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La importancia de la alegría

La importancia de la alegría Al Husayn preguntó a Ibn Muhammad: - ¿Cree usted que el gran profeta de nuestra religión Mahoma, sabía contar cosas graciosas? Ibn Muhammad respondió: - Dios envió a nuestro profeta con el don de la alegría. Ya había enviado a otros mensajeros antes, que habían sufrido y hablado el lenguaje del dolor. Mahoma vino para aliviar las penas de su pueblo. Y una de las maneras que encontró, fue justamente enseñándoles a jugar y a divertirse. Hacía esto para mantener a sus hombres unidos en un mismo ideal y propósito. Mi padre, que conoció al Profeta, le oyó decir: "Dios odia a todos aquellos que viven con la cara triste delante de sus amigos."


La fuente de sabiduría es el corazón, no los libros - Haqqani Textos Prácticas

Un hombre sabio puede pronunciar unas palabras sabias, pero una vez que son grabadas se unen al conocimiento que generalmente está disponible a los oyentes y lectores por todas partes. Una vez han sido transferidas al reino del conocimiento, a través de medios tales como libros y las grabaciones, pierden algo esencial. Por supuesto, que uno todavía puede obtener mucho beneficio de ellas, pero no pueden reemplazar a la corriente de sabiduría que fluye de la fuente - esa fuente es el corazón - y lo que viene del corazón de un hombre sabio pasa directamente al corazón del buscador.

¿Dónde se puede encontrar esta sabiduría? No necesariamente en el mismo lugar que uno podría encontrar riqueza de conocimiento. Una fuente de sabiduría puede ser un Sheikh[1], un escolástico o un profesor, pero también puede ser un fontanero, un campesino o una persona totalmente iletrada. Los tesoros generalmente se buscan en ruinas, no en modernos rascacielos; enterrados bajo capas de escombros, no sentados en el exterior, yaciendo en un mostrador. Y cuando el arqueólogo encuentra alfarería rota o en pedazos y piezas de un tesoro, sirven para iluminarlo hacia las realidades de lo que está excavando; no le importa el hecho de que estas reliquias no estén intactas, porque ¿cómo podría esperar eso? Y si le ofrecen artículos modernos de un supermercado que tengan el mismo uso que esos antiguos que encontró, ni siquiera consideraría su oferta, y pensaría que están bromeando, diciendo: "¿Cómo puede comparar estas dos cosas?"

