Editorial
Mis queridos lectores:
Hace años
atras cuando me introducia a la Kabalá, le preguntaba a una compañera
que estaba mas avanzada y tambien era profesora de hebreo, ¿
Lilian necesitaría estudiar hebreo para saber Kabala?, ella responde
no hace falta. Era cierta su afirmacion no necesitaba del hebreo pero
a medida que transcurrio el tiempo y como una verdadera buscadora en
el tema, me di cuenta que llegamos a un nivel que si deseamos profundizar,
si es necesario estudiarlo. El hebreo es el ADN de la Creación,
asi como cada Ser Humano posee un ADN formado por cuatro letras y somos
el resultado de la combinacion de esas cuatro letras como un codigo
de barra. El Creador utilizo las 22 letras hebreas para realizar su
Obra.
Los cristianos nos
perdemos una cantidad de informacion importante en la traducción
al español y alli pierde su verdadero significado. Por ejemplo
cada Salmo que se le atribuye a los 72 Angeles de la Kabalá,
no son azarosos y su simple significado se encuentra en que cada Salmo
contiene las 3 letras hebreas del nombre del Angel, nunca podriamos
descubrir esto aunque leyeramos bien y con atención cada Salmo
porque no lo hallariamos en la traducción al español.
este es un pequeño ejemplo pero existen cientos de ejemplos para
mencionar. Para aquellos que decidan investigar este tema u otro he
subido un programa que generosamente su autor colocó en su sitio
para descargar. este programa contiene la Biblia en la Version Reina
Valera en español y una Biblia en hebreo, es de facil instalacion
y una herramienta imprencindible para aquellos buscadores.* (Se encuentra
en el menu, sector Descargar).Por otro lado para aquellas personas que
no pertencemos a la religión judía y que puedan tener
algun purito con esta religión que han mantenido secretos milenarios,
les recomiendo leer
el extracto del libro ¨El Juego de Dios¨ de mi autoría
para entender que todos podemos ser o ya somos israelitas.
Este material extraído
del libro de Mario Satz ¨Jesús el Nazareno Terapeuta y
Kabalista¨ me pareció interesante agregarlo a esta editorial,
ya que posee información de lo mismo que les estoy contando.
Resalte en negrita, aquello que es justamente lo que deseo que presten
atención que puede ser muy revelador.
Su condena, recordemos,
fue manipulada por los romanos, una gentuza infame de cuya satrapía
aún se ha hablado poco. Sus discípulos fueron judíos
y judíos sus padres, como los míos y tos padres de los
míos. El recelo cristiano ante la herencia judía, culpable
de tantos y tan irremediables males, proviene del ámbito imperial
romano: los judíos fueron el único pueblo de la Antigüedad
cuya feroz resistencia estuvo a punto de sacarlos de quicio.
Hoy, ahora, después de las obras de Joseph Klausner, Jesús
de Nazaret (edición española de 1971), de David Flusser,
Jesús en sus Palabras y en su Tiempo, (versión española
de 1975) y del excelente libro de Geza Vermes, Jesús el Judío
(edición española de 1977), estudiosos y expertos redescubren
el ámbito en el que creció, enseñó y murió
quien fuera, para muchos, el más grande profeta que Israel engendró
en su crisol. La conocida frase de Martin Buber: "Desde muy
joven he intuido que Jesús era mi gran hermano y estoy más
seguro que nunca de que merece un lugar de honor en la historia religiosa
de Israel y también de que ese lugar no puede ser clasificado
de acuerdo con ninguna de las categorías normales", revela
tanto el interés de ciertos círculos ecuménicos
como la ambigüedad que, todavía, a uno y otro lado de la
Alianza, nubla el entendimiento de judíos y cristianos, en tomo
a la figura de Jesús.
"Al parecer -escribe Flusser en su libro- los hechos y palabras
de Jesús fueron recopilados muy pronto en hebreo-, y la experiencia
me ha enseñado que, con mucha probabilidad, tales documentos
fueron traducidos literalmente al griego poco después;
de lo contrario resultaría difícil de explicar cómo
en nuestros evangelios sinópticos se pudo conservar, en general,
el sentido de los hechos y las palabras de Jesús a pesar de los
muchos acontecimientos históricos que entre tanto sucedieron".
