malvado?
¿Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad?» (Génesis
XVIII, 24).
Se inició un regateo entre Abraham y el Señor. Bajaron
a cuarenta y cinco, cuarenta, treinta justos, y así sucesivamente,
hasta los diez justos imposibles de hallar.
Efectivamente,
los justos están avisados de todos los proyectos de Dios
(Génesis XVIII, 17) y, por su peso en el mundo, bastan
para mantenerlo en equilibrio.
Este fragmento inspiró al autor del Zohar un relato (1)
del que proponemos a continuación una traducción.
Ya no es Abraham quien defiende a Sodoma y Gomorra, sino rabí
Simeón quien se atreve a dar órdenes al ángel
de la destrucción y a anular, gracias a su poder, una temible
decisión celeste:

La
salvación de Lot (Genesis 19:1-12) De: S. An-Ski's coleción
etnografica
«Un
día, Rabí Simeón salió y consideró
el mundo. Vio que era sombrío, triste y que su luz se había
ocultado. Rabí Eliezer le dijo: Ven, veamos cuáles
son las intenciones del Santo-bendito-sea. Se pusieron en camino
y se encontraron con un ángel que se parecía a una
montaña alta, y treinta lenguas de fuego salían
de su boca.
Rabí Simeón le dijo: ¿Qué pretendes
hacer? Busco destruir el mundo, le contestó, porque no
hay treinta justos en esta generación.(2) Efectivamente,
así lo había decidido el Santo-bendito-sea en el
tiempo de Abraham.
Rabí Simeón añadió: Ve, te lo ruego,
y dile al Santo-bendito-sea lo siguiente: ¡Bar Iojai se
encuentra en el mundo!(3) El ángel fue a ver al Santo-bendito-sea
y le dijo:
Maestro
del mundo, tú sabes lo que me ha dicho Bar Iojai. El Santo-bendito-sea
le contestó: Ve, destruye el mundo sin tener en cuenta
a Bar Iojai.
A su regreso, el ángel volvió a encontrarse con
rabí Simeón que le dijo: Si no regresas de donde
vienes, he aquí mi decisión respecto a ti: ya no
irás a los cielos, sino donde se encuentran Uzá
y Azael.(4) Regresa junto al Santo-bendito-sea y dile: Si no hay
treinta justos en el mundo, ¡que haya veinte!, pues está
escrito: No lo destruiré por los veinte (Génesis
XVIII, 31). Y si no se hallasen veinte, ¡que haya diez!,
pues también está escrito: Por los diez no lo destruiré
(Ídem, 32). Y si no se hallasen diez, ¡que haya dos!,
yo y mi hijo,(5) pues está escrito: La palabra es confirmada
por el decir de dos testigos (Deuteronomio XIX, 15), la palabra
no es otra cosa que el mundo, pues hay un versículo que
dice: Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos
y la tierra (Salmos XXXIII, 6). Y si no se hallasen dos, estoy
yo, según está escrito: El justo es el fundamento
del mundo (Proverbios X, 25).
Al instante, se hizo oír una voz de lo alto de los cielos,
que decía: Bienaventurado tu lote, rabí Simeón,
pues el Santo-bendito-sea decide arriba pero tú anulas
su decisión abajo. ¿No está escrito en verdad:
Él cumplirá los deseos de sus bienamados (Salmos
CXLV, 19)?»
Así pues, el justo es como el fundamento y el pilar central
de este mundo. Así se enseña:
«Leemos:
Y Dios le llamó de en medio de la zarza: ¡Moisés,
Moisés! y él respondió: ¡Heme aquí!»
(Éxodo III, 4). Rabí Iejochuah ben Karká
dijo: El Santo-bendito-sea le dijo: En el lugar donde se mantiene
el mundo, tú (Moisés) eres su apoyo; Abraham dijo:
Heme aquí, y tú también dices: Heme aquí».(6)
Como Abraham, Moisés se mantenía en pie ante el
Santo-bendito-sea y defendía la causa del pueblo.
Que
se nos permita ahora una pequeña digresión para
que se comprenda mejor de lo que se trata aquí.
Lo incognoscible que está en el origen del todo no puede
definirse de ninguna forma. La tradición judía lo
denomina ein sof, 'sin límite', admirable definición
negativa que conviene perfectamente a lo que se refiere. El hombre
no puede conocer del ein sof más que las emanaciones o
cualidades que le son exteriores como, por ejemplo, del hombre
que piensa emana un pensamiento que acaba haciéndose conocer
cuando se articula en la palabra.(7)
Lo
mismo ocurre con los misterios de que se trata aquí. Se
ha dado a estas cualidades el nombre de sefirot,
del hebreo sfr, 'narrar, relatar, inscribir, contar, suputar'.
Hay diez sefirot, enlazadas entre sí mediante unos hilos
llamados kavim, desde la más sutil, keter, 'la corona',
a la más concreta, malkut, 'el reino'. Ofrecemos en la
página siguiente un esquema del árbol sefirótico
indicando la disposición y los vínculos de las sefirot.
Vemos que las siete sefirot inferiores están dispuestas
en tres columnas paralelas; la de la izquierda expresa el
rigor, la de la derecha la clemencia o el amor,
y la del medio la justicia, que es la más larga.
Su polo superior alcanza la sefirah más sutil,(8) su polo
inferior, malkut, la más concreta, el reino mesiánico
de David, el reino de los cielos.