Por lo tanto, tomad sabiduría de cualquier lugar que la encontréis, y no pidan por títulos o diplomas. Recordad que su Señor puede concederles sabiduría a través de cualquier medio. No miréis a nadie con desdén, sino echadle una mirada a lo que os están ofreciendo, y si viene de las ruinas o si está en un estado lamentable deben estar listos para salvarlo.
Esta sabiduría pertenece al dominio del corazón: una vez que ha sido agarrada nunca se pierde. Uno de nuestros Grandsheikhs, Abu Yazid al-Bistami, una vez se dirigió de esta forma a buscadores de conocimiento:
"¡O eruditos!, llevan su conocimiento como un caballo lleva una carga de libros, están sobrecargados y siempre cansados, y saben que el Santo Profeta dijo, 'El olvido es el destructor del conocimiento'. Como una termita viene y devora un pedazo de madera, así el tiempo y la edad consumen todo lo que ustedes saben. Mientras estén en las manos de sus egos su memoria declinará con el tiempo. Pero el corazón de corazones, una vez que ha sido abierto, se fortalece con la edad. El corazón es una fuente de sabiduría que nunca se seca; pero cuídense si no han buscado y
recibido poderes divinos, ya que al final su taza, que ahora está rebosando estará tan seca como un hueso."
Mi Grandsheikh, quiera Allah bendecirlo, tenia mas de cien años pero su memoria era notable. Este estado de atención de la mente era solo un resultado de su condición espiritual. De otra forma hubiera sido imposible.
A medida que conozco más y más Occidentales, encuentro que ellos son ávidos lectores de libros. ¡Yo nunca he visto gente que leyera tanto!
Siglos atrás los musulmanes solían leer, pero ahora lo único que queda es alguna gente que lee el Santo Corán. Pero cuando esa práctica se pierde, generalmente dejan de leer del todo. Pero en Occidente, su hobby es leer, y tal vez, si buscan sabiduría a través de libros, se habrán preguntado a si mismos: "Tal vez he leído mil libros, y todavía espero leer otros mil más, pero ¿para qué? ¿Con qué objetivo leo, leo y leo?" Entonces puede ocurrirles que busquen algo más a través de la lectura, algo a lo que la lectura los acerca, pero a donde no puede hacerles llegar.
Y cuando, como resultado de esta búsqueda del alma comienzan a leer libros sobre conocimiento Sufí, del Profeta, de Abu Bakr y Ali, de Rumi, de Attar, sientan que su añoranza es más fuerte, y que incluso están más sedientos. A través de todas estas lecturas habrán saboreado solo unas gotas, lo suficiente como para saber cuan dulce es esa fuente. En ese momento comprenden que los libros no son los mejores recipientes para el conocimiento del corazón, ya que el corazón mismo es el recipiente, y la preciosa corriente se pasa de corazón a corazón. ¿Dónde se pueden
encontrar esos corazones que son fuentes en una época que ha tornado los verdes campos en desolados desiertos? Vagando a través de enormes desiertos, ¿cuántos de nosotros pueden encontrar un oasis? ¡Primero encuentran cien espejismos! Pero deben seguir, no regresen diciendo, "Yo solo he encontrado ilusiones". No, nadie dijo que se habían embarcado en un viaje fácil, por lo tanto, deben ser perseverantes.
A causa del inmenso desafío que supone esta búsqueda de sabiduría interior, tras el refrescante manantial en medio del desierto desolador, mucha gente prefiere ignorar totalmente la faceta más importante de la vida humana, y dedicarse a las actividades de beneficio mundano, o si están "inclinados religiosamente", a la acumulación de conocimiento religioso. Imán al-Ghazzali, una figura mundialmente famosa en la historia del Islam, fue simultáneamente un gran escolástico y un maestro sufí. Él escribió tantos libros que seria un desafío leerlos todos en el periodo de una vida. Se dice sobre su obra principal, "Ihya-Ulum-ud-Din", "La Revivificación de las Ciencias Religiosas", que si se perdieran todos los otros libros escritos por escolásticos Islámicos a lo largo de la historia, este libro solo seria suficiente para preservar todo el conocimiento esencial de tantos siglos del Islam, y suficiente para mantener al Islam fuerte y vital. Como su corazón estaba abierto a la Sabiduría Divina, él fue capaz de expandir nuestra comprensión del Santo Corán y de las Tradiciones Proféticas a través de sus escritos.
De acuerdo al Imán al-Ghazzali, cuando una persona muere es un durmiente que ha despertado. Cuando él así pasa desde el mundo de las imágenes al mundo de la realidad, inmediatamente enfrenta una evaluación de su tiempo en esta vida. Incluso antes de ser enterrado en su tumba, el Señor le hará cuarenta preguntas. La primera pregunta y la más importante es, "O mi siervo, durante tu vida tu fuiste muy cuidadoso con tu apariencia, para adornarte a ti mismo para los otros seres humanos: vistiendo ropa fina, y arreglándote el pelo. Pero ¿te has preocupado por preparar tu corazón para tu encuentro Conmigo? Tu sabes que no me importa tu belleza física, el color de tu piel o de tu pelo, o si eres bajo o alto. ¿Tu sabes que Yo sólo quiero de ti que purifiques tu corazón y que vengas a Mi Presencia preparado, con tu corazón tornado hacia Mi y no tornado hacia el lugar que has dejado, y que tu sabias que debías abandonarlo?"

