Mediante el poder de
la verdad hay
riqueza y mediante el poder de la paz hay salud.
Juntos dan felicidad. La felicidad la obtienen aquellos
cuyas acciones, actitudes y características
son puras y altruistas.
El
Paraíso, el Cielo, Acuario, El Dorado, el Jardín del
Edén, el Jardín de Alá, Utopía, Vaikunth,
los Campos de Osiris y la Edad de Oro son nombres que evocan un
mundo de paz, de pureza y de prosperidad. En tal lugar, cada ser
humano es como una flor; cada país, como un ramo de flores,
y el mundo, como un jardín. El sol, el que sustenta, brilla
sobre el jardín con sus rayos dorados, inundándolo
con novedad y nobleza. La Puerta de la Felicidad permanece abierta,
dando la bienvenida a la familia humana al Jardín Dorado.
En el pasado, el mundo fue como este jardín y volverá
a serlo una vez más. El simple hecho de tener fe en esto
ya es una razón para ser feliz.
La
búsqueda de la felicidad
Actualmente, muchas personas se cuestionan cuál es el propósito
de esta vida. Algunos están cansados de vivir, otros han
perdido la esperanza. Algunos se esfuerzan en obtener riqueza, creyendo
que ésta les dará la felicidad. Algunos tienen riqueza
pero no tienen salud, y esto causa infelicidad. Algunos eligen ciertas
profesiones creyendo que éstas les traerán felicidad.
Otros la buscan a través de las relaciones. Pero a pesar
de toda la felicidad que estos recursos puedan proporcionar, son
sólo fuentes temporales y limitadas y, en muchos casos, también
traen consigo igual cantidad de sufrimiento e infelicidad.
Esta
incapacidad de mantener una felicidad pura y duradera es el resultado
de una carencia de fortaleza interna y de valores espirituales.
El reconocimiento y la aplicación de las verdades espirituales
proporcionan la verdadera fuente de felicidad. Mediante el poder
de la verdad hay riqueza y mediante el poder de la paz hay salud.
Juntos dan felicidad. Como un tónico, el conocimiento espiritual
devuelve la esperanza a quien la ha perdido. La felicidad pura retorna
al que busca estos nuevos horizontes llenos de esperanza. Se recuerdan
cosas importantes que se habían olvidado. Esta sensación
se puede comparar a la de volver a casa, al origen, a medida que
uno ve los árboles y siente la brisa, ¡sabe que se
está aproximando a algo que está cerca del corazón!
El
calor y el bienestar de la felicidad están escondidos en
el interior del ser. Cuando las personas se enfocan en su interior
y toman fortaleza de los poderes internos de la paz y del silencio,
reavivan sus virtudes permitiendo que se eleve el nivel de felicidad.
El alma comienza a abrirse a los secretos de cómo vivir de
manera independiente sin convertirse en una víctima del mundo
material, que por su propia naturaleza priva a la gente de su felicidad.
La sabiduría del conocimiento espiritual ofrece los tesoros
de cómo vivir y actuar en la verdad. Las acciones verdaderas
son puras y la pureza es la madre de la felicidad y del bienestar.
Las acciones verdaderas dan fuerza y felicidad a uno mismo y bienestar
a los demás. Los tesoros espirituales incluyen las pautas
sobre cómo mejorar la personalidad y la actividad. Para muchos,
el progreso y la transformación personales son las llaves
que abren la Puerta de la Felicidad.
Felicidad
mental
La gente habla de la paz mental. La felicidad mental es un estado
de paz en el que no hay trastornos ni violencia. La paz interna
crea fe en el intelecto. La flauta de la felicidad suena de manera
suave y constante en la mente de los que tienen esta fe, es decir,
en los que han alcanzado la sabiduría del conocimiento espiritual.
No importa lo adversa o difícil que pueda ser una situación,
no se tiene miedo, porque el poder de la fe garantiza una victoria
final. A medida que el intelecto se aligera con la sabiduría
espiritual, hay menos cambios de estado de ánimo y menos
dudas en el corazón. Una persona se vuelve más capaz
de saldar sus cuentas de dolor y sufrimiento cuando mantiene una
cuenta sana de felicidad. En un mundo en el que todas las relaciones
tienen felicidad y sufrimiento, la lección principal que
hay que aprender sobre la felicidad es: Da felicidad y toma
felicidad, no causes sufrimiento y no tomes sufrimiento.
La
felicidad es prosperidad que proviene de la autosoberanía.
Autosoberanía significa tener dominio sobre la mente, el
intelecto, las tendencias de la personalidad y los sentidos físicos
del cuerpo, estar completo con todos los poderes y todas las virtudes,
así como alcanzar el equilibrio entre las características
masculinas y femeninas. En cada alma humana existe un estado de
perfección. En la búsqueda espiritual de esa perfección,
el intelecto pasa por un proceso de redescubrimiento de su naturaleza
divina.
Fortuna
ilimitada
La felicidad no tiene precio. La felicidad no se puede comprar,
vender ni negociar. La felicidad la consiguen aquéllos cuyas
acciones, actitudes y características son puras y desinteresadas.
En otras palabras, la calidad de la conciencia y las actividades
de las personas determinan la riqueza de su vida.
Sin
embargo, la estabilidad social, económica y política
se consideran fuentes de felicidad y de disfrute en la vida pero,
cuando alguna de ésas áreas no funciona, desciende
el nivel de felicidad en las personas. Cuando todos estos recursos
se enfocan en las infraestructuras socioeconómicas, en detrimento
del desarrollo del carácter moral y espiritual de las personas,
cambia el orden de las prioridades en la vida y la felicidad disminuye
gradualmente . Los valores morales y espirituales ayudan a reevaluar
las prioridades y permiten que se tomen medidas proactivas y preventivas
en los momentos oportunos.
El
camino de la felicidad está sembrado de oportunidades de
oro. Por cada paso que se da hay garantizado un retorno de riqueza
incalculable. Las acciones realizadas a lo largo del camino se convierten
en la pluma para trazar las líneas de la fortuna. Hay una
mayor felicidad entre las personas que recorren juntas el camino
y, mediante acciones colectivas, trazan las líneas de la
fortuna en el escenario viviente del mundo.
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