Lunes
15 de Mayo de 2006 - Aniversario de la Muerte de Rabi Bar Yojai -
Había
un hombre pobre, pero sabio, que con su sabiduría salvó
la ciudad.
Y de aquel hombre pobre nadie se acordaba. Eclesiastés IX, 15
El mundo sólo se mantiene gracias a la presencia de los justos,
puesto que es para ellos para quien ha sido creado.
El justo Abraham defendía la causa de Sodoma y Gomorra, amenazadas
de destrucción por la iniquidad de sus habitantes.
«¿Vas a exterminar juntamente al justo con el malvado?
¿Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad?» (Génesis
XVIII, 24).
Se inició un regateo entre Abraham y el Señor. Bajaron
a cuarenta y cinco, cuarenta, treinta justos, y así sucesivamente,
hasta los diez justos imposibles de hallar.
Efectivamente,
los justos están avisados de todos los proyectos de Dios (Génesis
XVIII, 17) y, por su peso en el mundo, bastan para mantenerlo en equilibrio.
Este fragmento inspiró al autor del Zohar un relato (1) del que
proponemos a continuación una traducción. Ya no es Abraham
quien defiende a Sodoma y Gomorra, sino rabí Simeón quien
se atreve a dar órdenes al ángel de la destrucción
y a anular, gracias a su poder, una temible decisión celeste:

La
salvación de Lot (Genesis 19:1-12) De: S. An-Ski's coleción
etnografica
«Un
día, Rabí Simeón salió y consideró
el mundo. Vio que era sombrío, triste y que su luz se había
ocultado. Rabí Eliezer le dijo: Ven, veamos cuáles son
las intenciones del Santo-bendito-sea. Se pusieron en camino y se encontraron
con un ángel que se parecía a una montaña alta,
y treinta lenguas de fuego salían de su boca.
Rabí Simeón le dijo: ¿Qué pretendes hacer?
Busco destruir el mundo, le contestó, porque no hay treinta justos
en esta generación.(2) Efectivamente, así lo había
decidido el Santo-bendito-sea en el tiempo de Abraham.
Rabí Simeón añadió: Ve, te lo ruego, y dile
al Santo-bendito-sea lo siguiente: ¡Bar Iojai se encuentra en
el mundo!(3) El ángel fue a ver al Santo-bendito-sea y le dijo:
Maestro
del mundo, tú sabes lo que me ha dicho Bar Iojai. El Santo-bendito-sea
le contestó: Ve, destruye el mundo sin tener en cuenta a Bar
Iojai.
A su regreso, el ángel volvió a encontrarse con rabí
Simeón que le dijo: Si no regresas de donde vienes, he aquí
mi decisión respecto a ti: ya no irás a los cielos, sino
donde se encuentran Uzá y Azael.(4) Regresa junto al Santo-bendito-sea
y dile: Si no hay treinta justos en el mundo, ¡que haya veinte!,
pues está escrito: No lo destruiré por los veinte (Génesis
XVIII, 31). Y si no se hallasen veinte, ¡que haya diez!, pues
también está escrito: Por los diez no lo destruiré
(Ídem, 32). Y si no se hallasen diez, ¡que haya dos!, yo
y mi hijo,(5) pues está escrito: La palabra es confirmada por
el decir de dos testigos (Deuteronomio XIX, 15), la palabra no es otra
cosa que el mundo, pues hay un versículo que dice: Por la palabra
del Señor fueron hechos los cielos y la tierra (Salmos XXXIII,
6). Y si no se hallasen dos, estoy yo, según está escrito:
El justo es el fundamento del mundo (Proverbios X, 25).
Al instante, se hizo oír una voz de lo alto de los cielos, que
decía: Bienaventurado tu lote, rabí Simeón, pues
el Santo-bendito-sea decide arriba pero tú anulas su decisión
abajo. ¿No está escrito en verdad: Él cumplirá
los deseos de sus bienamados (Salmos CXLV, 19)?»