En el Santo Corán, Dios Todopoderoso declara: "Un hombre no puede tener dos corazones en el hueco de su pecho", por lo tanto, el objetivo de todo esfuerzo sufí es librar al corazón de preocupaciones externas, y tornarse totalmente hacia Dios. Esta es la purificación del corazón, y cuando esto se logra, la luz de la belleza eterna de Dios brillará en el espejo de tu corazón. Es por eso, que para aquellos que han alcanzado la realidad interna de vivir realizando tal práctica, el significado del ayuno no es solo lo que implica para el creyente común, abstinencia de comida, bebida, vicios e ira por cierto periodo de tiempo, sino la total absorción en la Presencia Divina. Por lo tanto, cada vez que un capricho mundano parece invadir el corazón de esa gente, ellos se consideran a sí mismos ritualmente impuros e inmediatamente se dan una ablución mayor. Ese es el nivel de los santos, es una práctica imposible de ser intentada por otros - siempre estaríamos mojados. Sí, el Señor nos llama diciendo: "O Mi siervo, ¿por qué estas tratando de escapar de Mi? Si yo te abandonara solo por un momento, tu dejarías de existir."


El Amor - Haqqani Textos

Hoy cuando veníamos a la mezquita vi un cartel que decía: "Todos Necesitan Normas". No entendí que quería decir, pero justo el semáforo se puso rojo, y nos quedamos parados frente al cartel. Entonces mire de más cerca y vi que alguien había tachado la palabra "Normas" y en su lugar había escrito:
"Amor no Normas", entonces el cartel ahora decía: "Todos necesitan Amor, no Normas".
Si uno esta abierto a la sabiduría, la puede tomar de todos lados, por eso, Gloria a Allah, este hecho de vandalismo me ha dado un tema para esta lección. Sí, esa persona tenia razón, y esto trae a mi mente un dicho del Profeta Muhammad, la paz sea con él, en el que él rezaba a Allah:
"O Allah, Te pido que me concedas Tu amor y el amor de aquellos que Tu amas, y concédeme, o mi Señor, el amor de esas acciones que me conducen a Tu amor".
Pedir a nuestro Señor que abra nuestros corazones a Su Divino Amor es la suplica más importante que Le podemos hacer en nuestras oraciones, ya que nada puede tomar el lugar del amor. El Santo Profeta, que es llamado el Amado de Allah, a quien Allah creó con el fermento del amor y a quien Allah amó tanto que le dedicó la creación a él, incluso este amado Profeta le pidió a Allah por Amor Divino - ¿por qué? Porque quien prueba de ese amor pide por más. Aquellos cuyo corazón es como una piedra no le pedirán a Allah por este amor, pero aquellos que hayan saboreado lo más leve ese
amor, saben que es la llave para todo progreso espiritual, a la misericordia, a la belleza, a la sabiduría, a todos los favores que Allah pueda dotar a Sus siervos. Por lo tanto, el Santo Profeta le enseñó a toda la humanidad que es lo que más valor tiene en esta vida. Y luego su oración continuó: "Y concédeme el amor de aquellos que Te aman".