Se
ha enseñado que el maestro de todas las cosas quiso en
primer lugar crear el mundo con el rigor, pero vio que el mundo
se derrumbaba porque no podía sustentarlo. Entonces, utilizó
la misericordia, pero el mundo volvió a derrumbarse. Al
final templó el rigor con la misericordia, lo que es la
justicia, y la creación se mantuvo en pie.
Es
necesario pues que las dos primeras columnas se unan en la del
medio: es el justo en medio del mundo.
Pero regresemos ahora a los capítulos XVIII y XIX del Génesis.
Allí precisamente encontramos enseñado el misterio
de las tres caras por las que la divinidad se revela al hombre:
cólera o rigor, misericordia, justicia.
En
el encinar de Mambré (Génesis XVIII, 1 y 2), Abraham
recibió la visita de tres hombres, cada cual encargado
de una misión distinta. Los llamó Adonai, 'Señor',
lo que en la Escritura expresa el santo nombre IHVH que no puede
pronunciarse sino en su templo: se trataba de tres ángeles
(Génesis XIX, 1).
El
primero tenía por misión anunciar a Sara el nacimiento
de un hijo, Isaac, según la generación de los justos
(Génesis XVIII, 10 y sigs.). Luego regresó de donde
había venido. Sólo dos ángeles (Génesis
XIX, 1) acudieron a Sodoma, uno para salvar a Lot: es el ejercicio
de la misericordia, y el otro para destruir la ciudad impía:
es el ejercicio del rigor. Observemos que Lot es salvado únicamente
por referencia a Abraham y no por sus méritos.(9) He aquí
el famoso poder de las llaves.
Las cualidades del justo en el judaísmo han sido atribuidas
por el hermetismo cristiano, en el mundo occidental, a los filósofos
y adeptos de la piedra filosofal. Según la leyenda, estos
misteriosos personajes habrían abandonado Occidente hacia
mediados del siglo xvii para retirarse a Oriente, de donde habrían
desaparecido también hacia finales del siglo xviii. ¿Acaso
hay que atribuir a su ausencia el inquietante vacío de
nuestro mundo moderno que nos parece también a nosotros
sombrío y triste, por haberse ocultado su luz?(10)
Todos
han pasado (a través del desierto)
sin dejar ningún pozo ni señal [...].
Y tras ellos, la muchedumbre abandonada
se confunde siguiendo sus pistas [...].(11)
NOTAS
(1) Según la versión de Lachower y Tishby, Michnat
haZohar ('Enseñanza del Zohar'), ed. Institut Bialik, Jerusalén,
1971, t. I, p. 19. (Existe una traducción al inglés:
I. Tishby, The Wisdom of the Zohar, ed. The Littman Library of
Jewish Civilization, Londres-Washington, 1994).
(2) El autor del Zohar, mediante un juego de palabras intraducible
al castellano respecto al versículo de Génesis XVIII,
18, señala que Abraham valía por 30 justos.
(3) Rabí Simeón era hijo (bar) de Iojai.
(4) Estos dos ángeles fueron echados del cielo por haberse
rebelado contra el Santo-bendito-sea y fueron encadenados en una
caverna oscura.
(5) Rabí Eliezer.
(6) Midrach Tanjumah, ed. Buber, Vilna, 1899, comentario Chemot
XIX. También se ha enseñado: «El Santo-bendito-sea
es el lugar (maqom) del mundo, pero el mundo no es su lugar».
Maqom, 'lugar', viene de la raíz qum, 'erguirse'.
(7) Encontramos la misma enseñanza en el hermetismo cristiano;
Douzetemps escribe al respecto: «Alef tenebrosum o ein sof
de los hebreos. A ninguna criatura le es dado comprenderlo de
otra forma que en su manifestación exterior o esplendor,
Jesucristo (Hebreos I, 3 y Juan I, 18). Verbum invisibile fiet
palpabile et germinabit ut radix, 'el verbo impalpable se hará
palpable y germinará como una raíz'. Iehovah Tsebaot
nomen», Le Mystère de la Croix de Jésus-Christ,
ed. Archè, Milano, 1975, p. 3, nota. Las cualidades de
las que acabamos de hablar también han sido denominadas
'medidas', midoth. Sólo lo que es mesurable puede ser objeto
de conocimiento.
(8) Keter unida a Binah y Jokmah aparece como el misterio del
pensamiento creador o del punto supremo. Escribe Moisés
de León al respecto: «Antes de esta revelación,
no había nada, es decir, el misterio del éter puro
e inasible. ¿Qué puedes contar antes del Uno?»,
Sefer Chekel haKodech ('Libro de la medida del Santo'), Londres,
1911. Encontramos la misma enseñanza en la filosofía
de Pitágoras (siglo vi a. C.): los números revelan
lo incognoscible.
(9) La misma enseñanza se encuentra en los Evangelios:
las tres cruces en la cima del calvario. Al igual que Lot, el
buen ladrón sólo es salvado gracias a la presencia
del justo a su lado.
(10) Véase El Mensaje Reencontrado XXII, 74-75, donde los
Adeptos son denominados los «operativos», por oposición
a los «especulativos». En un estudio ulterior, regresaremos
a la quymica de los sabios, quymica con Y por supuesto, de la
que los operativos nos han dejado el recuerdo en sus libros.
(11) Hallaj, mártir del Islam, extraído de su última
víspera según Sulami. Véase Massi-gnon, Akbar
Al Hallaj, recueil d' oraisons et d' exhortations du martyr mystique
de l' Islam, Husayn Mansur Hallaj, Librería Ph.- J. Vrin,
París, 1957. (Existe una traducción al español:
La pasión de Hallaj, ed. Paidós, Barcelona, 1999).