Así pues, el justo es como el fundamento y el pilar central de
este mundo. Así se enseña:
«Leemos:
Y Dios le llamó de en medio de la zarza: ¡Moisés,
Moisés! y él respondió: ¡Heme aquí!»
(Éxodo III, 4). Rabí Iejochuah ben Karká dijo:
El Santo-bendito-sea le dijo: En el lugar donde se mantiene el mundo,
tú (Moisés) eres su apoyo; Abraham dijo: Heme aquí,
y tú también dices: Heme aquí».(6)
Como Abraham, Moisés se mantenía en pie ante el Santo-bendito-sea
y defendía la causa del pueblo.
Que se
nos permita ahora una pequeña digresión para que se comprenda
mejor de lo que se trata aquí.
Lo incognoscible que está en el origen del todo no puede definirse
de ninguna forma. La tradición judía lo denomina ein sof,
'sin límite', admirable definición negativa que conviene
perfectamente a lo que se refiere. El hombre no puede conocer del ein
sof más que las emanaciones o cualidades que le son exteriores
como, por ejemplo, del hombre que piensa emana un pensamiento que acaba
haciéndose conocer cuando se articula en la palabra.(7)
Lo mismo
ocurre con los misterios de que se trata aquí. Se ha dado a estas
cualidades el nombre de sefirot, del hebreo sfr, 'narrar,
relatar, inscribir, contar, suputar'. Hay diez sefirot, enlazadas entre
sí mediante unos hilos llamados kavim, desde la más sutil,
keter, 'la corona', a la más concreta, malkut, 'el reino'. Ofrecemos
en la página siguiente un esquema del árbol sefirótico
indicando la disposición y los vínculos de las sefirot.
Vemos que las siete sefirot inferiores están dispuestas en tres
columnas paralelas; la de la izquierda expresa el rigor,
la de la derecha la clemencia o el amor, y la del medio la justicia,
que es la más larga. Su polo superior alcanza la sefirah más
sutil,(8) su polo inferior, malkut, la más concreta, el reino
mesiánico de David, el reino de los cielos.
Se ha enseñado
que el maestro de todas las cosas quiso en primer lugar crear el mundo
con el rigor, pero vio que el mundo se derrumbaba porque no podía
sustentarlo. Entonces, utilizó la misericordia, pero el mundo
volvió a derrumbarse. Al final templó el rigor con la
misericordia, lo que es la justicia, y la creación se mantuvo
en pie.
Es necesario
pues que las dos primeras columnas se unan en la del medio: es el justo
en medio del mundo.
Pero regresemos ahora a los capítulos XVIII y XIX del Génesis.
Allí precisamente encontramos enseñado el misterio de
las tres caras por las que la divinidad se revela al hombre: cólera
o rigor, misericordia, justicia.
En el encinar
de Mambré (Génesis XVIII, 1 y 2), Abraham recibió
la visita de tres hombres, cada cual encargado de una misión
distinta. Los llamó Adonai, 'Señor', lo que en la Escritura
expresa el santo nombre IHVH que no puede pronunciarse sino en su templo:
se trataba de tres ángeles (Génesis XIX, 1).
El primero
tenía por misión anunciar a Sara el nacimiento de un hijo,
Isaac, según la generación de los justos (Génesis
XVIII, 10 y sigs.). Luego regresó de donde había venido.
Sólo dos ángeles (Génesis XIX, 1) acudieron a Sodoma,
uno para salvar a Lot: es el ejercicio de la misericordia, y el otro
para destruir la ciudad impía: es el ejercicio del rigor. Observemos
que Lot es salvado únicamente por referencia a Abraham y no por
sus méritos.(9) He aquí el famoso poder de las llaves.