El primer nivel, "Amor de Allah", es la Estación de los Profetas, y desde el suelo no podéis subir la escalera hasta arriba en un solo paso.
Allah Todopoderoso es el Ser Transcendente - ni siquiera podéis empezar a comprender nada sobre El Todopoderoso - pero es fácil amar aquellos que representan Su Amor entre la humanidad, ya que es más fácil para nosotros comenzar entendiendo y amando a seres humanos como nosotros. En su corazón solo encontraréis el Amor de Allah; por lo tanto, amarlos es una forma de acercarse al Amor Divino.
Finalmente, el Santo Profeta pidió por el amor de esas acciones que conducen al amor de Allah, acciones que portan bendiciones con ellas, que ablandan nuestros corazones y debilitan nuestra codicia y egoísmo. Estas son las acciones que fomenta nuestro Señor a través del ejemplo de Sus Profetas, acciones ordenadas y recomendadas en Sus Libros Sagrados. Y aunque al comienzo nuestro estado interno pueda no corresponder a estas santas acciones, comprometiendo nuestros miembros en lo que agrada a nuestro Señor, Él fortalecerá nuestros corazones.
Estos son los tres niveles de amor por los que rezaba el Santo Profeta, y la sabiduría reflejada en esta oración es prueba suficiente de la veracidad de Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él. Mientras los Creyentes deben siempre pedir por este amor, Satán siempre está en guerra con esa petición, porque él sabe que una vez que el amor ha entrado en el corazón de uno de sus siervos, lo ha perdido para él, ya que él no será capaz de volverlo a atrapar con los placeres de este mundo. El que ha probado ese amor ni siquiera notara esos placeres, o puede considerarlos solo como una gota en un océano.
Una vez cuando Moisés, la paz sea con él, se dirigía al Monte Sinaí, paso por la cueva de un ermitaño. El ermitaño salió y lo llamó: "O Moisés, por favor pídele a nuestro Señor que me conceda solo el peso de un átomo de Su Amor Divino". Moisés aceptó y continuó su camino. Más tarde cuando Moisés se dirigía a su Señor, él le pidió en favor de ese ermitaño. El Señor respondió: "Le concederé de Mi Amor Divino a ese siervo, pero no en la cantidad que él pidió. Solo le otorgaré la fracción más pequeña del peso de un átomo de ese amor".
Cuando Moisés retornó de la montaña, rápidamente fue a ver que le ocurría al ermitaño, para ver que efecto podía haber tenido en él una dosis tan pequeña de Amor Divino. Cuando llegó se alarmó de ver que parte de la montaña donde se encontraba la cueva había desaparecido, y en su lugar había un profundo abismo en la Tierra. "O siervo de mi Señor, ¿qué ha pasado?, ¿dónde estas?" gritó. Entonces Moisés miró hacia el fondo del abismo y vio al ermitaño sentado allí como en otro mundo, completamente raptado por ese amor.
¿Por qué ese ermitaño pidió por una porción de Amor Divino? Porque él se entregaba a la devoción pero no sentía nada; él sintió un vacío en su corazón que solo podía ser llenado por ese amor. Sin amor, la devoción no tiene sabor y es inútil; por lo tanto, debemos estar seguros de construir nuestra devoción sobre fuertes cimientos de amor y construir con los ladrillos cocidos por el amor el edificio de nuestra práctica devocional.
Esto es más que una analogía, porque incluso los edificios materiales están vivos con el amor de sus constructores, o muertos por sus corazones duros. Por lo tanto, los edificios antiguos generalmente emanan un buen sentimiento a causa del amor y la bondad de aquellos que los construyeron.
Esto es especialmente real en las antiguas mezquitas e iglesias, ya que sus congregaciones originales las construyeron en nombre del amor de su Señor y en una actitud de sincera devoción. Generalmente hay un fuerte sentimiento de la Presencia Divina en las antiguas mezquitas, pero ¿alguna vez han sentido esa atmósfera en la estéril arquitectura de las mezquitas modernas? No, es imposible, solo podrán sentir una contracción interior dentro de esas montañas de cemento. Ellos han dejado el amor fuera del mortero: el ingrediente más importante esta faltando.