Un año después de su crucifixión, sus discípulos
habían formado ya varias congregaciones cuyo centro estaba en
Jerusalén y en las que se hablaba arameo y se rezaba en hebreo.
A esta comunidad, comenta Pinchas Lapide, en su obra Los Tres Últimos
Papas y los Judíos (edición española de 1969),
se la conocía por el "nombre de Nesorayya -nazarenos- y
a pesar de que practicaban el bautismo como rito simbólico de
purificación y celebraban sus comidas comunalmente, cosas que,
por otra parte, eran también propias de otras sectas judías,
no había en su forma de vida nada irregular".
Una comunidad nazarena quiere decir: consagrada a los misterios de la
luz interior y al desarrollo espiritual; casta - temporal o definitivamente-
y, como se verá en este libro, de larga cabellera y blancas vestiduras.
Se sabe que cuando Pablo pasó a formar parte de ella, los valores
e ideas de la cultura helénica permearon la cultura judia, como
ya lo habían hecho en Alejandría, años antes. De
ese enfrentamiento, pero también de esa síntesis sublime
entre lo hebreo y lo griego, surgió el Cristianismo.
"Si se estudian las dos lenguas -comenta Tresmontant- el
hebreo y el griego, una semítica y otra indoeuropea, resulta
chocante la diversidad de sus genios. Los modos de pensar no son iguales.
Por ejemplo, no se piensa del mismo modo el tiempo en hebreo y en griego.
En griego se piensan el pasado, el presente y el futuro. En hebreo se
piensa en lo que está acabado, terminado, sea en el pasado, el
presente o el porvenir, y lo que está en proceso de hacerse en
el pasado, el presente o el porvenir, que continua haciéndose
y dura aún". Por el mundo griego, Occidente conoció
la razón y sus limites. Por el mundo hebreo, la pasión
y lo ilimitado. Recordemos, una vez más, que no se habla nunca
de "la razón" de Jesús, sino de "su pasión".
Este no es, por lo mismo, un libro razonable sino un libro apasionado.
Si analicé y sopesé los dichos y parábolas del
Jesús evangélico y tradicional, pero también los
consejos y admoniciones del Jesús gnóstico contra la irisada
pantalla de la Kábala o tradición oral hebrea fue porque
creí que, después de años de estudio de una y otra
fuente, era revelador el haz de coincidencias significativas, maravilloso
el eco vivo y actual de su lenguaje asi desentrañado. Por
ejemplo, si leemos en hebreo el versículo de Juan 13:20: "El
que recibe al que yo enviare, a mi me recibe; y el que a mi me recibe,
recibe al que me envió", descubriremos que el-que-recibe
es llamado ha-mekabel, y hallaremos ya el primer indicio kabalístico.
En efecto, leyendo, por aliteración, mi-Kábala, de-la-Kábala,
palabra escrita con idénticas letras, alcanzaremos a comprender
qué es lo que los discípulos y sus maestros recibían
y daban entre sí. Una tradición vieja como el mundo, que
se remonta posiblemente a Egipto y de la cual Israel conserva, aún
hoy, la memoria intacta. Una tradición espiritual que en el Cristianismo
se oculta e insinúa en símbolos e imágenes, entre
sus místicos y sus santos, y que en el Judaismo es voz, vibración
invisible. Por causa de los gentiles que entraron en el Nuevo
Pacto (Jeremías 31:31), la iconografía fue sustituyendo,
poco a poco, a la tradición oral. Se dejó de lado el aparato
dietético y la circuncisión. El ojo se fue alejando cada
vez más del oído y la cabeza de si misma. Asi como el
Judaismo quiso borrar de su memoria a Jesús, muy pronto la Iglesia
primitiva borró y vituperó a los doctores judíos,
a los rabinos. "En lugar del Judaismo -escribió el sabio
alemán Reuther- que tenía la Torá sin el Mesías,
el Cristianismo introduce al Mesías sin la Torá".