Las cualidades del justo en el judaísmo han sido atribuidas por
el hermetismo cristiano, en el mundo occidental, a los filósofos
y adeptos de la piedra filosofal. Según la leyenda, estos misteriosos
personajes habrían abandonado Occidente hacia mediados del siglo
xvii para retirarse a Oriente, de donde habrían desaparecido
también hacia finales del siglo xviii. ¿Acaso hay que
atribuir a su ausencia el inquietante vacío de nuestro mundo
moderno que nos parece también a nosotros sombrío y triste,
por haberse ocultado su luz?(10)
Todos han
pasado (a través del desierto)
sin dejar ningún pozo ni señal [...].
Y tras ellos, la muchedumbre abandonada
se confunde siguiendo sus pistas [...].(11)
NOTAS
(1) Según la versión de Lachower y Tishby, Michnat haZohar
('Enseñanza del Zohar'), ed. Institut Bialik, Jerusalén,
1971, t. I, p. 19. (Existe una traducción al inglés: I.
Tishby, The Wisdom of the Zohar, ed. The Littman Library of Jewish Civilization,
Londres-Washington, 1994).
(2) El autor del Zohar, mediante un juego de palabras intraducible al
castellano respecto al versículo de Génesis XVIII, 18,
señala que Abraham valía por 30 justos.
(3) Rabí Simeón era hijo (bar) de Iojai.
(4) Estos dos ángeles fueron echados del cielo por haberse rebelado
contra el Santo-bendito-sea y fueron encadenados en una caverna oscura.
(5) Rabí Eliezer.
(6) Midrach Tanjumah, ed. Buber, Vilna, 1899, comentario Chemot XIX.
También se ha enseñado: «El Santo-bendito-sea es
el lugar (maqom) del mundo, pero el mundo no es su lugar». Maqom,
'lugar', viene de la raíz qum, 'erguirse'.
(7) Encontramos la misma enseñanza en el hermetismo cristiano;
Douzetemps escribe al respecto: «Alef tenebrosum o ein sof de
los hebreos. A ninguna criatura le es dado comprenderlo de otra forma
que en su manifestación exterior o esplendor, Jesucristo (Hebreos
I, 3 y Juan I, 18). Verbum invisibile fiet palpabile et germinabit ut
radix, 'el verbo impalpable se hará palpable y germinará
como una raíz'. Iehovah Tsebaot nomen», Le Mystère
de la Croix de Jésus-Christ, ed. Archè, Milano, 1975,
p. 3, nota. Las cualidades de las que acabamos de hablar también
han sido denominadas 'medidas', midoth. Sólo lo que es mesurable
puede ser objeto de conocimiento.
(8) Keter unida a Binah y Jokmah aparece como el misterio del pensamiento
creador o del punto supremo. Escribe Moisés de León al
respecto: «Antes de esta revelación, no había nada,
es decir, el misterio del éter puro e inasible. ¿Qué
puedes contar antes del Uno?», Sefer Chekel haKodech ('Libro de
la medida del Santo'), Londres, 1911. Encontramos la misma enseñanza
en la filosofía de Pitágoras (siglo vi a. C.): los números
revelan lo incognoscible.
(9) La misma enseñanza se encuentra en los Evangelios: las tres
cruces en la cima del calvario. Al igual que Lot, el buen ladrón
sólo es salvado gracias a la presencia del justo a su lado.
(10) Véase El Mensaje Reencontrado XXII, 74-75, donde los Adeptos
son denominados los «operativos», por oposición a
los «especulativos». En un estudio ulterior, regresaremos
a la quymica de los sabios, quymica con Y por supuesto, de la que los
operativos nos han dejado el recuerdo en sus libros.
(11) Hallaj, mártir del Islam, extraído de su última
víspera según Sulami. Véase Massi-gnon, Akbar Al
Hallaj, recueil d' oraisons et d' exhortations du martyr mystique de
l' Islam, Husayn Mansur Hallaj, Librería Ph.- J. Vrin, París,
1957. (Existe una traducción al español: La pasión
de Hallaj, ed. Paidós, Barcelona, 1999).