El silencio - Por Yasin Casado

El silencio, la calma y el retraimiento (o mejor, el recato),
liberan lo auténtico de las cosas. Alumbran las cosas desde dentro.
De ahí la vigencia sempiterna, para el hombre instalado en la
autenticidad, de lo dicho en el Antiguo Testamento: "Haz para tus
palabras balanza y peso, y para tu boca puerta y cerrojo" (Ecc.
28,29). A nosotros, hombres del estrépito, el silencio nos es de
urgente necesidad. Si en un momento se llegara a la calma completa; si enmudeciera todo lo incidental, caduco y múltiple; si cesara el clamor de los sentidos, acaso entonces, se llegaría a pensar el ser hasta su borde y amarlo de corazón indiviso.
El que quiera oír lo auténtico, tendrá que acallar una vez todas las voces. El silencio no significa mera ausencia de palabras. No es una cosa negativa, sino que él mismo es algo. Es una profundidad, una plenitud, una corriente apacible de vida oculta. Todo lo grande y auténtico se cosecha en el silencio. Sin el silencio erramos la realidad, no sondeamos el ser... Lo que se hace, se hace callado...
Por eso, todos los santos y los místicos de todos los tiempos han fomentado la práctica del silencio. Porque, realmente, sólo en el
silencio comienza el alma a interiorizarse. El silencio está preñado de grandeza y autenticidad. Lo importante resuena en las fibras del corazón.
El silencio no se hace automáticamente en el hombre. Es una tarea.
Hoy necesitamos, precisamente, del recogimiento. Elrecogimiento es la victoria de la unidad en el fondo del alma... El silencio
esencial (de un hombre 'recogido') surge, casi siempre, sólo al cabo de una vida larga y muy probada. Cuando tenemos ante nosotros a uno de esos "callados ancianos", barruntamos una nueva posibilidad de ser, una gran dicha y un tesoro escondido. Esos hombres han tocado el fondo, donde han liberado lo esencial, lo que es independiente de toda circunstancia externa, lo que doquiera y en todo tiempo está presente, así en el dolor como el gozo...
Decía Sören Kierkegaard que "los silenciosos son lo poco que nos queda de seres sometidos a Dios". Y es que la auténtica 'experiencia' se realiza siempre en el apartamiento del 'tumulto', en el desierto. "...Pero he aquí que Yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón" (Oseas 3,14). La postura primordial de la mente es, como decía Heráclito , "oír la verdad de las cosas", distanciarse del tumulto de la inautenticidad, de la mediocridad, de la medianía y del palabreo.

En el silencio, con los ojos bien abiertos y admirativos, había de recorrerse el paisaje del ser. La plenitud de la autenticidad no se le abre al hombre que no realice el silencio que todo lo envuelva, que no sepa hacer de la cortesía y del miramiento para con todos los seres, su actitud esencial. Esta actitud distinguida de que carece tanto el hombre del estrépito y de la cháchara, es la propia de una persona que a nadie ni nada infiere violencia o sufrimiento. En este 'callado desprendimiento' se abre la realidad al hombre.
Mamad (s.a.a.s.) no era hombre de gritos. En el corazón de Rasulullah tenía el silencio el primer puesto: el amor venía antes que la acción, la pureza antes que el éxito, el sentimiento antes que la obra, el silencio antes que la palabra. Las decisiones más
importantes de su vida las tomó 'aparte', en el silencio... Silencio que él ya conoció en la etapa previa a la Revelación coránica, en su etapa de desierto, hasta que Allah (t.) le dictó el Sagrado Qur'an.
Con respecto al propio Corán, hay que señalar que el Libro sale del silencio y vuelve al silencio (sukut). Es un Libro recitado. Una lectura. Es dinámico y por eso emerge de su opuesto, la quietud.
Como dice Sheij Abd al-Qadir, "el silencio es tanto el vacío continuo del que vienen las palabras y las letras como la zona en la que el sonido resuena y a la que los sonidos vuelven". Es el espacio dentro del cual se manifiesta el tiempo de las letras. O se podría decir igualmente que es el tiempo dentro del cual se manifiesta el espacio de las letras. El silencio 'dura', pero también 'se extiende'[i]. "El primero que fijó la atención en el silencio del Qur'an fue Al-Hallaj, afirmando que 'el que escucha las palabras del Corán, percibirá también su silencio...' El que verdaderamente recita el Corán puede escuchar también su silencio a fin de ser perfecto..." Pero la sentencia más impresionante del místico sufi es ésta: "El libro es la Palabra que procedió del silencio..."[ii]

