Visión
y Poderes Proféticos
Rab
Jaim Vital, en la introducción a Shaar Haakdamot, cuenta
sobre el Arizal: “Podía decir cada uno de los actos
que una persona había hecho y haría en el futuro.
Sabía los pensamientos de una persona y podía
decir lo que una persona estaba por hacer antes incluso de que
lo hiciera”.
El
sufrimiento de los polluelos

En
cierta ocasión, el Arizal tuvo que viajar por motivo
de negocios. Se hospedó en casa de un hombre recto y
piadoso, que no escatimó esfuerzos para hacer su estancia
confortable. Rab Itzjak se sintió muy conmovido con la
dedicación de su anfitrión. Cuando estaba por
irse, le dijo: “¿Cómo podría agradecerte
todas las molestias que te has tomado por mí? Pídeme
lo que quieras y te daré una bendición”.
Su anfitrión suspiró y respondió con voz
pesarosa: “¿Qué puedo decirle, maestro?
Tengo todo lo que necesito, gracias a Dios. No me falta salud
ni riquezas. Sólo me queda una cosa para hacer completa
mi felicidad: mi esposa y yo tenemos varios hijos, pero hace
tiempo que ella dejó de concebir sin que sepamos por
qué. Los médicos no pueden explicárselo.
¿Podría darnos como bendición que siga
teniendo hijos?”
“Yo
sé el motivo”, respondió el distinguido
invitado. “La bondad y la compasión son uno de
los rasgos característicos de todos los descendientes
de Abraham Abinu. Tenemos que estar siempre alerta para no causar
pena a nadie, sea persona o criatura. En tu patio, tienes un
gallinero donde antes había una escalera de mano. Los
pollitos acostumbraban subirla y bajarla brincando para llegar
a los comederos y al agua que están en el suelo. Cuando
tu esposa vio cómo lo ponían todo, dijo a la criada
que pusiera la comida y el agua dentro del gallinero y quitó
la escalera. Desde entonces, los pollos están aprisionados
en la oscuridad. No pueden hacer ejercicio y se han visto privados
de la diversión que era para ellos andar subiendo y bajando
la escalera. En su frustración y descontento pían
y esos sonidos de queja se han abierto camino hasta el cielo,
contándose como una falta de tu esposa; es eso lo que
la hace estéril y no pueda tener más hijos”.
El
hombre oyó asombrado las palabras del Arizal, y fue inmediatamente
a buscar la escalera. Con sus propias manos, la apoyó
de nuevo en la puerta del gallinero. Todos los pollitos salieron
en tromba gritando de alegría. No pasó mucho tiempo
sin que la esposa del hombre quedara embarazada y volviera a
tener hijos.