Nosotros somos la ex-sistencia de una 'sistencia' que nos permite estar distendidos (en el tiempo) y extendidos (en el espacio), subsistiendo en Allah, el Señor de los mundos. Y el silencio es la matriz de toda palabra auténtica en el tamiz del universo. Del silencio primordial surgió el logos. El silencio es la encrucijada entre el tiempo y la eternidad. El silencio asoma en el momento en que estamos situados en la fuente misma del Ser; la fuente del Ser no es el Ser, sino 'la fuente' del Ser -el Ser ya está de este lado del velo-. Este locus previo, anterior, originante, es el Silencio de la Vida. La vida pura y desnuda es el don que nos ha sido dado -y que en última instancia somos-. Y a partir de aquí, podemos adquirir -en estado adámico- conocimiento (Ma'arifa).
Hay unos cuantos dísticos de Ángelus Silesus que nos conminan a no salir del ámbito del silencio para llegar a una experiencia cognitiva profunda, porque "no hay nada en todo el universo que se parezca tanto a Dios como el silencio" (Meister Eckhart). Esto no es teología apofática y mucho menos aún asociacionismo, pues no se trata de otra cosa sino de una aproximación al Único Real, sin asociado, abriendo la puerta de la contemplación, sabiendo escuchar; y escuchando descubrimos que el más alto saber es no saber, y que cada vez que se intenta conceptuar o encerrar en cualquier molde -teologizando- a Allah, estamos cometiendo una profanación, una blasfemia.
- "Dios está tan por encima de todo, que no se le puede hablar.
Adórale por eso en silencio" (I, 240)
- "Hombre si quieres pronunciar el Ser de la eternidad, antes
tienes que romper por completo todo hablar" (II, 68)
- "Cuando piensas en Dios, le oyes dentro de ti. Te callas y te
estás quieto; te habla entonces continuamente" (V, 330)
[Der cherubinische Wandersmann. El peregrino querubínico.]
-Ángelus Silesius-

Ningún concepto, ninguna noción pueden definir a Allah, que no es cognoscible ni reducible a lenguaje alguno. De nuevo el místico alemán nos lo dice repitiendo una tradición unánime:
- "Mientras más conozcas a Dios, más te darás cuenta que menos puedes conocer quién es" (V, 41)
Dicho de otra manera, aquello que el hombre forja con su mente es lo que puede comprender; pero por aquello que puede comprender no es Dios. La idea de Dios que el ser humano forma por sí mismo no es más que un fantasma, una ilusión, puesto que Dios está más allá de toda razón humana. El Islam, por eso, no considera a Dios como objeto de estudio (de ahí que le sea extraña, afortunadamente, la 'teología'),
pues sabe que esto equivaldría a convertirlo en ídolo. Encerrar a Dios en el molde de nuestro yo sería egolatría e intentar representarlo un sacrilegio. Todo esto es propio de las religiones -como lo es el rito, la magia, el sacramento...-, y el Islam no es una religión.

El Islam es adoración pura, y el musulmán es el hombre natural, inocente, desnudo, que experimenta la infinitud tanto a través del intelecto -por el conocimiento ('irfân) que no llega a su fin-, como a través del corazón -por el amor que nunca alcanza totalmente el objeto amado en esta vida-, como por la acción, que no llega jamás a completarse. Por eso, ante el abismo inconmensurable e inefable de Allah, que es insondable e inasible, el silencio se impone.
Nunca se insistirá lo suficiente: no hay diálogo más comunicativo que aquel en que no hay palabras, o las palabras han sido desplazadas por el silencio. Los walis de todos los tiempos constatan admirablemente este hecho: en la medida en que el alma va elevando y profundizando sus relaciones con Dios, van desapareciendo primeramente las palabras exteriores, y después las palabras interiores. Finalmente, desaparece todo diálogo. ¡Y nunca hay comunicación tan densa como en este momento en que no se dice nada!
El universo también fue silencio a lo largo de millares de siglos.
No había abajo ni arriba, no había límites ni contornos. Todo era un silencio informe... En medio de este silencio cósmico resonó la Palabra -pronunciada por Allah: sé (tú) Kun- y brotó el universo.
La Palabra fue, pues, fecunda. Pero el silencio también fue fecundo.

Por analogía, podemos observar cómo todo artista, científico o pensador necesita desplegar en su interior un gran silencio para poder generar percepciones, ideas e intuiciones. La vida crece silenciosamente en el oscuro seno de la tierra y en el silencioso seno de la madre. La primavera es una inmensa explosión, pero una explosión silenciosa...
Fijémonos también cómo los grandes movimientos de la historia se han gestado -con el permiso de Allah (t.), que es el que todo lo dispone- en el cerebro de los grandes silenciosos. Los hombres más profundos y dinámicos de la historia son los que han sido capaces de sostener cara a cara el combate con el silencio y la soledad, sin quebrarse. Así, el Profeta Elías (cf. 1 Rey. 17, 1-8), el Profeta Jesús (cf. Mt. 4, 1-12), y, por último, Muhámmad el Enviado de Dios, la corona de la profecía, en su etapa previa -de soledad y silencio en la cueva de Hira...- a la Revelación coránica. La soledad y el silencio nos remiten a la metáfora del desierto, puesto que en el desierto el espacio y el tiempo están aún más cerca del origen que en los propios bosques -la patria del vidente es el desierto, la del hombre de acción, el bosque-. Sin distracciones, sin dispersiones, sin fragmentaciones, en el desierto nos entregamos totalmente a Allah 'como un cadáver' en manos de quien lo lava.
Permanecemos en Él (Hu) no sólo momentáneamente, durante unas horas pasajeras, sino permanecemos en Él... Permanecemos en Él durante nuestras relaciones con las personas y nuestro trato con las cosas.
Penetramos cada vez más íntimamente en esta profundidad. Aquí está ciertamente la soledad interior donde Dios quiere atraer al alma para hablarle. De esta manera, descendemos cada día por ese sendero del Abismo que es Allah, pues "un abismo llama a otro abismo" (Sal. 41,48). Es ahí, en lo más profundo, donde va a realizarse el encuentro divino, donde el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, va a hallarse frente a frente con el abismo de la misericordia, de la inmensidad, del todo de Allah. Es ahí, donde lograremos la fuerza necesaria para morir a nosotros mismos y donde, aniquilando nuestro nafs, quedaremos transformados en amor; "Bienaventurados los que mueran en el Señor" (Apoc. 14, 13). Los 'locos de Dios' han elegido este lugar de reposo interior para descansar en Él eternamente. Este es el Silencio donde ellos, en cierto modo, se han perdido. Liberados de su prisión, navegan por el océano de la Divinidad sin que nadie se lo estorbe o se lo impida.
"Soy un pájaro: este cuerpo era mi jaula, pero me he ido volando, dejándola como un signo", así rezaba un poema escrito por Gazzali (el gran sufi del siglo XI).
En consecuencia, el alma debe primeramente humillarse, sumergirse en el abismo de su nada, penetrando tan profundamente en él, que, según la sublime expresión de un místico cristiano unitario, "halle la paz verdadera, inalterable y perfecta que nada puede turbar, pues ha descendido tanto que nadie irá allí a buscarla" (J. Ruysbroeck). Es entonces cuando el alma podrá adorar -¡Ah, la adoración!, es una palabra propia del Paraíso-. Se la podría definir diciendo que es el éxtasis del amor. Es el amor que padece -la 'patti divina'- una especie de desfallecimiento, que cae en total y profundo silencio, en aquel silencio de que hablaba el Profeta David cuando decía: "el silencio es tu alabanza" (Sal. 71,15). Entonces el alma, sumergida en el silencio y sin diálogo interior alguno, 'siente' una corriente cálida y palpitante, aunque latente, de comunicación, y ya no afirma nada. Nada explica. No entiende ni pretende entender.

Está en esa posesión colmada en que los deseos y las palabras callan para siempre. Al wali que está en dicho estado le basta estar 'a los pies' del Único Real sin saber y sin querer saber nada, sólo mirando y sabiendo que es mirado (aunque, en realidad, en el último estadio de la gnosis sufi nos percatamos de que nunca miramos, sino que siempre fuimos mirados: la alteridad es el último ídolo a batir...), como en un sereno atardecer en que se colman 'completamente' las expectativas, donde todo parece una eternidad quieta y plena.
Podríamos decir que el alma contemplativa está muda, embriagada, identificada, envuelta y compenetrada por la presencia, por la Faz de Allah, que está doquiera nos volvamos...
"Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado".
Fray Juan de la Cruz. "Noche oscura", 8.

Al ser espiritual, al amigo de Dios, no le interesan los 'vestidos' de Dios, le interesa 'Él mismo, en sí mismo', no la figura sino la sustancia, no Dios-Palabra sino Dios-Silencio, aunque nunca Él es 'tan' Palabra, 'tan' sustancia como en este momento de silencio.
Pues sólo el silencio puede abarcar a 'Aquel que es' y está por encima de los conceptos y las palabras. Por eso, debemos evitar siempre y a toda costa 'figurarnos' a Dios. Toda imagen, toda forma representante de Dios debe desvanecerse. Hay que ir, pues, 'silenciando a Dios', despojándolo de todo cuanto signifique 'localidad', recordando que a Dios le corresponde el verbo 'ser', y no el verbo 'estar': Él 'no está' lejos o cerca, arriba o abajo, adelante o atrás. Él es el Ser. Él es la presencia pura y amante y envolvente y penetrante y omnipresente. Él es. De todo lo anteriormente dicho, se deduce claramente porqué en el Islam no existe una teología. No es necesaria. La declinación del Ser de Allah, el Ser de los Seres, está definida por Él en el Corán.

Por ende, la declaración de la Unidad del Ser es suficiente. En su "Fusus al-Hikam" dice Muhÿi l-Din Ibn al-'Arabi: "En el universo no hay sino lo significado por la multiplicidad. Quien se detiene junto a la multiplicidad, lo hace junto a la existencia formal, junto a los Nombres iláhicos y los nombres del Mundo. Y quien se para al lado de la Unicidad, lo hace junto al Verdadero en cuanto a Su Identidad suficiente y que prescinde de los mundos. Y si es suficiente en Sí frente a los mundos, la determinación de Su suficiencia lo es respecto a la relación de los Nombres a ellos: los Nombres Le corresponden del mismo modo que la significan y significan otros denominados que verifican sus vestigios. "Di: Él es Allah, Uno y Único...", en cuanto a Sí mismo, "...Allah es Absoluto...", en cuanto a que nos apoyamos inevitablemente en Él, "...no ha engendrado...", tampoco, "...Nada se le iguala", también.

Estos son sus epítetos: hace singular Su Identidad en Allah es Uno y Único, y a la vez afirma la multiplicidad por Sus atributos con los que se nos hace conocido. Nosotros engendramos y somos engendrados, y en Él descansamos, y nosotros nos asemejamos los unos a los otros.
He aquí al Uno abstraído de todos esos epítetos: Él es suficiente en Sí ante ellos, como lo es ante nosotros." ("Los engarces de la sabiduría: engarce de sabiduría fulgurante en la palabra de José").
Terminemos este artículo con la Surat al-Ijlas, la azora de la pureza, una de las más bellas del Sagrado Corán y en la que se proclama con una sinceridad inigualable la Unidad divina:

Bismillahhir-Rahmanir-Rahim.
Qul huwa'llahu ahad,
Allahu samad,
lam yalid wa lam yulad,
wa lam yakun lahu kufu'an ahad.

"En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso.
Di: 'Él es Dios, es único,
Dios, el solo,
no ha engendrado ni ha sido engendrado,
y no tiene a nadie por igual".

[i] Cf. "Indicaciones de los signos", cap. 1
[ii] "Riwayat", V,II

* El viaje nocturno del profeta Muhamad

* Dhikr - El recuerdo de Dios

 


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